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Lunes, 24 de julio de 2006 - 23:41 GMT
Líbano: testimonio del éxodo
Andrea Kowalski, venezolana y colaboradora de la BBC, se encontraba en Líbano de vacaciones cuando comenzaron los bombardeos.

Ella le relató a BBC Mundo su experiencia de esos días, hasta el momento en que logró escapar a través de la frontera con Siria.


A principios de julio, mi marido y yo viajamos a Beirut para celebrar la boda de un amigo. Gracias a un boom del mercado inmobiliario, él también pensaba ver algunas propiedades. La idea era comprar un apartamento en el sector oriental cristiano para que su mamá, Leila, pudiera instalarse definitivamente en la capital. Ellos son libaneses-ingleses.

Personas cruzando la frontera libanesa (imagen de Andrea Kowalski)
Con y sin recursos, cubiertos de polvo y bajo un calor sofocante, avanzamos hacia la frontera entre Líbano y Siria, entre autobuses e incluso camiones que llevaban gasolina.

El miércoles 12 de julio por la mañana viajamos al sur y al este de la ciudad de Sidón. La idea era explorar las zonas costeras y montañosas, como también algunos de los hermosos ríos bordeados por restaurantes.

Grupos palestinos habían secuestrado a un soldado israelí. Había tensión en Líbano. Un texto enviado por celular nos advirtió: "tengan cuidado. Hay problemas en el sur."

Al cabo de un par de horas, la situación se había deteriorado. Hezbolá había capturado a dos soldados israelíes en la frontera. Nos asustamos, porque sabíamos que Israel tomaría represalias.

Leila nos llamó: "regresen a Beirut por favor." Así lo hicimos, y al bordear Sidón escuchamos el estruendo de balas, seguido por estallidos. Esa noche supimos que un misil había destruido el puente Zahrani, al sur de Sidón.

Desde el balcón

El jueves, como a las 4:00 am, nos despertamos sobresaltados. La fuerza aérea israelí había bombardeado tres pistas del aeropuerto internacional de Beirut y aviones sobrevolaban la ciudad.

A la mañana siguiente, más aviones. Las tres horas siguientes fueron absolutamente aterradoras. Desde el balcón vimos como una ráfaga de balas trazadoras, de un rojo incandescente, cortaban el cielo.
Taxi en Líbano
Los taxistas se convirtieron en la fuente más fidedigna de información, tenían las últimas noticias.

Ese día la represalia fue feroz: bombardearon Dahieh, un suburbio de Beirut, reduciéndolo a escombros; arrojaron bombas destruyendo puentes en el sur y atacando la estratégica ruta a Damasco.

LBC, la cadena de televisión libanesa, informaba que Israel había logrado bloquear a Líbano por tierra, mar y aire.

Resolvimos huir de Beirut para llegar a Londres, pero la pregunta era cómo.

Había una gran incertidumbre sobre cuáles eran las rutas más seguras: ¿viajaríamos hacia Turquía o Siria?

Nos comunicamos por texto mayormente, a veces no funcionaban los teléfonos.

Viaje

Los taxistas se convirtieron en la fuente más fidedigna de información, tenían las últimas noticias.

Crater dejado por un bombardeo en Beirut
Los bombardeos comenzaron el jueves pasado.
Ellos sabían cómo era la situación en la frontera, porque venían de allí. Contaban que, sobre todo, había gente huyendo del sur.

Hasta ese momento, muchos beirutíes opinaban que Hassan Nasrallah [el líder de Hezbolá] debía devolver a los capturados y que estaba sacrificando a su país, llevándolo a la destrucción.

Decían que Israel, por otro lado, no pararía su campaña militar, que ésta era la oportunidad que habían estado esperando y que contaban con el apoyo de[l presidente de Estados Unidos, George W.] Bush.

La impotencia que se sentía en el ambiente era total.

El viernes reanudaron los bombardeos. Aviones israelíes habían atacado un aeropuerto militar en Trípoli.

Las empresas de taxi nos recomendaron una ruta de salida hacia el norte y por tierra, pasando por esa ciudad puerto.

