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Miércoles, 28 de agosto de 2002 - 22:00 GMT
Loro que habla, historia que enseña
![]() "Aumentar las ganancias ... para dar valor al bosque" (foto gentileza de Pedro Flombaum).
Mientras cerca de 40.000 delegados participan en Johannesburgo de la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible, un proyecto pionero en Argentina muestra el camino de lo posible.
En noreste del país, cientos de árboles eran derribados para atrapar pichones de loro hablador, especie comercializada en el mercado interno y externo. La inquietud de los biólogos Ricardo Banchs y Flavio Moschione dio lugar a un proyecto que permitió multiplicar el ingreso de las comunidades indígenas, conservar la fauna y la flora y crear tres reservas de casi 400 kilómetros cuadrados. BBC Mundo invitó a Ricardo Banchs a explicar este "caso puntual y ejemplo pequeño", que hace pensar que "existen caminos posibles para congeniar el desarrollo humano y la conservación de la naturaleza".
En los países en desarrollo -particularmente en la Argentina- la mayor causa de destrucción de ecosistemas ha sido y es su degradación o reemplazo total por sistemas productivos tradicionales (agricultura, ganadería, explotación forestal, etc.). Se busca incrementar la producción para compensar una crisis económica que no cesa de profundizarse.
La crisis del tanino dejó tras de sí un bosque degradado y más de 50.000 personas sin trabajo. Actualmente, el avance de la frontera agropecuaria se traduce en cientos de miles de hectáreas de bosque nativo que se eliminan cada año y en cientos de personas, sin posesión de tierras, que deben desplazarse hacia sectores aún no utilizados. Al mismo tiempo, el Estado cada año dispone de menos tierras fiscales para crear áreas naturales protegidas y menos recursos para instrumentarlas y mantenerlas. El gran desafío es concretar proyectos de conservación de la naturaleza en base al aprovechamiento sustentable de especies silvestres. El caso del loro hablador En 1989, cuando comenzamos la primera etapa del Proyecto Elé, la urgencia era responder a la falta de manejo que sufría el loro hablador, especie que se comercializó durante esa década en el mercado interno y de exportación a razón de más de 60.000 ejemplares por año. Entre otras consecuencias negativas, la extracción de pichones se realizaba, en mayoría de los casos, derribando árboles-nido y con una alta mortalidad por falta de alimentación y cuidados sanitarios. A medida que avanzamos en la investigación, resultó evidente que el problema no se solucionaba con prohibir el comercio de esta especie.
En la actualidad, se recolectan unos 2.000 pichones de loro al año en base a cuotas relacionadas con la superficie de los predios. Estos predios están bajo propiedad (o responsabilidad) de indígenas o campesinos criollos que, al obtener seis a siete veces más ganancia por ejemplar, pueden incluso comprar las tierras donde viven. Cuando es necesario, el proyecto les suministra un equipo de sogas y arneses para subir a los árboles y alimento apropiado para los pichones que han recolectado. Existe una fuerte reinversión de las ganancias por parte de los exportadores que, a través de un fondo especial, financian los controles del sistema, investigaciones científicas para mejorar el manejo y tres reservas de hábitat de la especie que suman casi 400 km2. Los tres principios Gradualmente se cumplió con los tres principios del desarrollo sustentable: sustentabilidad biológica, social, y económica. A partir del funcionamiento del Proyecto Elé, y dentro de los mismos predios, estamos comenzando a instrumentar varios proyectos similares de aprovechamiento de otras especies de fauna y flora silvestres.
Aunque tardamos varios años en llegar a implementar este plan, resultó ser una solución básicamente práctica, cuyo funcionamiento no está establecido de manera definitiva sino que es continuamente revisado y modificado. Aunque es un caso puntual y un ejemplo pequeño, el hecho de que este plan se haya podido concretar en un país con una gran inestabilidad política y económica hace pensar que existen caminos posibles para congeniar el desarrollo humano y la conservación de la naturaleza. Falta sumar más proyectos similares en la misma área, integrarlos en una planificación regional y, esencialmente, que los consumidores (personas y países) asuman la responsabilidad de diferenciar los productos obtenidos de manera sostenible de los que no. En este sentido, las certificadoras ambientales deberán cumplir un papel importante. Aunque los que trabajamos en este proyecto preferimos ver los loros en libertad, sabemos muy bien que quien compre uno de los loros cuya extracción regulamos y controlamos, aportará a la conservación del chaco argentino y su gente. Pero seguimos ignorando qué superficie de pastizales naturales debieron inundarse para cultivar el arroz que comimos en la cena de ayer o en dónde se talaron los bosques donde se cosechó el algodón de la camisa con la que nos vestimos esta mañana. |
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