América Latina es una región rica en agua, que cuenta con las mayores reservas hídricas del mundo. Pero esto no quiere decir que se haya sabido aprovechar el recurso de manera eficiente. De hecho, es mucha el agua que se ha perdido y su calidad deja mucho que desear.
La cantidad de agua en la región hizo pensar que el recurso nunca podría acabarse.
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Esto es lo que se desprende de lo que dijo a BBC Mundo Mauren Ballesteros, coordinadora para Centroamérica de la Asociación Global para el Agua (Global Water Partnership), una institución intergubernamental con sede en Estocolmo, Suecia, y que tiene su base regional en Costa Rica.
"América Latina es una región con contrastes muy marcados entre áreas extremadamente secas y otras, como el Amazonas, que tiene un alto potencial hídrico", dijo Ballesteros durante un receso del Encuentro del Agua, que se realizó esta semana aquí en Monterrey.
"Es un continente en el que esta cantidad generosa de agua siempre nos hizo pensar que era un recurso ilimitado, que no se acaba", agregó.
Según la experta, con esta percepción vino aparejada también una utilización deficiente de este recurso. Esto se tradujo -y todavía sigue ocurriendo- en el desperdicio de cantidades enormes de agua potable, además de pérdidas por la utilización de una infraestructura de servicios totalmente obsoletos.
Cloacas
La contaminación de los ríos y hasta de las aguas subterráneas es un problema grave en muchos de los países latinoamericanos, en donde la rápida e intensa urbanización ha traído consigo consecuencias nefastas para la calidad de las aguas.
"Los ríos de todos nuestros países se han convertido en cloacas", señaló enfática Ballesteros. "Son lugares donde se acumulan los desechos sólidos y donde se vierten las aguas residuales sin tratar".
Esta es una de las causas del deterioro de la calidad de vida de millones de habitantes de la región. Revertir esta situación, según Ballesteros, cuesta a las economías de los países latinoamericanos cantidades enormes de dinero.
Pero no sólo eso, el impacto y los riesgos que esto tiene en la salud y el medio ambiente son muy grandes.
"Esta circunstancia se va convirtiendo en un enemigo del desarrollo, es como una soga al cuello de nuestros países, porque impide su desarrollo", dijo a la BBC la experta costarricense.
La naturaleza enfurecida
Cada país en la región latinoamericana tiene sus propios problemas de agua.
En Centroamérica, los huracanes y las fuertes lluvias que se repiten en períodos muy cortos de tiempo son un enemigo impiadoso. Por ejemplo, según señala Ballesteros, el impacto del huracán Mitch en 1998 significó para Honduras un retroceso de diez años en su infraestructura.
A Mitch lo han sucedido en los últimos tiempos varios huracanes y tormentas tropicales como Stan y Beta.
"Estos fenómenos naturales han afectado precisamente a varios de los países más pobres de Latinoamérica, Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, donde se ha tenido que invertir, año a año, cuantiosas sumas de dinero para reparar viviendas y recuperar tierras".
Precisamente el tema de la inversión para la prestación de servicios de agua es otro asunto que preocupa a expertos y conocedores de la problemática del agua. La realidad es que no se destinan suficientes recursos.
"En los países latinoamericanos en general, y esto quizá vinculado a los programas de ajuste estructural que se implementaron en la década de los ochenta, todas las economías latinoamericanas restringieron sus niveles de inversión en agua y los redujeron a la mínima expresión, y ahora precisamente es cuando sufrimos las repercusiones de eso", dijo Ballesteros.
De nuevo en este tema, los países centroamericanos son los más impactados. Costa Rica, por ejemplo, tiene un atraso de 20 años en el área de saneamiento ambiental. La inversión que se necesitaría hacer allí para modernizar los programas en esa área, llega a los 500 millones de dólares.
Los dramas del agua
Y mirando más hacia otros países de la región, en Bolivia por ejemplo, el problema de la prestación de servicios de agua llegó en ciertas regiones a episodios violentos.
Ballesteros destacó que en lugares como Cochabamba, la población prácticamente se sublevó cuando el gobierno decidió otorgar la concesión para la prestación del servicio de agua a una empresa privada. La gente se quejaba, entre otras cosas, del aumento en las tarifas del servicio.
Cada país ha lidiado con el problema del agua a su manera, pero las grandes inversiones no han sido muy frecuentes.
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Brasil, por su parte, país que cuenta con una disponibilidad de agua de las más altas del mundo, enfrenta el serio problema de la deforestación y la destrucción de vastas áreas del Amazonas. Pero a su vez, hay elementos positivos.
La gestión del servicio de agua en Brasil se hace a varios niveles: federal, estatal y a nivel más comunitario, a través de los llamados organismos de cuenca que existen en todas las regiones, y que ayudan acercar a las comunidades al proceso de toma de decisiones.
Ballesteros es cautelosa cuando cita el ejemplo de Chile, donde la gestión del agua está abierta al libre mercado, al mejor postor.
"No digo que ésta sea la receta. Cada país resuelve sus problemas de acuerdo a sus características particulares. Chile es un país con poca disponibilidad de agua, y es ésta la receta por la que han optado. A lo mejor es una economía como la que ellos tienen, esto es lo que mejor les funciona", dijo.
Hacia el final de su conversación con BBC Mundo, Mauren Ballesteros quiso destacar que en América Latina no ha habido la voluntad política necesaria para encarar esta problemática.
"Quizá lo que ha pasado es que no creíamos que el agua fuera a faltar, o que se fueran a plantear los conflictos y la competencia tan grande que hay por este recurso en este siglo XXI. Además éste no es un tema que le dé muchos votos a los políticos".