Los organismos vivos de la Antártida se encuentran en peligro debido a su creciente explotación incontrolada, que los ha convertido en el foco de una especie de "fiebre del oro" contemporánea.
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Los esfuerzos para explotar estas nuevas posibilidades, amenazan con superar la capacidad de las leyes nacionales e internacionales para regular la propiedad de los materiales, las patentes, y las potenciales consecuencias para el medio ambiente
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Estos organismos, en su terminología científica "extremófilos", tienen la capacidad de adaptarse a las condiciones climáticas más extremas.
Las asombrosas características de los "extremófilos" hacen que las compañías farmacéuticas tengan enorme interés en ellos.
Sin embargo, el problema radica que no existe ninguna normativa para proteger el medio ambiente antártico.
La Universidad de la Organización de las Naciones Unidas preparó un estudio analizando la situación, cuyos resultados serán presentados en la Convención de la ONU sobre Diversidad Biológica, a celebrarse en Kuala Lampur, Malasia, el próximo 9 de febrero.
Según indica el informe, los investigadores están explorando distintas materiales biológicos de la Antártida, entre ellos una glicoproteína que se encuentra en los peces que habitan el continente helado que evita su congelamiento.
Otros promisorios descubrimientos es un extracto de alga verde para usos cosméticos y una variante de levadura que con propiedades anti-tumorales.
"Fiebre del oro"
Pero el problema, señala el informe, es que la investigación en este ámbito puede ser una repetición de la situación creada por la "fiebre del oro" del siglo XIX.
Actualmente la investigación se basa en la cooperación.
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El informe sugiere que "los esfuerzos para explotar estas nuevas posibilidades, amenazan con superar la capacidad de las leyes nacionales e internacionales para regular la propiedad de los materiales, las patentes, y las potenciales consecuencias para el medio ambiente".
Hasta el momento la bioprospección ha sido el trabajo de un consorcio de organizaciones públicas y privadas, como universidades y corporaciones farmacéuticas.
Esto, señal el informe, "ha hecho difícil establecer una línea clara entre la investigación científica y las actividades comerciales".
Según Sam Johnson, uno de los autores del reporte, la búsqueda de "extremófilos" amenaza el carácter distintivo de la investigación científica en al Antártida marcado por la transparencia y la cooperación.