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Martes, 1 de julio de 2008 - 17:25 GMT
La complicada travesía hacia la teoría
María José Riquelme
BBC Mundo

Charles Darwin.
La forma de su nariz casi deja sin viajar a Charles Darwin.

El primer día de julio de 1858 un terremoto ideológico sacudía Londres: la teoría de la selección natural dejaría en ruinas la forma en que hasta entonces se había visto el mundo. Un seísmo fortuito, si se tiene en cuenta que la forma de una nariz podía haberlo evitado.

Así es. El naturalista Charles Darwin estuvo a punto de no ser aceptado en el Beagle, embarcación donde recopiló el material sobre el que construiría sus teorías, por la forma de su nariz.

El capitán de ese barco, Robert Fitz Roy, creía firmemente que el carácter de un hombre puede verse en sus rasgos faciales.

De acuerdo con esta teoría, Fitz Roy pensó que Darwin carecía de la energía y determinación necesarias para dar la vuelta al mundo en su barco.

Fitz Roy reconocería más tarde su error. Charles Darwin completó la travesía recopilando miles de muestras, bocetos y notas con sus observaciones.

Oposición

Pero no fue la forma de una nariz el único factor que estuvo a punto de evitar el viaje de Darwin en el Beagle.

Robert Darwin se opuso de forma contundente a que su hijo embarcara en esa travesía y Charles rechazó la invitación.

Tortuga.
Darwin se detuvo en los detalles de los animales de Galápagos.

A la mañana siguiente, el tío de Charles pensó que ese viaje sería bueno para su sobrino y juntos viajaron treinta millas para hablar con el padre del naturalista.

Robert Darwin consideraba a su hermano una de las personas más cabales sobre la faz de la tierra así es que de buen grado aceptó el consejo y permitió a su hijo iniciar el viaje en el Beagle.

De no haber sido por la intervención de su tío, Charles Darwin hubiera continuado sus estudios en Cambridge con el fin de convertirse en pastor protestante.

Una ironía, teniendo en cuenta que algunos calificaron la publicación de su obra más importante como "la muerte de Dios".

Ese era su segundo intento en la Universidad, después de haber iniciado estudios de medicina en Edimburgo.

En su autobiografía, Darwin califica los años en la universidad como una completa pérdida de tiempo.

Aunque al menos en el caso de Cambridge, le valieron amigos con los que "beber a veces demasiado, cantar y jugar a las cartas".

Travesía

En otoño de 1836, a la edad de 27 años, Charles Darwin se preparaba para la travesía. El Beagle zarpó dos veces pero fuertes vientos obligaron a la nave a volver a puerto.

Finalmente, el 27 de diciembre el Beagle iniciaba su travesía. Este barco pertenecía a la Marina británica y su cometido nada tenía que ver con las ciencias naturales.

Además, las observaciones de Darwin no tuvieron ninguna supervisión ni fueron tomadas de forma sistemática. Todo se basaba en el mero "amor por el conocimiento".

Ese "amor por el conocimiento" le llevó a detenerse en los rasgos de los animales que poblaban las islas Galápagos y a desentrañar la estructura geológica de la isla de Santa Helena.

A su regreso a Inglaterra, Charles Darwin publicó un diario de su viaje y diversas obras, pero pasarían veinte años antes de la publicación de El origen de las especies.

Ideas compartidas

Pero no fue Darwin el único que llegó a la conclusión de que las especies compiten y que sólo las más fuertes sobreviven. En Malasia, Alfred Russel Wallace llegaba a la misma idea al mismo tiempo.

Wallace escribió sus puntos de vista en un ensayo que Darwin recibió en junio de 1858. El 1 de julio del mismo año, las ideas de ambos se exponían en la Royal Society de Londres.

Una misma idea, dos formas de llegar a ella. Y quizás fue la competencia con Wallace el último escollo para que la teoría de la evolución de las especies se convirtiera en un terremoto.

Un giro fortuito quiso que Wallace perdiera todas sus anotaciones y muestras en un naufragio. Además, Wallace no disponía de contactos en las Academias Científicas, y según sus críticos, no supo dirigir sus teorías hacia el gran público.

Pero aún cuando Wallace hubiera provisto pruebas materiales al nivel de Darwin, y hubiera dispuesto de los mismos contactos, su forma de entender la evolución de las especies hubiera dado lugar a un temblor más que a un terremoto.

Según Wallace, la selección natural de las especies estaba guiada por una fuerza sobrenatural.

Fue Darwin quien invistió a la teoría de toda su crudeza. Tras una serie de sucesos fortuitos, concluyó al fin que la creación de cualquier especie es una pura casualidad.



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