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Jueves, 29 de marzo de 2001 - 15:12 GMT
Informática para todos
![]() En las escuelas no sólo se enseña computación, sino también cómo enfrentar la realidad (Gentileza del CDI).
Escribe el corresponsal de la BBC en Washington, Javier Lizarzaburu
En 2001, varios países de América Latina verán la expansión de un singular proyecto de educación que ha tomado por sorpresa a bancos, gobiernos y empresas privadas. Y todo a través del uso de computadoras. El Centro para la Democratización de la Computación (CDI, según sus siglas en portugués) es un proyecto creado en 1995 por Rodrigo Baggio en Brasil. El sorprendente éxito de su modelo ha inspirado el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que ha comenzado a aplicar la idea en otros países de la región. Este año, países como Colombia, México y posiblemente Perú se unirán a la cadena de experimentos que, todos creen, han dado buenos resultados en el país de origen. Recientemente, el BID patrocinó una reunión en Washington con el fin de conseguir mayor apoyo empresarial para la expansión de este proyecto en el continente. Allí, la BBC conversó con el cerebro del modelo. Éxito y responsabilidad
Este es el lema que guió el desarrollo de un sueño, como dijo a la BBC Rodrigo Baggio, de 32 años. Baggio pertenece a la nueva generación de los llamados "empresarios sociales" o profesionales guiados no sólo por el afán de lucro, sino por un sentido de responsabilidad con la sociedad. Y tiene antecedentes. Hijo de un exitoso ejecutivo de IBM, en 1994 abandonó la universidad y lanzó una campaña para que las empresas donaran computadoras usadas a las comunidades pobres. Luego comenzó a dar clases de informática en una favela de Río de Janeiro, donde en 1995 se graduó el primer grupo y seis estudiantes quedaron como profesores. Como resultado, numerosos vecindarios pobres empezaron a llamarlo y Baggio obtuvo el respaldo de importantes compañías. Quienes conocen de cerca este modelo señalan que hubiese sido fácil quedarse con palabras simples como "deber". Pero en el caso del CDI, sus credenciales no son cuestionadas. En Brasil, más de 60.000 jóvenes han sido formados en las escuelas de informática y ciudadanía. División económica El proyecto está destinado a personas, en su mayoría jóvenes, de barrios pobres y marginales.
Pero este proyecto educativo va más allá. En los planes de su fundador también figura la formación de ciudadanos. Para ello, las escuelas dictan clases sobre valores sociales y análisis de realidad, además de cursos sobre el manejo de sistemas. Baggio comentó que hay tres elementos que explican el éxito del proyecto: tecnología, autogestión y filosofía. En cuanto al primero, indicó que "la tecnología es la herramienta actual de la nueva economía; los periódicos y la televisión siempre están hablando del tema", lo cual contribuye de manera crucial a atraer miles de estudiantes. Eficiencia Por otra parte, Baggio señaló que el modelo de trabajo que tienen es muy eficiente: "Las escuelas deben ser autosustentables y autogerenciadas". Es importante, añadió, que los maestros sean jóvenes que vivan en la comunidad donde han sido formados.
Con una mensualidad simbólica, las escuelas cuentan con los recursos para pagar a los profesores y el mantenimiento de los equipos. El tercer motivo del éxito es "nuestra propuesta político-pedagógica; nosotros enseñamos tecnología asociándola con una discusión sobre la realidad de la comunidad", según Rodrigo Baggio. Los temas incluyen, entre otros: ciudadanía, derechos humanos, sexualidad y no violencia. En el transcurso de la entrevista, el fundador de CDI explicó que una fuente de inspiración fueron las enseñanzas de Paulo Freire, un controvertido educador de los años 60 perseguido por el gobierno militar brasileño de esa época. Análisis de la realidad "Paulo Freire habló sobre la importancia de alfabetizar por medio del análisis de la realidad social y política que se vive", aclaró. "Por eso podemos formar personas críticas, verdaderos ciudadanos activos", añadió. La propuesta empezó a llamar la atención de organizaciones privadas, la industria y el gobierno.
Por su parte, Microsoft donó más de US$4 millones en equipos. Según Baggio, las empresas privadas están interesadas en su propuesta porque aparece como una alternativa sencilla, barata y eficiente para combatir la pobreza y el desempleo. Para él, muchas compañías finalmente comprendieron que un cambio profundo en la sociedad debe surgir de un trabajo conjunto de gobierno, sociedad civil y sector privado. Nueva exportación brasileña El modelo llamó la atención del BID, que decidió apoyarlo activamente y extenderlo a toda América Latina. ¿Pero hasta que punto el proyecto brasileño se puede adaptar al resto de la región? Según Baggio, no hay grandes obstáculos.
En Brasil, dijo, no sólo se trabaja con comunidades pobres sino también con niños de la calle, enfermos mentales, presos, prostitutas, indígenas y grupos de población negra. Según Baggio, esa diversidad es la que permite una metodología abierta, capaz de adaptarse a distintas situaciones como las que existen en América Latina. Recientemente, la revista Newsinternacional publicó un artículo sobre este tema y ahí citan el testimonio de una joven de 17 años, que de vivir en las calles de Río de Janeiro pasó a ser instructora, después de tomar estos cursos. "Se podría decir que la computadora me ayudó a enderezar mi vida", comentó. |
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