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Viernes, 6 de abril de 2007 - 07:33 GMT
Adiós a un glaciar que se derrite
El analista de América Latina, James Painter, regresa al glaciar Chacaltaya en Bolivia por primera vez en 15 años y atestigua su rápido derretimiento.

Familia Painter durante un viaje al Chacaltaya en 1990
Los viajes al Chacaltaya estaba entre los favoritos. Foto de 1990.
Desde que mi familia y yo nos fuimos de la elevada ciudad de La Paz hace 15 años, he lamentado la muerte lenta por derretimiento de un viejo amigo.

Una de nuestras salidas favoritas era amontonarnos en nuestro viejo y robusto jeep, y tomar la ruta por un camino que colgaba al borde de la montaña y, finalmente, llegar al majestuoso glaciar Chacaltaya.

Fotos familiares de la época muestran rostros quemados por el sol y caras sonrientes sobre el fondo de un gran glaciar cubierto de nieve.

Entonces, Chacaltaya era famoso por ser, a 5.300 metros sobre el nivel del mar, la ruta de esquí más alta del mundo. Recuerdo ver a esquiadores, exhaustos pero eufóricos, derrumbados en suelo de una estación de esquí cercana, jadeando por un aliento.

Artículos en lenguaje seco en publicaciones científicas han seguido el rastro del rápido fallecimiento del glaciar como consecuencia del aumento de la temperatura del aire. Leerlos es como repasar un largo obituario.

El Chacaltaya tiene más de 18.000 años, pero ha perdido el 80% de su área en los últimos 20años.

Se ha convertido en un icono de los efectos del calentamiento global, y un laboratorio para predecir lo que puede sucederles a otros glaciares andinos.

Seguimiento

Volver a hacer el viaje en 2007 resultó ser algo inesperado.

El día que escogimos para regresar era perfecto para los escépticos del cambio climático. Una fuerte nevada ocurrida recientemente había dejado el camino intransitable para el jeep, así que tuvimos que caminar sobre la nieve densa.

El Chacaltaya el 1 de marzo de 2007  (Foto: Equipo de Edson Ramírez)
Tenemos que seguir revisando a la baja nuestras proyecciones de cuándo el Chacaltaya va a desaparecer completamente
Edson Ramírez

Toda la montaña estaba blanca; difícilmente era la característica de los glaciares en retroceso. Ciertamente, el Chacaltaya estaba haciendo honor a su nombre en aymará, que quiere decir "camino frío".

"Días como éstos son completamente engañosos", dice Edson Ramírez, un boliviano de 37 años y hablar suave, que es el principal experto de su país en glaciares.

"Esta es la temporada húmeda. Pronto la nieve se va a derretir y saldrá del glaciar".

Pocos días después, recibí una foto por correo electrónico tomada por miembros del equipo de Ramírez el 1 de marzo, que mostraba lo que queda del glaciar. Todo lo que se puede ver de lo que alguna vez fue un glaciar de 500 metros de largo son sólo dos áreas separadas de hielo.

Incluso el día de nuestra visita podía verse la silueta de los dos parches del glaciar bajo la nieve, cada uno de los cuales medía unos 20m por 60m. No muy lejos estaba un triste ascensor de esquí, que no se usa desde 1998.

"Tenemos que seguir revisando a la baja nuestras proyecciones de cuándo el Chacaltaya va a desaparecer completamente", dijo Ramírez, que ha estado haciendo seguimiento del glaciar desde 1995.

"No hace mucho pensábamos que iba a ser en 2015. Ahora creemos que puede ser este año o el próximo".

Temor por el impacto

Ramírez no está solo al resaltar la dramática aceleración del derretimiento glaciar desde los años 80.

Tuni Condoriri (Foto: Equipo de Edson Ramírez)
Tuni Condoriri provee agua a El Alto y parte de La Paz
Ciertamente, el gobierno boliviano se lo está tomando en serio.

De regreso en La Paz, el jefe del programa nacional de cambio climático, Oscar Paz, dijo: "Estos glaciares son nuestras reservas de agua. Una de nuestras grandes preocupaciones es el futuro de nuestro suministro de agua".

El Chacaltaya puede ser un símbolo de lo que está ocurriendo a los pequeños glaciares andinos, pero no provee el agua de La Paz ni la ciudad vecina de El Alto, en donde viven casi dos millones de personas.

Para eso hay que viajar más o menos una por más caminos desgastantes par allegar a la espectacular cordillera llamada Tuni Condoriri, llamado por su parecido con un cóndor encorvado y listo para abalanzarse.

Una reserva bajo la cordillera provee casi el 80% de agua potable para El Alto y gran parte de La Paz.

Lo expertos bolivianos e internaciones en glaciares están dirigiendo aquí su atención, debido en parte por el temor por el impacto del derretimiento del glaciar en el desarrollo de Bolivia en el largo plazo.

Varias mediciones muestran que el área de los 15 glaciares originales de la cordillera se han reducido en más de un tercio entre 1983 y 2006. Cinco glaciares pueden haber desaparecido casi por completo.

Dolor

Los glaciares son particularmente importantes durante la temporada seca, pues van soltando lentamente el agua.

"No sabemos con exactitud cuánto del suministro de agua viene del derretimiento del glaciar, pero puede llegar a ser hasta del 60%", dice Ramírez.

Más preocupante es cuándo van a desaparecer completamente los glaciares, algo que Ramírez ubica entre 2005 y 2050.

Incluso ahora, Bolivia tiene una urgente necesidad de más agua. La llegada cada año de varios miles de migrantes de áreas rurales a El Alto significa que la demanda de agua va a aumentar mientras que las reservas siguen siendo las mismas.

El modelo de Ramírez predice que desde 2009 habrá más demanda que agua disponible en las reservas.

Muchos están de acuerdo en que la reducción en el largo plazo del agua que surge del derretimiento de los glaciares resalta la necesidad de capturar más agua de las precipitaciones durante la temporada húmeda, quizá mediante la construcción de represas.

Claramente, Paz cree que no está bien que países desesperantemente pobres como Bolivia deban pagar el precio de adaptarse al calentamiento global cuando ellos no tienen la culpa.

Mientras tanto, Ramírez y el equipo con el que viajé se enfrentan a la pérdida inminente del Chacaltaya recurriendo al humor negro.

"Quizá deberíamos poner el último poquito de hielo en un refrigerador para la posteridad", dice.

Pero no había dudas de su tristeza. "De verdad duele", dijeron. "Tuvimos el privilegio de ver su belleza. La próximas generaciones, no".

Gráfico basado en proyecciones del equipo de Edson Ramírez



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