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Lunes, 10 de marzo de 2003 - 16:19 GMT
Blair y 'sus rebeldes'
Tony  Blair y la ministra de Cooperación Internacional, Claire Short.
Claire Short podría dimitir si Blair no logra más apoyo en la ONU.
Escribe Nick Assinder, analista político de la BBC

Las duras palabras de la ministra Clare Short contra Tony Blair han puesto en evidencia que el gabinete británico "no está al cien por cien con el primer ministro en la cuestión de Irak", como había asegurado un comunicado de Downing Street.

La verdad es que en este país, nadie se lo creía.

'Los pacifistas más conocidos'
Claire Short, ministra de Cooperación Internacional
Robin Cook, ex ministro de Relaciones Exteriores y actual jefe de los Comunes
Glenda Jackson
Peter Kilfoyle, ex ministro de defensa
Chris Smith, ex ministro de Cultura
Tony Benn, el más veterano laborista
Michael Meacher, ministro de medioambiente
Frank Dobson, ex ministro de Sanidad
Tony Banks, ex ministro de Deportes
Mo Mowland, ex ministra de Irlanda del Norte
Pero el asalto abierto de Short, junto con la renuncia durante el pasado fin de semana de un alto funcionario del ministerio de Comercio, y las amenazas de otros de hacer lo mismo, parece indicar a las claras que la revuelta en las filas del gabinete laborista británico podría adquirir proporciones mucho más serias.

Lo que todo el mundo se pregunta aquí es si la renuncia de Clare Short es sólo la punta del iceberg, un iceberg que podría acabar con el gobierno de Tony Blair.

El nombre de los otros rebeldes es de todos conocido en este país.

El de más peso es Robin Cook, ex ministro de Relaciones Exteriores y actual jefe de los Comunes en el Parlamento británico.

La situación es más que tensa en las altas esferas del Reino Unido y la posición de los "escépticos" clara: si el gobierno británico entra en guerra sin una segunda resolución de las Naciones Unidas apoyándola, habrá dimisiones y denuncias públicas de la política oficial.

No sin la ONU

Por eso, tanto Blair como su fiel jefe de la diplomacia, Jack Straw, buscan desesperadamente apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU para asegurarse un voto favorable que, básicamente dé el visto bueno a una guerra con Irak.

Downing Street - el eufemismo que describe al portavoz de Blair, Alistair Campbell, y a su equipo de asesores- tiene puestas todas sus esperanzas en lograr el respaldo de la ONU.

La estrategia gubernamental es: 'logramos el apoyo de la ONU, entramos en una guerra corta y efectiva, que demuestra que Saddam Hussein tiene armas de destrucción masiva, y tanto el gobierno, como el pueblo reconocen que teníamos razón. Estamos salvados'.


Lo que todo el mundo se pregunta aquí es si la renuncia de Clare Short es sólo la punta del iceberg, un iceberg que podría acabar con el gobierno de Tony Blair

El problema es que, tal y como están las cosas, lograr un consenso sobre Irak en la ONU parece tan complicado como lograrlo en el seno del Partido laborista británico.

Y sin consenso, o sin armas de destrucción masiva o con una guerra sangrienta con víctimas civiles, el liderazgo de Tony Blair estaría entredicho.

La revuelta dentro del Partido Laborista -recordemos que 122 legisladores votaron en contra del gobierno en una reciente consulta parlamentaria sobre Irak- demuestra que muchos correligionarios de Blair ya piensan en un futuro en el que él no sea primer ministro ni líder del laborismo.

Ese debe ser el pensamiento más preocupante para Blair y sus fieles.


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