Algunos la ven como fuente de inspiración romántica, otros como compañía en noches solitarias.
Algunos científicos quieren instalar telescopios en la Luna.
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En esos roles, la Luna no es objeto de cuestionamientos.
Pero al hablar de su potencial científico, las posiciones están claramente divididas.
Dentro del debate de los investigadores del espacio, hay dos posibles roles para el satélite natural de la Tierra.
Hay quienes lo postulan como posible base para telescopios astronómicos y como estación para enviar cohetes a Marte.
Ambas propuestas reúnen posiciones encontradas dentro de la comunidad científica.
El ojo lunar
La posibilidad de que la Luna sea punto de apoyo para telescopios que permitan estudiar el cosmos, se basa en que -a diferencia de otros sitios- ofrece gravedad y suelo.
Uno de los grandes promotores de esta postulación es el Instituto de Estudios Planetarios y Lunares en Texas, Estados Unidos.
Científicos de esa institución aseguran que, durante el día lunar, el lado oculto del satélite puede ofrecer una observación protegida de las interferencias electromagnéticas que provocan desarrollos tecnológicos con base en la Tierra.
Muchos investigadores creen que se podrían lanzar cohetes a Marte, desde la superficie lunar.
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Pero esa posibilidad es cuestionada por otros miembros de la comunidad científica, como Daniel Lester, del Observatorio McDonald, de la Universidad de Texas.
Según Lester, las condiciones físicas de la Luna, como la gran presencia de polvo, provocarían interferencia en la óptica de los telescopios.
Posible estación
Otro de los posibles destinos de la Luna es que se convierta en una base de lanzamiento de cohetes a Marte.
Se piensa que el hielo lunar puede usarse como combustible de propulsión para las naves.
El Instituto de Estudios Planetarios y Lunares apoya esta alternativa.
Los opositores a la propuesta, como Donald Campbell, de la Universidad de Cornell, argumentan que el acceso a los depósitos de agua congelada no es una tarea fácil.
Según explica el investigador, los hielos lunares se deberían buscar en las profundidades de cráteres extremadamente fríos y oscuros, en los polos del satélite.
El debate sigue vigente y promete una larga polémica hasta que se pueda decidir qué harán con la Luna quienes habitan el mundo de la ciencia.