Un millar de personas marchó contra la violencia el sábado, en uno de los suburbios afectados por los desmanes.
El primer ministro Dominique de Villepin (izq.) convocó a una reunión de emergencia. En la imagen con Dalil Boubakeur, director de la mezquita de París.
Los bomberos tuvieron una noche intensa el viernes. Unos 900 vehículos y otras instalaciones sucumbieron a las llamas.
La violencia se expandió de su foco inicial en Clichy-sous-Bois a otras zonas en el norte y el este de la ciudad.
Decenas de vehículos fueron incendiados por jóvenes descontentos, la mayoría provenientes de comunidades norafricanas.
Los disturbios comenzaron el 27 de octubre cuando murieron dos adolescentes en Clichy, electrocutados cuando huían de la policía. Las autoridades lo niegan.
Las muertes y la violencia posterior provocaron el malestar entre los residentes, que marcharon por la zona para pedir calma.
Pero los enfrentamientos continuaron. La policía antidisturbios efectuó numerosos arrestos, incluso disparó balas de goma contra grupos de jóvenes que arrojaban proyectiles.
Representantes de los jóvenes se reunieron con el ministro del Interior Nicolas Sarkozy el 1º de noviembre. La violencia volvió a estallar paralelamente al encuentro.
Varios de los distritos suburbanos de París han sufrido una elevada tasa de desempleo y crecientes problemas sociales en los últimos años.
Bomberos y policía antidisturbios fueron desplegados en Clichy, pero la violencia brota en forma esporádica en toda la ciudad.
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