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Miércoles, 26 de septiembre de 2007 - 14:02 GMT
Misterios de la vida diaria en Birmania
Redacción BBC Mundo

Escena de Rangún.
Uno ve a la gente haciendo cola para tomar el autobús, como en cualquier otra parte.
Kate McGeown -quien estuvo en Birmania en 2006- recuerda que cuando fue a Birmania vio un camino cerrado por vehículos de la policía y custodiado por guardias armados a unos veinte minutos del aeropuerto.

Es la calle donde vive Aung San Suu Kyi, a quien los birmanos no llaman por su nombre sino que respetuosamente se refieren a ella como La Dama.

Muchos, quizá la gran mayoría, la consideran como la verdadera líder de la nación.

Más allá de esa calle, los birmanos que viven en Rangún esperan el autobús, se aglomeran en las tiendas que tienen generadores durante los cortes de energía eléctrica, juegan a la lotería, y van a las casas de té a hablar bien y mal sobre el clima y el fútbol.

Vigilancia

Desde el primer día, McGeown se dio cuenta de que la vigilaban. Como en las malas películas, el agente que la seguía pasó varios minutos leyendo un periódico que estaba de cabeza.

Mandalay.
La última capital del reino de Birmania, como la más reciente, fue hecha ex profeso.
Pero quién sabe. La maquinaria de vigilancia y los servicios de inteligencia llevan cuatro décadas perfeccionándose.

Según la agencia de noticias Efe, las fuerzas birmanas de seguridad tienen interceptados todos los sistemas de telecomunicaciones que hay en el país.

En Birmania, "estar en posesión de un radio-teléfono no declarado acarrea la detención", señala Efe.

"Y quien sea sorprendido con un teléfono satelital será acusado de alta traición y condenado a una pena mínima de 20 años de cárcel". Las computadoras e internet no son la excepción.

Los mendigos, los vendedores callejeros, los recepcionistas de hoteles, los empleados de oficinas, los taxistas y algunos estudiantes vigilan a estudiantes, diplomáticos, turistas, periodistas y empresarios extranjeros, y todos aquellos a quienes los generales consideran esbirros del imperialismo.

Efe explica que desde el inicio de las protestas más recientes los sistemas de telefonía celular están bloqueados, y señala que en el aeropuerto internacional de Yangon los aduaneros buscan computadoras, cámaras y celulares en los equipajes de los viajeros.

Las autoridades han expulsado a varias decenas de extranjeros que se detuvieron a observar o a fotografiar las manifestaciones, dice Efe.

Tiene todo y nada

Birmania es un país rico con un pueblo pobre.

Una calle de Mandalay.
Mandalay es el centro cultural y religioso del budismo en Birmania.
Tiene petróleo, maderas, estaño, antimonio, zinc, cobre, acero, tungsteno, plomo, carbón, mármoles, piedras preciosas, gas natural.

Produce arroz, legumbres, ajonjolí, maní, caña de azúcar, peces y mariscos, cemento y otros materiales de construcción, compuestos farmacéuticos, fertilizantes, ropa.

Pero sufre problemas de deforestación, la actividad industrial contamina el aire, el suelo y el agua, y la falta de medidas sanitarias y tratamiento de aguas negras contribuyen a las enfermedades.

Y padece sismos y ciclones periódicos, inundaciones y deslaves constantes, y sequías ancestrales.

Dos misterios

"Los hospitales y las escuelas de Birmania son lugares herméticos", informó McGeown. "Mucho de lo que pasa dentro de estos edificios estrechamente controlados es un misterio para el mundo externo".

Un periódico birmano.
La prensa birmana, como el resto de los medios del país, está controlada por la Junta Militar.
Muchos analistas consideran que la junta militar ha hecho muy poco en los últimos 40 años para mejorar los servicios básicos del país.

Según la Organización Mundial de la Salud, el gobierno militar de Birmania invierte US$0,60 por persona en materia de salud, lo que explica que alrededor de 150.000 niños menores de cinco años mueran anualmente debido a la malaria, infecciones respiratorias agudas y diarrea.

Birmania tiene una de las epidemias de SIDA más graves del Sureste Asiático. Algunas fuentes calculan que hay 360.000 birmanos infectados con el Virus de Inmunodeficiencia Humana, y otras calculan que verdadera cifra llega a 600.000.

No todas las noticias son malas. En años recientes, las autoridades han incrementado su cooperación con organizaciones internas y externas que luchan contra el SIDA, y el uso del condón se ha triplicado desde 1999.

El sistema educativo de Birmania es un misterio aún mayor.

El gobierno militar vigila muy de cerca escuelas y universidades porque las considera lugares de disidencia de donde han brotado alzamientos como el de agosto de 1988.

"De acuerdo con la mayor parte de los maestros que estaban dispuestos a hablar, el gobierno destina más recursos a impedir que los extraños entren a la escuela que lo que destina a educar a los niños que están ellas", señaló McGeown.

Otros profesores se quejaron de que tienen que sacar a los niños de la escuela para que vayan a agitar banderas al paso de personajes importantes.

Una capital para algunos

En noviembre de 2005, la Junta Militar anunció que iba a construir una nueva capital a 400 kilómetros de Rangún, y en marzo de 2006 comenzó la mudanza.

Paisaje birmano en la frontera con Tailandia.
El campo de Birmania es pobre pese a que produce gran parte de las exportaciones del país.
El lugar se llama Naypyidaw, que significa "Sede de Reyes". No cualquiera lo puede visitar, y menos que nadie los extranjeros, sobre todo los periodistas.

Pero tampoco los birmanos pueden ir a la nueva capital. "Poco tiempo después de inaugurada, dos reporteros de Rangún que trataron de filmar la zona fueron sentenciados a tres años de cárcel", dijo McGeown.

Sin embargo, los birmanos se refieren a Naypyidaw para explicar los continuos cortes de energía eléctrica que sufre Rangún, donde ya había un servicio errático antes de la mudanza.

La capital también se convirtió en un problema para diplomáticos y representantes de organizaciones no gubernamentales.

"Todo toma el doble de tiempo porque hay que ir de Rangún hasta allá para que sellen los documentos", le reveló a McGeown un diplomático que aseguró haber visto contenedores varados en los puertos porque ningún funcionario había firmado la documentación.

Una calle de Rangún.
Las calles de las ciudades birmanas están llenas de vendedores ambulantes y sorpresas.
McGeown también notó que algo había cambiado en Rangún, pero no supo qué era hasta que un comerciante le contó que cuando fue a una reunión al ministerio de Cultura encontró un edifico casi vacío en el que había algunos perros callejeros y niños jugando.

Muchos de los empleados y burócratas que se mudaron a la nueva capital fueron obligados y tuvieron que dejar a sus familias en Rangún o en otra parte.

Y como el rumor compensa la falta de información, surgió el rumor de que un departamento del gobierno decidió renunciar colectivamente para evitar el traslado. El rumor también indica que la Junta Militar no aceptó la renuncia.

Nadie sabe por qué se fundó la nueva capital.

Unos dicen que fue una decisión estratégica en caso de un ataque por mar.

Otros aseguran que el general Than Shwe, el hombre fuerte de la junta, quiso emular a los antiguos reyes y se mandó a hacer una ciudad.

Y otros sostienen que se debió al consejo de los adivinos y los cartomancianos, que juegan un importante papel en la vida birmana.

Por eso Kate McGeown fue a ver a un adivino y le preguntó si el cambio de capital traería buena suerte a la nación o quienes la gobiernan.

El hombre consultó sus cartas, hizo cálculos, y no supo qué decir.

Es que Birmania es misteriosa.



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