Ramiro Trost, colaborador de BBC Mundo en Asia, comparte el álbum de sus visitas a Birmania, en 2006 y 2007, justo antes de que se desataran las protestas contra el gobierno.
A pesar de que Birmania -rebautizada Myanmar en 1989- es un país rico en recursos naturales, la mayoría de la gente vive en la pobreza.
El pueblo birmano, profundamente religioso, vive bajo el gobierno de una junta militar desde hace más de 40 años.
Cerca del 90% de la población es budista, y los monjes vestidos de azafrán pidiendo limosna son una estampa corriente a la vera de los caminos.
El país de las mil pagodas de oro tiene tantos monjes budistas como soldados en el ejército. Esta anciana fervorosa prepara ofrendas para llevar al templo de Buda.
A la ciudad de Bagan se llega a pie o en carreta. Allí, los templos se ven de a cientos, por lo cual a Bagan la han convertido en Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Un atardecer sobre las pagodas que el colaborador de la BBC jamás olvidará.
Los autobuses de Rangún merecen un capítulo aparte. Circulan a velocidad de carrera, despidiendo un humo denso y con los pasajeros colgando de las ventanillas.
Rangún mantiene su aspecto colonial británico, con imponentes edificios derruidos, a excepción de los gubernamentales.
Funcionarias se agolpan en el camión que las conducirá a casa, por calles donde abundan las recomendaciones del gobierno.
En este país, donde constrastan lo antiguo y lo nuevo, los ruidos y los silencios, las últimas elecciones libres se realizaron en 1990. Los resultados no fueron respetados por la junta.
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