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Viernes, 3 de diciembre de 2004 - 17:36 GMT
La energía y el aumento de demanda

"Planeta bajo presión" es una serie de seis entregas producida por la BBC que investiga algunos de los temas ambientales más acuciantes del siglo XXI.


Alex Kirby
BBC, Especialista en Medio Ambiente

El principal problema en relación a la energía es que comienza a haber escasez en las fuentes tradicionales de suministro.

Precios de la gasolina, en China.
Dependemos del petróleo para el funcionamiento del 90% del transporte.

El Agencia Internacional de Energía (AIE) dice que la demanda de energía en el mundo va a aumentar casi un 60% para 2030, en relación a los parámetros de 2002, y que la mayoría del suministro aún dependerá de las reservas de hidrocarburos.

El 90% del transporte, además del acceso a la fabricación de alimentos, medicamentos, químicos y toda la base de la vida moderna depende del petróleo.

Expertos de la industria petrolera estiman que las reservas actuales sólo servirán para cubrir las necesidades de los próximos 40 años.

Las opiniones sobre las perspectivas de encontrar más yacimientos, que puedan ser explotados, son variadas.

Los pesimistas pronostican una caída en la producción dentro de los próximos 15 años, mientras que los optimistas creen que los problemas llegarán luego de que transcurran unos 100 años.

Creen, de todos modos, que la suba de los precios puede estimular el desarrollo de fuentes alternativas de generación de energía.

El gas, una de las variables más frecuentes para reemplazar al petróleo, tampoco perdurará de modo indefinido.

Aún hay una importante disponibilidad de carbón pero, por el momento, no se conoce ningún modo de utilizarlo no que provoque altos niveles de contaminación.

Señales de alarma

No todas las personas, sin embargo, dependen del gas, petróleo o carbón. Cerca de un tercio del total de la población mundial -que supera los 6.000 millones- no tienen electricidad u otra fuente de energía moderna y otro tercio sólo tiene acceso limitado.

Cerca de 2,5 millones de personas disponen sólo de leña u otro tipo de biomasa para producir energía, que en general afecta al medioambiente y a la salud.

Ese es el segundo problema, más allá de que sea comprensible que quieran usar los beneficios de una fuente de energía barata para mejorar sus vidas.

Si cada habitante de un país en vías de desarrollo usara una cantidad de energía similar promedio en países ricos, el consumo de las naciones en desarrollo aumentaría ocho veces para 2050.

Ya hay señales en ese sentido. En la primera mitad de 2003, la venta de automóviles en China creció un 82% en relación a los niveles de 2002. Eso implica el aumento del consumo de energía, que se espera que se duplique para 2024.

En la última década, el uso de petróleo en Estados Unidos aumentó a cerca de 2,7 millones de barriles diarios, lo que supera el consumo de India y Pakistán juntos.

Cruzando continentes

El lugar de donde proviene la energía es el tercer problema, ya que las fuentes suelen estar lejos de los lugares de consumo.

Carbón
Hay gran disponibilidad de carbón pero su uso contamina el medioambiente.

Un par de siglos atrás, se dependía del combustible que se pudiera encontrar a una corta distancia del lugar de asentamiento.

Pero, ahora, la energía viaja largas distancias y llega a cruzar continentes enteros, además de fronteras políticas y culturales.

Estas distancias crean una variedad de desafíos, desde la inestabilidad política que se pueda desprender a raíz de asuntos relacionados con el petróleo, hasta los riesgos para el medioambiente que implica la existencia de oleoductos de gran longitud.

Pero aún si hubiera energía suficiente para abastecer a todos los que la requieran, seguiríamos frente a otro problema: cómo usarla sin dañar el medioambiente.

Evaluando el costo

La amenaza más obvia es que la combustión de hidrocarburos está alentando el cambio climático y el calentamiento de la Tierra.

En la lista de costos hay que agregar la contaminación del aire y el agua, los perjuicios a la salud, las lluvias ácidas, la deforestación y la alteración de estilos de vida.

El fenómeno envuelve a uno de los máximos círculos viciosos del planeta.

El acceso general a energía barata es esencial para acabar con la pobreza. Pero las perspectivas de que eso sea posible no son muy alentadoras y no debería ser así.

Lo que debemos hacer es decidir que vamos a llegar a la meta y diseñar un plan.

Eso seguramente incluirá incrementar el uso de energías renovables y de fuentes naturales inagotables, como el Sol y los mares.

¿Energía nuclear?

Smog en el cielo de Kuala Lumpur, Malasia.
La contaminación del aire es uno de los mayores problemas, asociado al consumo de energía.

Una alternativa clave para los vehículos, que no genera contaminación, puede ser el hidrógeno, del cual hay gran disponibilidad, ya que es uno de los componentes del agua.

Pero se necesita mucha energía para producir hidrógeno a partir del agua, por lo cual no se va a convertir en una alternativa por sí mismo hasta que se disponga de una gran infraestructura de fuentes de energía renovables para desarrollar el proceso.

Algunos analistas consideran que se va a necesitar energía nuclear para cubrir el paso de la situación actual hasta el inicio del reino de las fuentes renovables.

Un grupo de ambientalistas no ven con mucho agrado esta posibilidad porque le temen a los peligros del desecho de basura radioactiva y los riesgos de accidentes.

La fusión nuclear -un nuevo método para lograr energía basado en la combinación de átomos más que en su separación- podría estar disponible para 2040, pero ése es un plazo muy lejano.

Sin embargo, podemos hacer un uso más eficiente de la energía. Por ejemplo, se la puede usar para dos tareas a la vez, como calefaccionar y hacer funcionar una planta industrial.

Podemos instalar generadores de energía en los techos de nuestras propias casas, con paneles solares o turbinas sensibles al viento del tamaño de una antena satelital.

Casi se puede decir que la crisis energética es solucionable. Pero la salida requiere de un cambio muy significativo de mentalidad, tanto en quienes se encargan del diseño de la políticas, como de los consumidores.




 

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