El cerebro controla la percepción del paso del tiempo.
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Un grupo de científicos publicó una teoría que explica por qué vuela el tiempo cuando la pasamos bien y se alaaarga cuando estamos aburridos.
Y la respuesta -por supuesto-, está en el cerebro.
Algunos estudios por resonancia magnética muestran que la actividad cerebral cambia dependiendo del tipo de actividad que hagamos o en qué estamos concentrados.
La investigación, realizada por el Laboratorio Francés de Neurobiología y Cognición, fue publicada en la revista Science.
En el estudio, doce voluntarios miraron una imagen mientras investigadores observaban sus cerebros usando escáneres MRI (visualización por resonancia magnética).
Los voluntarios cumplieron con diferentes pruebas. En una de ellas debieron concentrarse en la duración de una imagen. En otra se les pidió enfocarse en un color y en la tercera se les solicitó concentrarse en ambos.
Los resultados mostraron que una red de zonas cerebrales se activaba cuando los voluntarios prestaban mayor atención a la duración.
Concentración
Ahora se cree que si el cerebro está ocupado concentrándose en varios aspectos de una prueba, presta menos atención al paso del tiempo.
De ese modo, el tiempo parece volar sin que nos demos cuenta.
Sin embargo, si no se estimula al cerebro de esa manera, concentra todas sus energías en registrar el paso del tiempo.
Ahí es cuando sentimos que las horas se hacen eternas, pero probablemente es una percepción más cercana a la realidad.
De hecho, los investigadores encontraron que, mientras más se concentraban en la duración de las imágenes, más exactos eran los estimativos de los voluntarios sobre el paso del tiempo.
Así que ya saben, cuando deseen que el tiempo pase volando, concéntrense en varias cosas al mismo tiempo.