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Lunes, 17 de marzo de 2003 - 01:30 GMT
Saddam, el ultimátum y Tony Blair
Primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair.
El premier británico volvió a Londres para encarar una reunión de emergencia de gabinete.
Escribe Nick Assinder, analista político de la BBC.

No se trató solamente de un ultimátum de 24 horas a Saddam Hussein. La cumbre de Las Azores igualmente emitió un ultimátum contundente a las Naciones Unidas que tendrá repercusiones políticas para Tony Blair.

Luego de la cumbre de las Islas Azores, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, junto al primer ministro británico, Tony Blair, y el presidente del gobierno español, José María Aznar, dejaron claro que este lunes "llegará la hora de la verdad".

Los tres líderes dieron a la ONU 24 horas para votar una segunda resolución que obligue el desarme inmediato del presidente iraquí, o quedar a la zaga y encarar la crisis más grande de su historia.

Sin embargo, sólo los demasiado optimistas podrían creer en un cambio de actitud de última hora.

Parlamento británico.
Al menos 150 parlamentarios laboristas podrían votar contra su líder.

Es decir, la largamente esperada guerra probablemente llegue luego de este ultimátum sin que la avale una segunda resolución del Consejo de Seguridad.

La carencia de esta segunda resolución es lo que el premier británico ha estado tratando de evitar a toda costa, y lo que le creará una pesadilla doméstica.

Blair regresó este domingo a Londres para encarar una reunión ministerial de emergencia.

Rebelión

Igualmente para decidir una eventual votación parlamentaria antes de que se inicien las acciones militares en el Golfo Pérsico.

No obstante, muy pocos estiman que esta votación tenga lugar por la sencilla razón de que sólo serviría para destacar aún más la oposición a la guerra.

Es como resultado de esta oposición que se espera que Blair pierda al menos a dos miembros de su gabinete, quienes renunciarían si se inician operaciones militares sin el consentimiento de la ONU.

De someterse al voto en la Cámara de los Comunes, Tony Blair podría enfrentar una rebelión parlamentaria, con al menos 150 miembros de su propio partido, el Laborista, votando en su contra.

La oposición conservadora sería entonces quien apoyaría al gobierno de Tony Blair.


La suerte de Blair está ahora ligada irremediablemente a la suerte de Saddam

Nick Assinder
Por todo esto es evidente la seriedad de la situación en la que se encuentra Blair.

Esta es justamente la situación que el primer ministro británico ha estado evitando por cinco meses desde que comenzó la actual crisis de Irak. Es la situación en la que él había asegurado que no se encontraría.

En cambio, la suerte de Blair está ahora ligada irremediablemente a la suerte de Saddam.

Mientras dure la guerra habrá una especie de unidad nacional para apoyar a las tropas británicas que combatan en el Golfo.

Las discusiones sobre el futuro político de Blair no emergerán mientras tanto.

Operación de maquillaje

Pero una vez que concluya el conflicto, los críticos de Tony Blair tratarán de sacarlo del poder.

Blair encarará batalla, acusará a Francia de haber hecho la guerra inevitable con su anuncio de veto en el Consejo de Seguridad e insistirá en que él trató por todos los medios de conseguir una resolución de la ONU que autorizara el uso de la fuerza.

De esto se trató justamente el ultimátum de Las Azores: incluso a pocas horas de una probable guerra, Tony Blair sigue batallando por una salida diplomática que justifique el uso de la fuerza.

No obstante, sus oponentes no parecen impresionados por sus esfuerzos. Según palabras de uno de sus críticos, el laborista Graham Allen, todo esto no es más que una "operación de maquillaje".

El premier no ha podido, ni podrá convencer, a personas como Allen, que representa a un grupo numeroso.

Ahora la suerte de Blair depende casi enteramente de la manera en que se desarrolle la guerra. Y eso es algo en lo que nadie puede apostar a ciencia cierta.


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