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Martes, 22 de julio de 2008 - 13:44 GMT
El baterista, un atleta de élite
BBC Ciencia

Clem Burke, baterista de Blondie
Un baterista quema hasta 600 calorías en una hora de concierto.
Se han dicho muchas cosas de los músicos de rock, pero nunca se les ha considerado paradigma de las virtudes físicas.

Ahora sin embargo, un nuevo estudio científico afirma que los bateristas de una banda de rock tienen la misma resistencia y energía que un futbolista de primera división.

Las pruebas físicas llevadas a cabo con Clem Burke, el veterano baterista de Blondie, revelaron que 90 minutos de tocar la batería llegan a aumentar su ritmo cardíaco a 190 latidos por minuto.

Esto significa que los bateristas necesitan una resistencia "extraordinaria" para llevar a cabo su trabajo, explica el doctor Marcus Smith, especialista en medicina deportiva de la Universidad de Chichester, Inglaterra, quien llevó a cabo el estudio.

En un concierto de una hora, dice el experto, el baterista puede quemar entre 400 y 600 calorías.

Éstas son las mismas calorías que quema en una hora un futbolista de la liga Premier inglesa.

Un trabajador de oficina quema sólo unas 100 calorías en una hora.

El doctor Smith espera que su estudio, que forma parte de un proyecto de ocho años, podría ayudar a desarrollar programas para niños con sobrepeso que no están interesados en el deporte.

Igual que un futbolista

Clem Burke fue el encargado de llevar el ritmo en esos famosos éxitos de Blondie en los años '70 como "Corazón de Cristal" (Heart of Glass), "Atómico" (Atomic) y "Llámame" (Call Me).

Para el estudio, los investigadores conectaron al músico a un equipo para medir su ritmo cardíaco y consumo de oxigeno, y midieron sus niveles de ácido láctico en la sangre.

Keith Moon, baterista de The Who
Nadie ha podido igualar las frenéticas presentaciones de Keith Moon.
Descubrieron que durante una presentación, el ritmo cardiaco del baterista subió en promedio entre 140 y 150 latidos por minuto, llegando hasta los 190.

Este, dice el experto, es un nivel semejante al que alcanzan los atletas de élite.

Un futbolista profesional, sin embargo, puede rendir este desempeño una o dos veces por semana, mientras que un baterista que está de gira debe hacerlo cada noche en sitios diferentes.

"Normalmente se espera que un futbolista juegue 40 o 50 partidos al año" dice el doctor Smith.

"Pero en un periodo de 12 meses, Clem Burke tuvo que tocar sets de 90 minutos en 100 conciertos".

"Para un futbolista de la Liga de Campeones -agrega el investigador- un partido cada dos semanas es agotador, pero estos músicos tienen ese rendimiento todos los días durante una gira".

En efecto, a pesar de su mala reputación, los bateristas profesionales necesitan estar en excelente estado físico.

Se dice que Dave Rowntree, el baterista de Blur, perdía siete kilos de peso cada vez que la banda salía de gira.

Y hasta ahora no ha habido quien sustituya al legendario Keith Moon, cuyas frenéticas presentaciones con The Who despedían niveles extraordinarios de energía.

El doctor Smith planea continuar estudiando a los músicos de alto rendimiento y a otros bateristas profesionales en su laboratorio.

La idea, afirma, es crear para los músicos programas de nutrición y rendimiento similares a los de los deportistas.

Y programas escolares de educación física para los niños con sobrepeso que no desea participar en deportes.



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