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Sábado, 27 de julio de 2002 - 12:44 GMT
Nuevos retos lunares
![]() Algunos creen que eventualmente podría existir una industria lunar.
Treinta años después de la última visita a la Luna, diversas agencias espaciales tienen los ojos puestos en el satélite terrestre.
Por una parte, Europa planea enviar una nave no tripulada a estudiar la superficie lunar en 2003. La misión, que lleva por nombre Smart-1, sobrevolará los lugares de alunizaje de las naves Apolo. Mientras tanto, en Estados Unidos los científicos están pidiendo que la Nasa considere seriamente el envío de naves e incluso astronautas. China no se queda atrás y ha dicho que estaría en capacidad de lanzar un cohete tripulado al espacio antes de 2005, con el objetivo ulterior de enviar una misión a la Luna. Fósiles terrestres Parte del renovado interés por la exploración lunar tiene que ver con el deseo de entender los orígenes de la Tierra.
Muchos científicos creen que el polvo lunar contiene restos de rocas que fueron expulsadas de la superficie terrestre por cometas y asteroides, hace cuatro mil millones de años. Según un equipo de científicos estadounidenses, los cráteres lunares podrían incluso tener fósiles de los microbios más antiguos de la Tierra. "Lo más emocionante sería descubrir fósiles conservados o incluso fragmentos orgánicos originales de vida primitiva", señaló a la BBC Guillermo González, profesor asistente de física y astronomía en la Universidad del Estado de Iowa. Para John Armstrong, investigador de la Universidad de Washington, la mejor opción para encontrar fósiles en la luna es la utilización de robots. Sin embargo aclara que recoger rocas que tengan relación con la Tierra puede ser un trabajo más propicio para astronautas. "Pueden observar una superficie y descubrir rocas que son distintas mejor que un robot", apuntó Armstrong. Nueva tecnología La próxima oportunidad para regresar a la Luna es a comienzos de 2003, cuando la Agencia Espacial Europea lance su misión Smart-1.
El principal objetivo es probar un nuevo tipo de tecnología -propulsión eléctrica solar- que podría servir para futuras misiones de mayores distancias espaciales. Como parte de su misión, Smart-1 intentará responder preguntas sobre la formación de la Luna y su relación con la Tierra. Orión, el módulo lunar que descendió del Apolo 16 el 21 de abril de 1972, llevó seis cámaras portátiles para fotografiar la superficie lunar. Smart-1 tendrá a su disposición las técnicas más modernas de imágenes de rayos X e infrarrojos para lograr reproducciones más precisas. Por otra parte, las muestras recogidas por los astronautas del proyecto Apolo fueron tomadas de sitios muy específicos de la superficie lunar que no necesariamente representan la totalidad del satélite. "Lo que queremos con la misión Smart-1 es ver la composición de toda la Luna", resaltó la doctora Sara Russell, una investigadora de meteoritos del Museo de Historia Natural de Londres. |
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