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Lunes, 11 de febrero de 2002 - 13:49 GMT
El largo viaje de Chernobyl a Cuba
Vladimir Pokanevich y otros niños llegados de Ucrania.
Vladimir, de 4 años, es una de las víctimas más jóvenes del desastre de Chernobyl. Nació 12 años despúes del accidente.
Escribe Fernando Ravsberg, corresponsal de la BBC en Cuba

Llegaron al mundo con un cruel destino marcando sus vidas: convertirse en víctimas de un accidente que ocurrió muchos años atrás en una central nuclear: son los niños de Chernobyl.

Yulia Vogatiriova sufre de soriasis
Yulia Vogatiriova sufre de soriasis y no quiere regresar a Ucrania.
Algunos de ellos como Vladimir tienen apenas 4 años, sus padres ni siquiera se conocían en 1986 pero: "la vida radiactiva del Celsius 137 es de 70 años", nos dice la doctora Ester Martínez, vicedirectora del Hospital Pediátrico.

El centro funciona desde el mismo año del accidente en que se comenzó a atender a los niños afectados por el siniestro. La atención continúa en la medida en que sigue aumentando el número de víctimas.

A lo largo de estos 16 años, 17 mil de estos niños han pasado por Cuba para recibir atención gratuita a sus enfermedades, tantas, tan variadas, tan letales y tan crueles que hasta preguntar resulta doloroso.

Balneario convertido en hospital

En la clínica nos explican que más allá de las víctimas inmediatas del accidente, el efecto radiactivo persiste y el peso psicológico actúa como detonante de enfermedades como la soriasis.

Miles de niños han sido y son atendidos de tumores, leucemia, melanomas, soriasis y alopecia; se han realizado cientos de operaciones, transplantes de médula y prolongados tratamientos.

Vladimir Grigurko.
Vladimir Grigurko ya ha sido operado en Cuba cuatro veces.
Los niños viven en Tarara, en chalets frente al mar, en un balneario a 20 kilómetros de La Habana, que antes de 1959 perteneció a los poderosos del país y después fue una colonia de vacaciones para las escuelas primarias.

Cuando el tratamiento lo requiere o cuando hay que realizar alguna operación son trasladados a los diferentes hospitales especializados de la capital y atendidos por los médicos más expertos del país.

Único salvavidas

"Este es mi segundo viaje a Cuba y me han realizado ya cuatro operaciones en las piernas y en los brazos", nos cuenta Vladimir Grigurko de 16 años y agradece a los médicos cubanos explicando que en Ukrania no podía pagarlas.

Vladimir con Fernando Ravsberg.
El pequeño Vladimir "cautivó" a nuestro corresponsal.
Yulia Vogatiriova tiene que regresar a su país la próxima semana; sin embargo, nos dice que no quiere volver porque "allí mis padres no tienen dinero para el tratamiento y aquí tengo todo lo que me hace falta".

Con Vladimir Pokanevich de 4 años no tuvimos el valor de preguntar sobre la enfermedad que lo aqueja, era el único que no hablaba español pero desde que llegamos fue nuestro asistente y la mascota del equipo de la BBC.

Todos ellos agradecen a Cuba su solidaridad, lo repiten ante cada pregunta de la entrevista como si temieran que su única tabla de salvación dejara de flotar y se hundiera junto a la esperanza de sanar.

La ayuda continuará

"Estos niños nacen en un ambiente contaminado y además enfrentan el efecto psicológico -transmitido de padres a hijos- del accidente", nos dice la doctora Ester Martínez, para explicar por qué siguen atendiéndolos.

La doctora Ester Martínez.
La doctora Ester Martínez asegura que Cuba seguirá tratando a estos niños.
Existe una especie de síndrome por el que "todos los problemas sociales, familiares, económicos y de salud se lo achacan al accidente nuclear" por lo que viven sumidos en un alto grado de estrés.

"Cuba seguirá dando esta asistencia gratuita" nos asegura la doctora Martínez, para quien lo más agradable de este trabajo "es la sonrisa de los niños cuando montan curados en el avión que los llevará de regreso".

¿Y los momentos mas desagradables?, "lo más desagradable es que algunas veces no podemos resolverlo todo", nos contesta por primera vez sin sonreír.


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