Iliescu dijo que el nacimiento de la niña fue "voluntad de Dios".
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La mujer rumana de 66 años a la que se considera la madre más vieja del mundo rechazó las críticas de que no está en condiciones de criar a su bebé.
Adriana Iliescu, quien se sometió a un tratamiento de fertilidad durante nueve años, hizo declaraciones en un hospital de Bucarest, 48 horas después de haber dado a luz a su hija Eliza Maria.
"Cada uno tiene una misión en la vida y ésta quizá sea la mía", dijo.
Además, rechazó las objeciones de la Iglesia Ortodoxia de Rumania, que la acusó actuar de forma "egoísta".
"Si esta niña nació, fue también por voluntad de Dios", afirmó Iliescu durante una conferencia de prensa en el Hospital Materno-Infantil Giulesti.
"Hoy es un día feliz para mí porque puedo ver a mi hija. Toqué su mano y ella apretó mi dedo", contó.
Agregó que "la preocupación por los días que vendrán es injustificada", porque "nadie puede predecir el futuro".
El futuro
Iliescu, una profesora universitaria retirada y autora de libros infantiles, dijo que esperaba que la niña siguiera sus pasos.
Previamente había dicho que era optimista acerca de su futuro como madre, asegurando que en su familia había varios casos de longevidad.
La bebé Eliza Maria nació prematuramente por cesárea.
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Eliza Maria nació por cesárea cinco semanas antes de tiempo, luego de que su hermana gemela muriera en el vientre de la madre.
Los médicos dijeron que, después de las complicaciones iniciales, la niña de apenas 1,4 kilogramo ahora respira con normalidad.
"Se está desarrollando bien a pesar de ser prematura y está alcanzando el peso adecuado", dijo el doctor Bogdan Marinescu, quien estuvo a cargo del tratamiento de fertilidad.
Marinescu justificó el procedimiento afirmando que la mujer estaba en buenas condiciones para dar a luz.
El caso de Iliescu despertó un debate público sobre las consecuencias médicas y éticas de la fertilización asistida.