La cara de un voluntario (izquierda) fue combinada con la de otro sujeto (centro) para producir una composición con rasgos comunes (derecha).
Lejos de ser atraídas por los opuestos, las personas tienden a elegir amigos que se les parecen físicamente, sugiere una investigación científica.
Sin embargo, la psicóloga Lisa DeBruine asegura que la similitud facial no es decisiva cuando se está buscando a una pareja.
Su teoría es que los humanos hemos evolucionado de manera que preferimos la compañía de aquellos que nos recuerdan a nuestra familia, aunque tenemos un especie de bloqueo biológico para prevenir el incesto.
Su estudio ha sido publicado por la revista científica Journal of the Royal Society.
Los investigadores mostraron a hombres y mujeres que se ofrecieron como voluntarios, imágenes faciales que previamente habían sido manipuladas para producir una "semblanza familiar".
Tanto hombres como mujeres prefirieron las caras de sus pares que se parecían a la propia.
Pero no sintieron la misma atracción por sus similares a la hora de elegir entre las imágenes del sexo opuesto.
Confianza
DeBruine, de la Universidad McMaster de Canadá, señaló que investigaciones previas ya habían mostrado que la gente tiende a confiar más en otros que se parecen a ellos mismos.
En una de ellas, donde dos personas jugaban a invertir dinero por Internet mientras se veía una foto del otro, los participantes tendían a confiar más cuando la imagen del compañero de juego había sido retocada para parecerse a ellos mismos.
La científica cree que es posible que hayamos evolucionado de tal forma de poner más confianza y tener más simpatía por quienes podrían tener alguna relación con nosotros, pues es mayor la probabilidad de que compartan los mismos genes.
Formar lazos de esta manera puede haber aumentado las posibilidades de prosperar en términos evolutivos, y por ello, de pasar los propios genes a la próxima generación.
El profesor David Perett, del Laboratorio de Percepciones de la Universidad Saint Andrews, dijo a la BBC que "es muy probable que gente que se parece a otra comparta los mismos genes".
"Y tiene sentido intentar ayudar a los similares, pues, en efecto, es como estar ayudando a los propios genes".
Sin embargo, Perett dijo que era importante que los individuos no sintieran instintivamente una atracción sexual por otros que se les parezcan, pues esto incrementaría significativamente el riesgo de enfermedades y desórdenes genéticos.
"Deberíamos confiar en la gente que comparte nuestros genes y construir relaciones de amistad, pero nunca irnos a la cama con ellos", advirtió.