El Titicaca es el más alto lago navegable del mundo. Las comunidades indígenas peruanas y bolivianas que viven en él y a su alrededor lo consideran sagrado. Cada 5 de noviembre, en Puno, Perú, recuerdan un mito sobre el origen de los incas.
El nombre del Titicaca evoca a un gato montés, "titi" en la lengua aymara, que visitaba una roca, "caca" en quechua, en una isla del lago. Cuentan que, debido al brillo de sus ojos, los antiguos habitantes de la zona creían que ahí vivía el Sol.
El mito que ahora celebran en Puno también está relacionado con el Sol y fue contado, o según algunos inventado, por el escritor e historiador peruano Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616).
Según la tradición, la divinidad creadora de los incas, el dios solar Viracocha, vivía en las profundidades del Titicaca y les ordenó a sus hijos Manco Cápac y Mama Ocllo abandonar el lago e ir a fundar la dinastía inca.
Ahora, coincidiendo con las celebraciones por la fundación de Puno, Manco Cápac y su hermana llegan en una embarcación tradicional llamada caballito de totora a las orillas del lago, donde los esperan cientos de pobladores y turistas.
Los recién llegados son recibidos con música y gritos de alegría. Después del desembarco, Manco Cápac dirige sus plegarias al Sol y a la Madre Tierra, Pachamama, la fuente de la vida, según los indígenas de la zona.
Luego saludan y bendicen a los dignatarios locales, antes de iniciar una procesión por la ciudad. Tradicionalmente, terminan el desfile en un estadio local, pero este año lo hicieron en un colegio porque el estadio está en reparación.
Al paso de la procesión, muchos de los indígenas de las comunidades locales le piden fervorosamente a Manco Cápac que interceda por la fertilidad de sus tierras. Él les lanza semillas y vegetales. La ceremonia dura varias horas.
Detrás de la comitiva real, diversos grupos indígenas, entre ellos algunos de las comunidades que viven en las islas del lago Titicaca, tocan música y bailan divertidas danzas tradicionales.
Según el mito, Manco Cápac y Mama Ocllo tenían que viajar hacia el norte del lago, hasta que pudieran hundir completamente en el suelo la vara de oro que llevaban, lo que les indicaría que se trataba de una zona de gran fertilidad.
Cuando encontraron esa tierra fértil la llamaron Cuzco, "el ombligo del mundo", en quechua. Allí hoy se levanta la ciudad del mismo nombre, uno de los mayores atractivos turísticos de Perú, por su pasado inca y español.
De acuerdo a la tradición, después de establecer Cuzco, los incas se expandieron por el valle de Urubamba, donde también fundaron la ciudadela sagrada de Machu Picchu. (Textos y fotos: Manuel Toledo, BBC Mundo)
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