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Jueves, 15 de noviembre de 2007 - 15:28 GMT
La foca ártica que quería calor
María Elena Navas
BBC Ciencia

La historia comenzó el año pasado cuando un turista en las playas de Tenerife, España, no daba crédito a lo que veían sus ojos.

Sahara en el Santuario (FOTO Santuario Nacional de Focas)
La foca nadó cientos de kilómetros de regreso a España.
Era una foca de casco (Cystophora cristata), un raro ejemplar de nueve meses de edad, que suele habitar miles de kilómetros más al norte, en las frías costas del Ártico.

La pequeña foca, llamada Sahara, fue rescatada en la costa de Marruecos y el mes pasado, transportada por aire, mar y tierra, de regreso a su hábitat natural.

Pero Sahara decidió que eran mejor las aguas cálidas y volvió a nadar miles de kilómetros de vuelta a España.

 Del Ártico al sol

Los expertos afirman que la "brújula interna" del animal dejó de funcionar.

"Es difícil saber si está o no desorientada" dijo a la BBC Tamara Cooper, experta del Santuario Nacional de Focas en Cornualles, Inglaterra.

"Lo cierto es que Sahara es una foca sumamente independiente que decidió seguir su propio destino, como suelen hacer los animales", agrega.

O quizás Sahara sólo quiere un poco de sol y calor humano.

Migratorias

Las focas de casco son especies migratorias y ocasionalmente suelen visitar Europa, pero siempre regresan al Ártico para la temporada de reproducción.

Hielos árticos
Nada que ver con las playas cálidas de España.
Sahara, sin embargo, decidió viajar mucho más lejos y terminó en la costa de Marruecos.

Cuando la foca fue rescatada la primera vez estaba desnutrida y había perdido todo su pelaje.

Los veterinarios de Loro Parque, un parque temático y centro marino local, la cuidaron y nutrieron durante 4 meses.

Pero Sahara seguía completamente "calva" y en abril pasado se decidió enviarla a Inglaterra para someterla a un examen completo de salud.

El animal viajó en avión hasta el aeropuerto londinense de Heathrow. Después hizo un viaje de seis horas por tierra hasta el Santuario Nacional de Focas en Cornualles.

Allí se descubrió que la foca tenía hipotiroidismo, un trastorno provocado cuando la glándula tiroides no produce suficiente hormonas tiroideas que son vitales para el crecimiento y metabolismo.

Sahara fue sometida a un estricto régimen de alimentación y finalmente en junio el animal había recuperado todo su pelaje.

Los veterinarios empezaron entonces a planear su viaje de regreso a casa en el Ártico.

Los expertos del centro, que ya habían rescatado focas de casco en el pasado, sabían que éstas habían nadado hacia el sur otra vez cuando se les había liberado en el norte de Escocia.

Por eso los especialistas estaban convencidos de que Sahara necesitaba ser dirigida un poco más allá, en el flujo del hielo del Ártico.

El regreso

El grupo organizó una expedición científica para dirigir a Sahara hacia su lugar de origen.

Para eso se necesitaron US$6.000 para colocar en el animal un dispositivo de rastreo por satélite y asegurarse de que la misión había funcionado.

Sahara con dispositivo de rastreo satelital (FOTO Santuario Nacional de Focas)
La mantendremos con un contacto mínimo con humanos y no la alimentaremos directamente para que ella atrape sus peces y estimularla a que regrese a su lugar de origen
Tamara Cooper, Santuario Nacional de Focas
Sahara, sin embargo, tenía otras intenciones y, una vez liberada en dirección al Ártico, el animal volvió a viajar cientos de kilómetros, pero en dirección contraria.

Y fue rescatada otra vez en la costa de España.

"El domingo fue llevada al centro de rehabilitación -dice Tamara Cooper- y está en buen estado de salud".

"Ha perdido un poco de peso, pero eso es lo que sucede cuando un animal aprende a alimentarse por sí mismo y a atrapar sus propios peces".

Los veterinarios esperan ahora los resultados de su análisis de sangre para decidir qué hacer con la pequeña foca.

Quizás Sahara extraña el contacto con humanos al que se acostumbró en el centro de focas.

"Eso es algo que siempre nos preocupa cuando reubicamos a una foca", dice Tamara Cooper.

"Pero ahora estamos considerando todas las posibilidades para asegurarnos de que Sahara no vuelva a perderse".

"Por ejemplo, la mantendremos con un contacto mínimo con humanos, y no la alimentaremos directamente para dejar que ella atrape sus peces y para estimularla a que regrese a su lugar de origen", agrega.

La misión para salvar a Sahara, por supuesto, ha costado una fortuna.

Y si el pequeño animal decide no volver a sus tierras congeladas, los veterinarios afirman que será bienvenida como huésped permanente en algún santuario de tierras más cálidas.



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