Muy parecidos, pero muy diferentes.
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No es noticia que los simios son nuestros primos más cercanos del mundo animal. El desafío ahora es encontrar en qué somos diferentes.
Un equipo de científicos alemanes puso manos a la obra para investigar ese 1,2% del genoma que distingue a ambas especies.
De acuerdo con el director del proyecto, Svante Paabo, del Instituto Max Planck, la clave está en el proceso determinado por los genes durante el crecimiento.
Por lo tanto, el estudio se centra en investigar qué genes participan, y cómo y cuando se manifiestan, en particular en la formación del cerebro.
Desde su laboratorio en Leipzig, Alemania, Paabo explica que "lo que hemos hecho ahora es observar las actividades cerebrales de los chimpancés, los orangutanes y los macacos, para luego compararla con la de los humanos."
"La sorpresa", agrega, "es que hemos encontrado muchas diferencias".
Notas cerebrales
El hecho es que, no importa qué sector del cerebro se estudie, la diferencia de los genes humanos y simios que intervienen en esas áreas es del 10%.
Los científicos han tratado de elaborar modelos matemáticos que representen la "partitura" tocada por los genes, de forma de poder identificar aquellas "notas" que puedan haberse acentuado en una especie u otra por medio de la selección natural.
También se han constatado pequeñas pero importantes diferencias entre algunos genes en particular.
Por ejemplo, el equipo del Instituto Max Planck encontró dos variantes en un gen denominado FoxP2, que se cree determina el habla y el lenguaje.
Asimismo, los chimpancés, por ejemplo, poseen un olfato mucho más agudo que el de los humanos, por lo que no ha sido sorpresa descubrir que también hay pequeñas diferencias en los genes que establecen ese sentido.
"El gen vinculado al desarrollo del olfato tiene las instrucciones para la formación de los sensores en nuestras narinas, y hemos descubierto que, tras cada generación, cada vez perdemos más, lo que implica que cada vez tenemos menos olfato", explica Paabo.
"Entonces, de la misma forma que nuestro manejo del lenguaje ha mejorado en los últimos 200.000 años, nuestro olfato se ha deteriorado", agrega el científico.
Es probable que haya otras diferencias sutiles en otras áreas, y que, en su conjunto, sirvan para explicar los distintos caminos evolutivos de los humanos y los simios.
En este sentido, existe particular interés en aquellas características de nuestros primos que los hacen inmunes a varias enfermedades e infecciones que afectan a los humanos, como la malaria y el SIDA.
En este caso, el resultado permitirá el eventual desarrollo de mejores medicamentos.