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Lunes, 28 de abril de 2003 - 09:35 GMT
Barato el kalashnikov
![]() Patrullas estadounidenses intentan controlar la venta ilegal de armas.
Escribe Matías Zibell, enviado especial de la BBC a Irak
Abas Jabbar estaba sentado en el living de su casa, al sur de Bagdad, cuando una bala llegó a visitarlo y se quedó incrustada en su pierna. No es extraño que en su barrio, los disparos sigan jugando su guerra, aunque el conflicto bélico haya terminado.
Este domingo los soldados estadounidenses irrumpieron en el barrio y terminaron con las delicias de estos pequeños empresarios, pero las reglas del capitalismo son muy simples: donde hay demanda siempre habrá alguien que se las ingeniará para que haya oferta. La oferta son los cientos de kalashnikovs, pistolas, granadas y misiles del ejército iraquí que sobrevivieron al régimen que tenían que defender. La demanda la proporciona la falta de seguridad en una ciudad de 5 millones de habitantes, bombardeada, saqueada y ahora asaltada por los que sacan ventaja de la falta de autoridades. A buen precio A 20 metros de donde están ubicados los soldados estadounidenses consigo hablar con uno de estos vendedores de armas, que pasó sus últimos años en prisión hasta que fue liberado por Saddam Hussein poco antes de la guerra.
"Un kalashnikov puede costar 150.000 dinares iraquíes (unos US$75 según la última cotización de la divisa estadounidense en las calles de Bagdad), mientras que una pistola sale 600.000 dinares iraquíes (unos US$300 )". Aprendo que los kalashnikov son más baratos porque son muy fáciles de conseguir en los arsenales del antiguo ejército iraquí. Además, las pistolas tienen la ventaja de que se pueden esconder fácilmente (todo mercado, hasta el tráfico ilegal de armas, tiene su lógica). Otro vendedor me cuenta que también se pueden conseguir misiles y granadas; estas últimas por el módico precio de un dólar estadounidense. Pienso en los vendedores ambulantes de mi ciudad que subían a los autobuses gritando: "No vengo a vender, vengo a regalar". A favor y en contra El capitán Corn, vocero de esta patrulla estadounidense que se ha asentado en el medio del barrio, explica a los periodistas que "existió un extenso mercado de armas que se desarrolló especialmente en los últimos seis días". "Básicamente eran varios y pequeños vendedores, había disparos por la noche y hubo gente que resultó herida", dice.
"La mayoría de los que venden armas son jóvenes, adolescentes, que a veces las disparan provocando accidentes. Por ejemplo aquí un niño murió por una bala perdida y una mujer fue herida. Incluso a veces, los mismos vendedores utilizan sus armas para robar negocios", grita uno de los tantos hombres que se agolpa a mi alrededor al ver un micrófono. Pero otro de los que quieren opinar considera que los vendedores de armas eran necesarios en esta época de anarquía. "No hay seguridad en estos días, todos tratan de defenderse y defender a su familia. Si alguien no tiene un arma, trata de comprar una para protección personal, porque no hay policía ni nadie que los proteja". Los gastos de Khadum El médico de la clínica donde está internado Abas Jabbar me muestra la radiografía y la bala que extrajo de la pierna del paciente, mientras asegura que en estos últimos días ha recibido varios casos de personas con heridas de bala. El enfermero que está a su lado, Mohamed al Bidri, mira mi credencial de la BBC y aprovecha para descargar toda su angustia.
Las fuerzas de la coalición han informado que esta semana comenzarán a funcionar nuevamente los ministerios de gobierno en Irak. Tanto extranjeros como iraquíes esperan que este enorme paso traiga un poco de alivio a los habitantes de la capital, acosados por la falta de seguridad y de un normal suministro en los servicios públicos. En el barrio de Abas Jabbar, los que habitan sus calles confían en ver algún cambio. "Esta es la primera vez que veo a los estadounidenses en este lugar, por eso es la primera vez que nos sentimos seguros, pero necesitamos más. En la noche, la situación es muy diferente a la que se puede ver ahora, uno escucha disparos donde quiera que vaya. Espero que la situación mejore de acá en adelante", me despide uno de los vecinos. En el hospital queda Khadum, el hijo de Abas, por más que hace cuentas y cuentas no sabe de dónde sacará el dinero para pagar la internación de su padre y no descarta otra clase de gastos... "Yo compraría un arma para protegerme a mí mismo porque de otra manera alguien puede asesinarme. No hay nadie para protegerme, no existe la policía. Así que yo estoy de acuerdo con la gente que se arma". Fotografías: Matías Zibell y Paulo Cabral |
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