Hasta ahora, no es posible predecir la erupción de un volcán con exactitud.
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Científicos británicos que están estudiando el volcán del Monte Santa Elena, en Estados Unidos, afirman que han descubierto nuevos indicios sobre las causas de las erupciones volcánicas más explosivas.
Su análisis de pequeñas piezas vidriosas incrustadas en las rocas eyectadas ha provisto nueva información sobre cómo se comportan los materiales fundidos en un ambiente subterráneo.
Combinado con el análisis de la superficie, esta información podría avisar cuándo un cono hirviente está a punto de entrar en erupción.
Los resultados de la investigación del equipo de científicos de las universidades de Cambridge y Bristol aparecen en el último número de la revista especializada Nature.
"Podemos ofrecer un rango de posibles estimaciones temporales, lo cual no ser satisfactorio para los que viven al lado de un volcán, pero espero que en el futuro podamos afinar y combinar nuestras técnicas para reducir los márgenes de error de esas estimaciones", afirmó el profesor Jon Blundy, del departamento de Ciencias de la universidad de Bristol.
Información registrada
El equipo analizó varias piezas de material escupidas por el volcán estadounidense en los años 80, y otras piezas provenientes de erupciones más reciente en Shiveluch, en Rusia.
Las muestras contienen pequeñas incrustaciones vidriosas, gotas diminutas de material antes fundido que emergió con el magma pero cuyos contenidos se mantuvieron intactos.
Los científicos sometieron a estas pequeñas gotas volcánicas a varias pruebas, para intentar descubrir cuáles eran las condiciones en la profundidad subterránea.
Esas pruebas establecen que, al crecer el magma y descender la presión, ocurre un proceso de cristalización acompañado de un aumento de la temperatura.
Esto es sorprendente, dicen los científicos, porque la cristalización es un proceso que por lo general se relaciona con el enfriamiento.
"Esto es lo novedoso de este estudio: que el magma, al elevarse, se cristaliza y se calienta aún más. Eso es algo que podría haberse deducido de las nociones de termodinámica, pero nunca antes había sido demostrado", afirmó Blundy.
El análisis de las piezas vidriosas revela no sólo el contenido de cristal y las condiciones de temperatura y presión del magma, sino también su composición química y su composición acuífera.
Unir toda esta información permite a los investigadores formar un mejor modelo de los factores que entran en juego para ocasionar una explosión.
Combinar
En especial, el contenido acuífero es clave. Las erupciones son causadas por el escape de agua de la roca líquida que forma burbujas.
"Si el magma es sometido a alta presión, contiene mucha agua y tiene el potencial de formar muchas burbujas: mientras más burbujas haya, más explosiva será la erupción", explicó Blundy.
Las gotas guardan información sobre las condiciones bajo tierra.
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"Si el magma tiene poca presión, habrá menos agua y por lo tanto menos potencial explosivo".
Actualmente, los vulcanólogos supervisan los volcanes activos desde la superficie para controlar, por ejemplo, su actividad sísmica y los gases que emiten.
El trabajo de este equipo científico en especial permitirá cruzar esos datos con información obtenida de las rocas expulsada. Esto podría permitir a los científicos saber qué estaba ocurriendo en el mundo subterráneo con sólo ver señales de la superficie.
"Para mí esta es la perspectiva de investigación más interesante para los próximos 10 años", opinó Blundy.
"Querría trabajar con aquellos que supervisan volcanes activos, mirar a productos de la erupción, e intentar vincularlos con señales de monitoreo que fueron adquiridas antes de la erupción del magma".