La "Calle de las Brujas", donde muchos buscan remedios para sus males.
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Médicos dubitativos, parejas inseguras, enfermos
adoloridos o comerciantes ambiciosos buscan en la "calle de las brujas" las hierbas que le pondrán remedio a sus males, acabarán con sus miedos o harán
realidad sus aspiraciones.
"Toda clase de gente viene: indios, gringos, mestizos,
de todo¿Todos desean salud y buena suerte", explicó
Flora López, quien a sus 29 años ya lleva 18 en el
oficio de curandera en la calle de las brujas.
Esta estrecha y empinada callejuela, empedrada y sin
aceras, formada por vetustas y deterioradas casas,
está situada en el centro de La Paz, a sólo siete
cuadras del palacio de gobierno.
Allí, las antiguas medicinas de los indígenas aún son
capaces de competir con éxito contra sofisticados
productos farmacéuticos.
Raíces, tallos, hojas, flores, musgos o cortezas se
encuentran en la calle de las brujas en preparaciones
de las que se dice curan toda clase de males.
Los nombres de las plantas suenan a misterio: tojlolo, huayruru, curucuru, coa, huillca, lampaya, tillicoa, pupusa, tikacoa, aluzema, chijchipa, keakea, chachacoma, airampo, huirahuira... o unos espinos llamados "amor seco".
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Los que saben vienen aquí, los que no... van al médico. Pero lo más aconsejable creo que es medicina natural. El médico calma nomás y no cura
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Pero si los nombres de las plantas en idioma aymara o quechua no son reconocibles, todos conocen las enfermedades que se supone que curan: cáncer, presión alta, gripe, diabetes, infecciones respiratorias... acné...
La "medicina natural", que es como designan las
supuestas brujas a sus pociones hechas con hierbas, se
ha mezclado con la bioquímica y se ha lanzado al
mercado usando nombres mezcla de inglés y aymara.
Sorojchi Pills es el nombre con el que se venden en
las farmacias unas cápsulas que hacen desaparecer los desagradables efectos que hacen en los turistas los cuatro mil metros de altura del altiplano. En las elevadas montañas de Bolivia, sorojchi o "mal de altura" en idioma aymara, son los síntomas causados por la disminución del oxígeno y de la presión atmosférica.
Las Sorojchi Pills están hechas con pupusa y otras hierbas, según Ivet Saravia, quien a los siete años comenzó a recibir de su abuela los conocimientos para preparar toda clase de medicinas.
Para la gripe, lampaya o aluzema, para el dolor de estomago, chachacoma, para el hígado, sillusillu, para la diabetes, charara, para la presión alta, sábila, para dormir bien, valeriana.
"Los que saben vienen aquí, los que no... van al médico. Pero lo más aconsejable creo que es medicina natural. El médico calma nomás y no cura" dijo entre risas Ivet, rodeada de plantas en su puesto de venta en la calle de las brujas.
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Los nombres de las plantas suenan a misterio: tojlolo, huayruru, curucuru, coa, huillca, lampaya, tillicoa, pupusa, tikacoa, aluzema, chijchipa, keakea, chachacoma, airampo, huirahuira... o unos espinos llamados 'amor seco'
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"Los médicos alivian pero no curan. Así me dicen los clientes. Había un médico que me compraba mesas. Se ha ido a otro país ahora". Las "mesas", son una mezcla de hierbas secas que se queman para atraer la buena suerte y los favores de la pachamama, la diosa de la tierra en la cultura aymara y quechua.
Para la buena suerte, retama, ruda, romero, explicó Natalia, otras de las curanderas, a un cliente que parece algo avergonzado de preguntar. ¡Para el pulmón y los riñones llantén!, le dijo casi a gritos una malhumorada bruja a una clienta. Y luego amenazó a un atemorizado turista: "¡si me sacas foto, te quito el alma, gringo!".
"Para el malhumor no tengo ninguna hierba", comentó Flora sonriendo al oír a su colega, "tal vez le haría bien un poco de tintura de valeriana, que calma a las personas nerviosas".