Gregory Olsen es un experto en óptica y cristalografía.
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La nave rusa Soyuz TMA-7 despegó desde el cosmódromo kazajo de Baikonur, con el tercer turista espacial de la historia.
El estadounidense Gregory Olsen, un científico millonario, pasará diez días en el espacio, varios de ellos en la Estación Espacial Internacional (EEI), a donde voló en compañía del cosmonauta ruso Valeri Tókarev y el astronauta estadounidense William McArthur.
Se estima que Olsen pagó cerca de US$20 millones por el viaje.
Ésta no es la primera vez que el puesto espacial es destino turístico. En 2001 el estadounidense Dennis Tito y un año después el sudafricano Mark Shuttleworth también pasaron parte de su tiempo libre en el espacio.
Una vez que despegó el Soyuz, el Centro de Control de Vuelos Espaciales de Rusia sólo tuvo informes positivos.
"Todos los sistemas (de la nave) funcionan normalmente".
La nave alcanzó la órbita prevista poco después de las 5:00 GMT y su acoplamiento a la estación está previsto para el 3 de octubre las 6:32 GMT.
Ni turista ni astronauta
Con Olsen viajan el ruso Valeri Tókarev y el estadounidense William McArthur.
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Antes de iniciar su viaje, en Kazajstán, el científico habló sobre su aventura.
"Estaré más relajado una vez el cohete despegue", dijo, según la agencia de noticias Associated Press.
"Estos días la gente puede viajar a todos lados. Lo mismo va a suceder con los viajes espaciales, van a haber más turistas después de mí", añadió.
Olsen y dos cosmonautas regresarán a la Tierra el 11 de octubre.
Experimentos
Gregory Olsen de 60 años es el director de la firma de investigaciones Sensor Unlimited en Nueva Jersey.
La compañía que desarrolla y produce filmes altamente sensibles y cámaras de fotografía colabora con la agencia espacial de Estados Unidos, NASA.
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No voy a participar pretendiendo que soy un cosmonauta o un astronauta, es mucho el conocimiento que implica operar este vehículo
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Aparte de probar en órbita equipos nuevos de su firma, Olsen planea llevar a cabo experimentos de su propia creación.
Por ejemplo, uno que involucra el crecimiento de cristales a bordo de la estación internacional con la idea de aplicarlo a sus negocios.
Es por eso que el científico no quiere que lo llamen turista espacial.
"El término no le hace justicia a todo el trabajo que pusieron en mi preparación en el Centro Gagarin", dijo.
Pero tampoco quiere ser llamado astronauta.
"No voy a participar pretendiendo que soy un cosmonauta o un astronauta, es mucho el conocimiento que implica operar este vehículo", agregó.
Turista o astronauta, lo cierto es que este estadounidense de 60 años está camino al espacio y a convertir su sueño -que es también el de muchos- en realidad.