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Miércoles, 27 de febrero de 2008 - 18:46 GMT
Argentina: fiebre amarilla preocupa
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, Buenos Aires

Entre el alarmismo y la prevención, miles de personas acuden diariamente a centros sanitarios de toda Argentina para vacunarse contra la fiebre amarilla, luego de que se registrara un brote de la enfermedad en los vecinos Brasil y Paraguay.

Filas de personas para vacunarse
Miles de personas acuden a los centros de vacunación.
En Buenos Aires, tanto los porteños como los miembros de la numerosa comunidad paraguaya forman largas filas en siete unidades de vacunación para aplicarse gratuitamente la inmunización.

Son aquéllos que viven en zonas de riesgo o planean viajar a ellas. Nos referimos no sólo a Paraguay y Brasil, sino también a provincias del noreste de Argentina como Misiones y Formosa, que son limítrofes con esos países.

En la fila de varias cuadras que suele formarse ante la Dirección de Sanidad de Fronteras, el principal centro de vacunación de Buenos Aires, el porteño Roberto Santos, de 58 años, dijo a BBC Mundo que llevaba varias horas esperando para inmunizarse antes de volar a territorio brasileño.

Por su parte, la paraguaya Natividad López (38) nos contó: "Estoy haciendo esta cola porque acá, en Argentina, la vacuna está más accesible. En mi país es difícil conseguirla".

Hasta la fecha, el gobierno de Paraguay ha confirmado 15 casos de fiebre amarilla y tres muertes por esa enfermedad, mientras que en Brasil se han reportado 33 infectados y 17 fallecimientos.

En ambos países la afección ha sido detectada en zonas rurales y selváticas, y las autoridades intentan frenar su llegada a las ciudades.

Hace cuatro décadas que en América Latina no existe la variante urbana de la fiebre amarilla.

"Cordón sanitario"

Mientras tanto, el gobierno argentino lleva adelante una campaña para prevenir un brote como el que afecta a las naciones vecinas.

Hugo Fernández, director nacional de Enfermedades y Riesgos del Ministerio de Salud
Lo que deben tener en claro es que, si están en Buenos Aires o en cualquier sitio fuera de las zonas de riesgo y no tienen programados viajes, no necesitan vacunarse
Hugo Fernández, director nacional de Enfermedades y Riesgos del Ministerio de Salud

"Hemos distribuido más de 400.000 dosis de vacunas para aplicar a las personas que residen en zonas de riesgo y a quienes se disponen a viajar a esas áreas. Esto nos permite establecer un cordón sanitario", explicó a BBC Mundo Hugo Fernández, director nacional de Enfermedades y Riesgos del Ministerio de Salud.

Además, dijo, se ha impulsado la erradicación de aguas estancadas donde se reproducen los mosquitos que transmiten la enfermedad.

Ante este panorama, ¿se justifica tanta preocupación entre la población de Argentina, donde el único caso sospechado de fiebre amarilla ha sido descartado?

Fernández cree que no: "Lo que deben tener en claro es que, si están en Buenos Aires o en cualquier sitio fuera de las zonas de riesgo y no tienen programados viajes, no necesitan vacunarse".

"También hay que dejar en claro que no hay transmisión de persona a persona en el caso de la fiebre amarilla. Tiene que haber un ecosistema particular para que ello ocurra".

La enfermedad es provocada por un virus que se transmite por la picadura del mosquito Aedes aegypti en las áreas urbanas y del haemagogus en la selva.

"Su rasgo distintivo es la fiebre y puede tener un espectro de síntomas que van desde dolores de cabeza y musculares hasta una enfermedad tóxica que afecta al hígado y que en algunos casos puede llevar a la muerte", agregó Fernández.

Fantasmas del pasado

La proximidad de los brotes de fiebre amarilla en Paraguay y Brasil no sólo ha despertado temores entre los argentinos, sino también malos recuerdos.

Natividad López
En Argentina, la vacuna está más accesible. En mi país (Paraguay) es difícil conseguirla
Natividad López

Es que en 1871 Buenos Aires sufrió una epidemia que en seis meses se cobró la vida de 14.000 personas sobre una población de alrededor de 200.000 habitantes.

En aquel momento la ciudad avanzaba hacia una mayor urbanización, y el hacinamiento y la falta de higiene contribuyeron a que los mosquitos transmisores de la fiebre amarilla se reprodujeran y contagiaran la enfermedad.

Dato histórico aparte, los miedos actuales van acompañados en algunos casos de desconocimiento sobre la afección.

"No sé qué es la fiebre amarilla, pero dicen que es grave", confesó a BBC Mundo la ya citada Natividad López, poco antes de entrar a la sede de la Dirección de Sanidad de Fronteras.

A su lado, Elsa Ledesma (69), oriunda de la provincia de Misiones, afirmó: "Qué es exactamente, no sé. Pero escuché que mata y por eso hay que vacunarse".

Sin embargo, más allá del temor generado por la cercanía de países con fiebre amarilla y los fantasmas del pasado, las autoridades y los especialistas han descartado un brote como el de Paraguay y Brasil, y mucho menos una epidemia como la que sufrió Buenos Aires en el siglo XIX.

Para ellos, calma y racionalidad son también buenas medicinas en estos tiempos.



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