Consultas con amigos y con la embajada de Venezuela fueron decisivas. "Vayan a las montañas y, si no, al norte. No atraviesen el valle de Bekaa", nos dijeron.

Caminata

Los trabajadores bancarios se asomaban por las barras de las ventanas y anunciaban que no les quedaban sellos, que al banco no le quedaba dinero y (...) algunos descaradamente recibían pagos para adelantar el proceso.

Un vehículo alquilado nos llevó a un kilómetro del puesto fronterizo de Abboudiye y allí nos dejó.

Las vías, una de ida y otra de vuelta, estaban tomadas por una corriente de vehículos que viajaba en una sola dirección.

No había camino de regreso a Beirut. Desde ahí cargamos nuestras maletas.

Fue un éxodo de miles de personas caminando, mujeres, hombres y también niños, llevando bebés en brazos, cargando bolsos, baúles y sacos de alimentos al hombro.

Con y sin recursos, cubiertos de polvo y bajo un calor sofocante, avanzamos hacia la frontera entre Líbano y Siria, entre autobuses e incluso camiones que llevaban gasolina.

Comentábamos la ironía de buscar refugio en Siria un año después de que se retiraran las tropas sirias de Líbano.

Visado

Personas cruzando la frontera libanesa (imagen de Andrea Kowalski)
Miles de libaneses abandonaron sus hogares.

Ni una frontera ni la otra podían con el éxodo. Al llegar al puesto fronterizo sirio presenciamos una escena dantesca en el banco nacional.

Dentro de dos pequeñas habitaciones que parecían hornos nos unimos a una masa que gritaba furiosa para que le atendieran.

Algunos llevaban once horas esperando un sello que demostraba que habían cambiado dinero al cambio oficial, lo cual les permitía comprar su visado.

Los trabajadores bancarios se asomaban por las barras de las ventanas y anunciaban que no les quedaban sellos, que al banco no le quedaba dinero y que estaban esperando una entrega, que las computadoras habían dejado de funcionar, que no podían hacer nada por nosotros.

Algunos descaradamente recibían pagos para adelantar el proceso.

Mi marido peleó durante cuatro horas y finalmente salimos de aquel infierno.

Un taxi nos llevo a la ciudad de Homs, luego a Damasco. No había habitaciones libres en esa ciudad. A las 2:00 am finalmente conseguimos una habitación sencilla.

Desde allí, mi marido y yo escuchamos bombardeos a lo lejos. Suponíamos que sucedían en el valle de Bekaa.

Uno de nuestros temores era que cerraran los aeropuertos internacionales de Damasco y Aleppo.

Los noticieros no reportaron los bombardeos. Hasta el día de hoy el gobierno sirio -que favorece y apoya a Hezbolá- niega que esa noche Israel bombardeó la zona fronteriza.

Israel lo anunció ese mismo sábado. Siria claramente no quiere pronunciarse públicamente sobre esta guerra.

Evacuación

Ni Leila, ni sus hermanos, ni sus hijos pensaban que volverían a ser testigos de la destrucción de su país, ni de que tendrían que huir. Creían que aquella tragedia no podía repetirse.

Varias horas más tarde en el aeropuerto presentamos nuestros pasaportes en la aduana. Ahí escuche una voz que decía: "los del vuelo español, primero."

Unos 150 españoles tenían prioridad. El gobierno español se había ocupado de sus ciudadanos evacuándolos en un avión militar.

El gobierno británico aún no había dado la orden de que evacuaran a sus ciudadanos, y tardaron cinco días más en darla.

Nuestros esfuerzos ahora, a la distancia, se han concentrado en sacar a Leila del país, puesto que se rehusó a viajar con nosotros.

Temía por el futuro, o de que alguien se apoderara de su apartamento alquilado, como le había sucedido en 1982. Este fin de semana logró cruzar la frontera.

Ni Leila, ni sus hermanos, ni sus hijos pensaban que volverían a ser testigos de la destrucción de su país, ni de que tendrían que huir.

Creían que aquella tragedia no podía repetirse.


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