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Gary Duffy
BBC, Río de Janeiro
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Adeniria perdió a su hija Deise, aparentemente de dengue.
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El gobierno de Brasil recurrió al ejército en Río de Janeiro para que ayude a las autoridades a combatir la epidemia de dengue. Los militares instalaron tres hospitales de campo para disminuir la presión sobre los centros de salud civiles. Sesenta muertos y 40 mil afectados.
En una de las favelas más pobres de Río de Janeiro, los bomberos de la ciudad avanzan por callejones contaminados, en lo que se ha convertido en el frente de la batalla contra el dengue.
Su tarea es tratar las aguas contaminadas y cubrir los tanques donde crecen las larvas del Aedes aegypti, el mosquito que transmite esta enfermedad, que puede llegar a ser fatal.
Más de 60 personas han muerto en el estado de Río de Janeiro este año y se está investigando otra cantidad similar de fallecimientos.
Otras 40.000 personas han recibido tratamiento contra el dengue.
Para los residentes de la comunidad de Coroado, en especial los niños, los riesgos son demasiado obvios.
Al lado de la carretera hay un gran contenedor, lleno de basura, y cerca hay charcos de agua, así como tuberías de drenaje y alcantarillas expuestas.
Miedo
"Tenemos mucho miedo, sobre todo por los niños, pero el dengue mata también a los adultos", dijo Dulcinea da Silva Galvão, quien vive en la comunidad.
Los bomberos están tratando las aguas estancadas en la favela de Coroado.
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"¿Qué podemos hacer? Todos tenemos miedo", añadió.
Las medidas gubernamentales han llegado demasiado tarde para una familia de Coroado.
Deise Marinho de Oliveira, de 36 años de edad y madre de seis niños, murió hace unos días y se cree que fue de dengue.
La mamá de Deise, Adeniria, rodeada de sus nietos, dijo que no podía creer la velocidad a que había ocurrido todo, luego de que su hija se enfermara el fin de semana anterior.
"Las autoridades no están haciendo nada para frenar el dengue", aseguró.
"Si hubieran venido al principio, y todo el mundo hubiera tenido más cuidado, ya no habría epidemia".
"Que un simple mosquito haga esto, no puedo creerlo", agregó, con lágrimas en los ojos.
Filas
En otras partes de la ciudad se puede constatar la gran presión que ejerce la enfermedad sobre el sistema de salud.
Frente a algunos hospitales hay largas filas.
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En el hospital municipal Miguel Couto, vimos una fila que comenzaba en la entrada de emergencias y terminaba en la calle.
Mucha gente con aparentes casos de dengue había estado esperando durante horas para recibir tratamiento.
"Estamos aquí desde las diez y media de la mañana y mire el tamaño de la fila", dijo Maria das Graças Oliveira, cuyo hijo de 15 años parece que ha contraído la enfermedad.
"Imagínese cómo será dentro. Y después viene nuestro gobernador y dice que todo está bajo control, que ya pasó lo peor", añadió muy enojada.
Ira
Como miles de personas requieren asistencia médica, se han levantado carpas en algunas partes de la ciudad para suministrarles sueros a los enfermos de dengue.
Tania Maria Mocinho da Silva dice que la situación es caótica.
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Además, el ejército también ha establecido hospitales de campo y un juez ordenó que, en caso de necesidad, se usen los hospitales privados.
Mientras tanto, en el hospital Getulio Vargas, situado en uno de los barrios más pobres de Río de Janeiro, casi no quedan camas libres.
Junto a muchos de los niños enfermos, están sus padres, que hablan con ira de la forma en que se ha propagado la enfermedad.
Tania Maria Mocinho da Silva estaba al lado de la cama en que convalecía su hijo Anderson, de 11 años.
"Hay un verdadero caos en Río de Janeiro y faltan muchas cosas", dijo.
"El presidente, el gobernador, tienen que hacer algo por el pueblo, especialmente en los hospitales públicos que suelen ser los que más sufren, debido a las demoras en el tratamiento y al hecho de que tienen que enviar a la gente a sus hogares, a veces a morir", manifestó.
Agotamiento
El director del hospital, Marcelo Soares, le dijo a la BBC que "ha sido un trabajo extremadamente difícil, fatigoso, que ha agotado a todo el mundo".
Marcelo Soares dijo que el personal médico está agotado y apenas duerme.
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"El personal médico está recibiendo a muchas personas y apenas duerme", añadió.
Representantes de los médicos dicen que esta crisis se pudo haber evitado, si las autoridades hubieran hecho más por frenar un recrudecimiento del dengue que se había predicho.
"Las autoridades tienen una responsabilidad directa por lo que está pasando con la epidemia de dengue en Río de Janeiro", dijo el Dr. Jorge Sale Darze, presidente del sindicato de médicos de la ciudad.
"Debieron haber tomado medidas para evitarlo y no lo hicieron. Luego vino la epidemia, miles de personas se enfermaron y algunas han muerto", añadió.
¿Quién tiene la culpa?
En las calles, prosigue la batalla contra la enfermedad, no sólo a través de la inspección de los drenajes y el tratamiento del agua, sino también mediante la información a la población.
Se ha levantado carpas para poner sueros a los enfermos.
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Sin embargo, los funcionarios de la ciudad y del estado no coinciden en por qué Río de Janeiro ha sido tan afectado y quién tiene la culpa.
"Lo que pasa es que es muy difícil movilizar a la población en los períodos en que no hay enfermedad. Ahora es mucho más fácil", dijo el coordinador de la unidad a cargo de la lucha contra el dengue en la ciudad, el Dr. Mauro Blanco.
"En tiempos de crisis, la situación es muy dura, pero normalmente nos percatamos, desde la perspectiva oficial, de que la gente se olvida del dengue, se olvida de la prevención, cuando no hay enfermedad".
Niteroi
El secretario de Salud del estado de Río de Janeiro, Sérgio Côrtes, no opina lo mismo.
Según él, en la ciudad no se hizo lo suficiente para evitar la epidemia.
"La ciudad de Niteroi está a menos de un kilómetro de Río de Janeiro y tiene el mismo clima, la misma tierra, las mismas montañas y los mismos problemas con las favelas, pero ha tenido muchos menos casos de dengue y ninguna muerte", dijo.
"¿Por qué? Porque tiene un sistema básico de salud muy avanzado".
La población de Río de Janeiro ha tenido problemas con el dengue desde hace mucho tiempo y se cree que la enfermedad llegó hace siglos, con los barcos que transportaban esclavos a Brasil.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, el público está impaciente y exige una respuesta más efectiva y eficaz que, en su opinión, todavía no ha llegado.