El gobierno de Birmania aceptó en esta oportunidad el ofrecimiento de ayuda de la comunidad internacional.
Cientos de miles de birmanos perdieron sus hogares y no tienen acceso a agua potable.
La junta militar que gobierna el país declaró zona de desastre cinco estados. En Rangún, la antigua capital, escasean el agua potable y los alimentos.
Miles de edificios quedaron derribados hasta los cimientos; el tendido eléctrico está destrozado y las calles resultaron bloqueadas por los árboles caídos.
El ciclón Nargis alcanzó categoría tres con vientos de entre 190 y 240 kilómetros por hora. En un gesto inusual, el país ha aceptado la ayuda internacional.
La ONU no ha podido estimar cuántas personas resultaron damnificadas, por la magnitud de los destrozos en los caminos y en los sistemas de comunicación.
Se cree, sin embargo, que varios cientos de miles de personas requieren albergues y agua potable. Además, se repartirán alimentos, frazadas y medicamentos.
Distintos grupos ya se han movilizado para colaborar en las tareas de reconstrucción, entre ellos estos monjes budistas de Rangún.
Birmania está gobernada por una junta militar desde 1962, y es uno de los países más pobres de la región.
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