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Milyas Khan
BBC, Islamabad
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El presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, ha sido frecuentemente acusado de tolerar "elementos" en el ejército y los servicios de inteligencia que mantienen vínculos ideológicos y estratégicos con militantes islámicos extremistas.
Musharraf dice buscar una sociedad moderna y liberal.
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Entre éstos se incluyen los estudiantes radicales atrincherados en la Mezquita Roja (Lal Masjid).
¿Significa la actual ofensiva militar para retomar control del lugar significa que el general Musharraf ha decidido plantar cara a esos "elementos"? ¿Cuáles serían las consecuencias?
El gobierno paquistaní vaciló durante seis meses mientras los estudiantes religiosos de la mezquita predicaban su idea de la justicia islámica a supuestas prostitutas e incluso a agentes del orden.
La autoridades sólo entraron en acción cuando los estudiantes retuvieron brevemente a ciudadanos chinos, lo que provocó una reacción enérgica de Pekín.
Reacción extrema
Finalmente las tropas tomaron por asalto el complejo de la mezquita y sus escuelas religiosas anexas a la vez que prohibieron a la prensa acceder a la información sobre la magnitud del operativo o la cuantía de las víctimas.
El ejército ha estado muy activo en los últimos meses.
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Una razón para justificarlo es que el gobierno quiere impedir reacciones extremas y venganzas en otras partes del país, especialmente en zonas del noroeste donde militantes partidarios del Talibán han cobrado fuerza en los últimos meses.
Pero los observadores argumentan que las autoridades también están muy interesadas en proteger a aquellos dentro de los servicios de seguridad sin cuya complicidad los militantes en la mezquita no hubieran podido aprovisionarse de armas para combatir durante más de una semana.
Algo no deja dudas: el gobierno fue claro en su rechazo de las demandas de los militantes islámicos atrincherados de acceder a una vía de escape segura, una petición respaldada por algunos políticos simpatizantes de la causa de los estudiantes radicales.
Esto indica que el gobierno ha podido aislar a los elementos que están a favor de los extremistas en la esfera política y militar, al menos por ahora.
¿Podrá el general Musharraf continuar trabajando en esa línea en los próximos meses?
Estrategia
Internacionalmente, Musharraf ha podido rescatar su recientemente debilitada reputación de hombre firme contra el extremismo.
¿Islamabad investigará los acontecimientos?
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En el aspecto interno, el presidente se ha ganado el apoyo de la organización política más grande de Pakistán, el Partido del Pueblo Paquistaní (PPP), que recientemente logró derrotar los esfuerzos de grupos opositores de formar un frente en su contra.
Los movimientos de tropas durante los últimos cuatro días en áreas sensibles del noroeste del país indican que el gobierno desea llevar la campaña contra los militantes de la Mezquita Roja hasta las mismas puertas de los radicales.
Así, los militares ha sido desplegados en el distrito de Swat. También, en el distrito tribal del norte de Waziristán, en la frontera con Afganistán, el ejército se ha arriesgado a poner en peligro un tratado de paz al reocupar puestos de control que había abandonado como parte de un acuerdo con militantes radicales locales.
En venganza, durante el asedio a la mezquita han sido asesinadas 19 personas -incluidos 11 funcionarios públicos- en la provincia de la Frontera Noroeste, cuya capital es Peshawar, considerada una conexión entre Pakistán y Afganistán
La tensión igualmente se incrementa en las zonas tribales de la frontera afgana donde líderes radicales han venido agitando los ánimos en apoyo a los atrincherados de la Mezquita Roja.
De ahí que si Islamabad quiere ganar terreno tiene que manejar cuidadosamente su política con respecto a Afganistán.
Política y ejército
Durante veinte años, el aparato de seguridad paquistaní ha estado fuertemente involucrado en crear y mantener una red de organizaciones fundamentalistas islámicas.
Los estudiantes de la Mezquita Roja formaban "brigadas morales".
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Esa infraestructura se usó como un instrumento político para salvaguardar los intereses nacionales en Afganistán e India apoyando al Talibán y a varias organizaciones en la disputada región de Cachemira.
Esta política también ha creado una generación de jóvenes simpatizantes de las causas islámicas alrededor del mundo. Ha generado, además, tensiones políticas internas.
Ahora, el general Musharraf enfatiza en la necesidad de crear una sociedad moderna y liberal mientras, por otra parte, desea mantener las políticas con India y Afganistán basadas en el sostenimiento de una red de extremistas islámicos.
Esas intenciones precisan de iniciativas sociales y políticas fundamentales que creen las condiciones para desarrollar elecciones justas y responsabilidad democrática.
A sus vez, implican que el ejército tome distancia de la vida política y renuncie a su papel dominante en esa esfera.
Un indicador de si el general Musharraf quiere ir en esa dirección lo daría si ordena abrir una investigación pública sobre cómo y por qué los acontecimientos de la Mezquita Roja tuvieron lugar.