Lo menos que puede decirse es que la versión estadounidense parece menos creíble.
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Mientras se publican nuevas imágenes de abusos a prisioneros iraquíes y los enfrentamientos continúan en las inmediaciones de los santuarios chiitas en Kerbala y Nayaf, el ejército estadounidense lucha por evitar otro desastre en sus relaciones públicas.
La explicación de los militares estadounidenses de cómo sus soldados dieron muerte a 40 personas en el oeste de Irak, cerca de la frontera con Siria, contradice la evidencia provista por los sobrevivientes y por las imágenes de video de los funerales, donde se ve el entierro de niños iraquíes.
Los militares insisten en que el blanco del ataque era una casa donde presuntamente se refugiaban combatientes extranjeros y que los soldados estaban respondiendo a fuego enemigo.
Los sobrevivientes iraquíes dicen en cambio que helicópteros y vehículos armados atacaron un poblado, donde sus residentes dormían después de una boda.
Lo menos que uno puede decir es que la versión estadounidense parece ahora menos creíble, el episodio trae a la memoria el ataque contra la celebración de otra boda en Afganistán, dos años atrás, y también el bombardeo de un convoy donde viajaban civiles en 1999 en Kosovo.
"Cosas malas"
Cuando se le preguntó a un comandante estadounidense sobre las fotos donde aparecen niño muertos, éste respondió que en la guerra siempre suceden cosas malas.
Todos los días han aparecido nuevas fotografías de abusos.
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Los críticos dicen que es otro ejemplo del uso de la fuerza bruta y desproporcionada contra todo lo que pueda ser percibido como una amenaza por parte de Estados Unidos.
En otro orden de cosas, durante los últimos días se han registrado enfrentamientos entre soldados estadounidenses y militantes chiitas leales al clérigo Moqtada al-Sadr, en las cercanías de los santuarios de las ciudades sagradas de Kerbala y Nayaf.
Una nueva encuesta de opinión sugiere que el clérigo es en la actualidad uno de los líderes más populares en el país, una transformación producida porque los estadounidenses lo convirtieron en uno de los principales blancos.
La creciente hostilidad de los iraquíes hacia EE.UU. está siendo ahora explotada incluso por el ex favorito del Pentágono, el dirigente político y miembro del Consejo de Gobierno Ahmad Chalabi, cuya vivienda y oficinas fueron registradas el jueves por soldados estadounidenses y la policía iraquí.
Las últimas imágenes de los estadounidenses maltratando a prisioneros iraquíes o sonriendo al lado de un iraquí muerto sólo sirven para reforzar la impresión de que todo se está derrumbando.