Sean cuales sean los resultados electorales, Aznar deja el gobierno de la forma más amarga.
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El resultado de las elecciones del domingo no se puede separar de los atentados del 11 de marzo en Madrid. Las muertes han "infestado y viciado" el camino a las urnas, dicen muchos.
Pero a los ojos del observador, este dolor se ve mezclado con intereses concretos.
El contexto electoral de los atentados no parece casual.
Reacción apresurada
En un momento plagado de dudas es llamativo que los responsables políticos se precipiten a sacar conclusiones sobre la autoría de la matanza de Madrid.
La versión oficial se centró en el radicalismo armado vasco a manos de ETA. La sospecha convertida en acusación se produjo de manera automática, como un reflejo condicionado.
Ciertamente que existen fundamentos ante el historial de muertes y dolor que acompañan a ETA.
Pero partir de presuntas certezas en un momento de máximo caos no parece prudente. Esto vale aun más, conociendo las emociones que ETA despierta en España, y pensando en las elecciones presidenciales.
¿Falta de transparencia?
La concentración en ETA condicionó la información divulgada sobre las investigaciones y la reacción de la opinión pública.
Fuera de España se barajan desde el momento de los atentados, y al mismo nivel, las hipótesis alternativas sobre la responsabilidad de las muertes.
Miles desafiaron la veda electoral y se concentraron en la sede del PP en Madrid.
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En Madrid en cambio, las autoridades sólo le han concedido una reducida atención de cara al público.
Gran parte de la población no está contenta, siente que falta transparencia en la difusión de la información oficial y el manejo de los datos por parte de los medios de comunicación públicos o cercanos al Gobierno.
Reflexión y protesta
Pero contrario a reaccionar con apatía política, la combinación entre luto por los muertos y la sensación de no ser informados de manera completa, dio pie a manifestaciones en todo el país en contra del gobierno de José María Aznar y del oficialista Partido Popular (PP).
"Vuestra guerra, nuestros muertos" dice uno de los tantos lemas que rompieron con el día de reflexión previo a los comicios.
Muchos están convencidos de que los atentados son la factura de terror por el apoyo de Aznar a la invasión de Irak.
Antes del 11 de marzo, la abstención parecía ser una de las claves para el resultado electoral, favoreciendo históricamente al PP, frente a un electorado socialista mucho menos disciplinado.
Con los atentados, el panorama ha cambiado abruptamente. Las bombas no sólo causaron muerte y dolor, sino que para muchos anularon toda encuesta y previsión posible.