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Miércoles, 7 de mayo de 2008 - 12:23 GMT
Trasero grande, buena salud
BBC Ciencia

Grasa subcutánea
Se cree que la grasa subcutánea produce sustancias que ayudan al metabolismo de azúcar.
¿Tiene un trasero muy grande? No se preocupe: puede ser una señal de buena salud.

La grasa corporal no es tan perjudical como parece. O al menos la que a menudo se ubica en los muslos y las nalgas.

Según una nueva investigación la grasa acumulada bajo la piel, o subcutánea, particularmente en esas partes del cuerpo, podría ayudar a reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Durante mucho tiempo se ha sabido que esta enfermedad está relacionada a la obesidad.

En particular el riesgo de diabetes 2 se vincula a la llamada grasa visceral, ubicada en el área abdominal y que envuelve a los órganos del cuerpo.

Pero los científicos de la Escuela de Medicina de Harvard y el Centro de Diabetes Joslin, en Estados Unidos, afirman que la grasa subcutánea -la que se encuentra en caderas y muslos- puede reducir los niveles de insulina y mejorar la sensibilidad a esta hormona.

"Estos resultados podrían conducir a la búsqueda de sustancias compuestas de grasa subcutánea que puedan ser beneficiosas para el metabolismo de glucosa" afirma el doctor Ronald Kahn, uno de los autores del estudio publicado en Cell Metabolism (Metabolismo Celular).

¿Cuerpo de manzana?

En promedio, entre 80 y 90% de la grasa corporal es subcutánea, y el 10 o 20% restante es grasa visceral.

Según los autores, la obesidad en el área abdominal o visceral -la clásica "barriga de cerveza" o el cuerpo en forma de manzana- aumenta el riesgo de diabetes y mortalidad.

Grasa abdominal
10% de la grasa corporal está ubicada alrededor de los órganos importantes del cuerpo.
Y se cree que obesidad en áreas subcutáneas -el cuerpo en forma de pera- puede reducir estos riesgos.

Para comprobar esa teoría, en el estudio llevado a cabo con ratones los científicos trasplantaron grasa de una parte del cuerpo de los animales a otra.

Cuando se retiró la grasa subcutánea y se colocó en el área abdominal, se registró una disminución en el peso, la masa de grasa y los niveles de glucosa en la sangre.

Los animales también se volvieron más sensibles a la insulina, la hormona que controla la forma como el cuerpo utiliza el azúcar.

Se cree que la primera etapa de la diabetes tipo 2 se inicia cuando comienza a fallar la respuesta del cuerpo a la insulina.

Pero cuando los investigadores retiraron la grasa abdominal y la inyectaron en otras partes del cuerpo no se registró ningún efecto.

Los autores concluyen que la grasa subcutánea es intrínsecamente diferente de la grasa visceral y ésta quizás produce sustancias que mejoran el metabolismo de glucosa.

Compensación

Según el profesor Kahn "lo más sorprendente fue descubrir que la variante más importante no es donde la grasa está localizada, sino el tipo de grasa".

Estos resultados podrían conducir a la búsqueda de sustancias compuestas de grasa subcutánea que puedan ser beneficiosas para el metabolismo de glucosa
Prof. Ronald Kahn, Centro Joslin de Diabetes
"Y todavía más sorprendente es el hecho de que no es que la grasa abdominal está ejerciendo efectos negativos, sino que la grasa subcutánea está produciendo buenos efectos", agrega.

Según los autores es posible que la grasa subcutánea compense los efectos de la grasa visceral.

Y creen que la grasa subcutánea quizás produce ciertas hormonas, llamadas adipokinas, que producen efectos beneficiosos en el metabolismo.

Si es así, afirman los expertos, se debe encontrar una nueva forma de analizar si el sobrepeso y obesidad de la gente son "sanos o dañinos".

El actual Índice de Masa Corporal no diferencia entre los dos tipos de grasa y se considera perjudicial todo el peso que sobrepase los niveles establecidos.

Pero los expertos subrayan que es importante que la gente siga controlando su peso corporal con una dieta sana y ejercicio, ya que éstos tienen un impacto muy importante en los niveles de grasa visceral.

Los autores del estudio intentarán ahora identificar cómo se lleva a cabo la producción de adipokinas en la grasa subcutánea.

Y una vez identificado ese proceso, encontrar la forma de producir estas sustancias para crear un fármaco capaz de llevar a cabo la misma función.



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