El ex presidente de Rusia Boris Yeltsin, a quien le dan el crédito de haber destruido la Unión Soviética, murió en Moscú a los 76 años de edad.
En 1988, dos años después de haber sido transferido a un alto cargo en Moscú, renunció al buró político. Poco después, para escándalo de los comunistas, fue elegido al parlamento.
En agosto de 1991, sectores conservadores intentaron un golpe de estado contra el presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov.
Yeltsin, como presidente de la Federación Rusa, se opuso al golpe y ayudó a Gorbachov, su antiguo benefactor, a regresar al poder.
Sin embargo, utilizó el fallido golpe para desacreditar tanto a Gorbachov como a los golpistas. Su próximo paso fue prohibir el Partido Comunista. Antes de fin de año, la Unión Soviética dejó de existir.
Como resultado, el primer líder electo de Rusia como república soviética se convirtió en presidente del estado independiente que resultó de la desintegración de la URSS.
Pronto Yeltsin se convirtió en un importante interlocutor de la política internacional, aunque muchos rusos se avergonzaban por su desempeño a ese nivel.
Durante su enérgica campaña de reelección en 1996 sufrió un infarto, pero fue objeto de una exitosa operación de quíntuple bypass al corazón.
Su comportamiento errático -según algunos debido a beber demasiado alcohol- contribuyó a que perdiera popularidad. Renunció en 1999 y le traspasó el poder al primer ministro, Vladimir Putin.
Desde ese momento se le vio muy pocas veces en público. Muchos rusos lo recuerdan con cariño, pero otros lo acusan de haber sido el causante de muchos de sus males.
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