Durante los últimos 20 años climatólogos, científicos y estudiosos del hielo y la atmósfera han analizado los cambios climáticos en Alaska.
Es ahora, sin embargo, que descubren una nueva fuente de información que les permitirá enriquecer sus conocimientos remontándose décadas atrás: la historia oral de los ancestros de los pobladores de la región.
La habitante con mayor edad en Barrow recuerda que el clima era distinto en su niñez.
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En el pueblo de Barrow -localizado a 480 kilómetros dentro del Círculo Polar Ártico- vive Bertha Leavitt, a quien sus 92 años la convierten en la habitante de mayor edad en el lugar.
"Cuando yo era una niña -cuenta Leavitt- el clima era mucho más frío y los vientos en invierno solían ser mucho más fuertes". Ella recuerda a sus mayores contando historias que decían que el clima cambiaría. Ahora cree que eso efectivamente ocurrió.
Tierra congelada
En una tierra en donde no solo los ríos, sino también los mares se congelan, resulta imposible no estar al tanto de lo que ocurre con las estaciones.
Percy Nusunginya, capitán de un barco de pesca, tiene razones particulares para mostrarse alerta ante eventuales cambios en el clima. Cada otoño y cada primavera, él y su tripulación se aventuran a pescar en los hoyos que encuentran sobre el hielo.
Pero Nasunginya afirma que actualmente resulta muy peligroso trabajar en el Océano Ártico.
"La capa de hielo que hay sobre el agua se ha vuelto mucho más delgada de lo que era en la década de los 70 y los 80. El hielo solía tener entre 6 y 9 metros de grosor, ahora apenas tiene 3 metros. ¿Pero qué podemos hacer? Algunas veces esta situación me entristece, pero tenemos que seguir con lo que hay", asegura.
Percy comenta que los gobiernos necesitan tener pruebas científicas para creer en el recalentamiento del globo terráqueo, cuando podrían certificarlo con la palabra de los pobladores nativos de regiones como Alaska. "El hombre blanco, los climatólogos, están apenas descubriendo lo que nosotros sabíamos ocurría desde hace tiempo", sentencia.
Cambios locos
Los pobladores de Alaska recuerdan que los cambios comenzaron en los 70.
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Benedict Jones aun mantiene un estilo de vida basado en la economía de subsistencia.
"Solía tener glaciares en el campo en donde vivo, en el río de Koyukuk, donde los salmones solían desarrollarse. Pero los glaciares se han derretido, el suelo se está secando, así que ya no hay más salmones".
La información proporcionada por los pobladores de uno de los puntos localizado más hacia el norte del planeta, se recopila en el Centro Internacional de Investigación del Ártico de la Universidad de Alaska.
"Muchos de los entrevistados se refieren a la década de los 70 como la fecha en la que empezaron a notar cambios en el clima", comenta Mike Spindler, gerente de la Reserva Nacional de la Vida Salvaje Koyukuk y Nowitna, ubicado a cientos de millas del corazón de Alaska.
En las cercanías de la Reserva Nacional de la Vida Salvaje Koyukuk y Nowitna, este estudioso alude a la "selva borracha" y explica que una especie de árboles que se encuentran en el lugar están cayéndose como consecuencia del deshielo.
Margie Attla, otra habitante de edad de la villa de Galena, asegura que los últimos años han sido locos en lo que respecta al clima.
"Me asusta un poco darme cuenta que el viento llega en el tiempo equivocado, o que llueve en invierno. Es evidente que el cambio está presente, y la verdad es que yo no me siento para nada cómoda con él".