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Jueves, 30 de enero de 2003 - 10:39 GMT
Israel amanece a una nueva realidad
Imagen de la cúpula del Likud.
El Likud obtuvo una clara victoria en las elecciones.
Escribe Jana Beris, corresponsal de la BBC en Israel

Un día después de la clara victoria electoral de su partido Likud, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, comenzaba a programar la nueva etapa, el principal desafío: la formación de su coalición de gobierno. Los contactos no comenzaron aún ni oficial ni extraoficialmente -según dijeran fuentes allegadas a Sharon- pero los preparativos ya están en mente.


Iremos a la oposición, para ser alternativa, de cara al momento, lo antes posible, en que podamos sustituir a Sharon

Amram Mitzna.
Si bien existen también otras opciones, la prioridad de Sharon es un gobierno de unidad nacional con el laborismo, que por ahora no parece probable. Si bien en el Likud estiman que finalmente el laborismo sí aceptará sumarse a la coalición, su máximo dirigente, Amram Mitzna, no pierde oportunidad de aclarar que "iremos a la oposición, para ser alternativa, de cara al momento, lo antes posible, en que podamos sustituir a Sharon".

La lógica del laborismo es inequívoca: en nombre de la unidad nacional, no se puede desdibujar las diferencias entre las partes, muy especialmente cuando de por medio está la discusión acerca de cómo mejor poner término al conflicto con los palestinos.

Mientras Sharon insiste en que no volverá a negociar con los palestinos en tanto haya atentados y violencia, Mitzna está convencido de que esa línea no hará más que eternizar el conflicto. De aquí se desprende no sólo la firmeza del jefe laborista contra la posibilidad de un gobierno con Sharon, sino también la preocupación de todos aquellos que ahora, con la victoria de Sharon, vieron oscurecidas las probabilidades de una pronta reanudación del proceso de paz.

Sharon, por poderes

A pesar de este complejo mosaico, Sharon tiene motivos para festejar. Recibió un partido debilitado, dividido y en profunda crisis y logró su recuperación. De tan solo 19 escaños, el Likud logró subir a 37, derrotando al Partido Laborista -considerado prácticamente el fundador de Israel-, no sólo relegándolo a segundo plano sino llegando al doble de bancas en la Kneset de las que tiene hoy el Laborismo.

Un emocionado, Ariel Sharon.
Un emocionado Ariel Sharon.
Sharon se convirtió en el primer jefe del Ejecutivo israelí en lograr ser reelecto en aproximadamente 20 años, algo que no lograron Shimon Peres, Benjamín Netanyahu ni Ehud Barak.

Pero Sharon tiene también motivos para estar preocupado. La posición del laborismo le supone una gran complicación por lo que ya ha dejado en claro que si no logra un gobierno amplio y estable de unidad, no descarta ir nuevamente a elecciones.

A través del espejo

Mientras en el exterior Sharon tiene una imagen absoluta de líder extremista, ultraduro de derecha, en el plano interno israelí, la mayoría de la ciudadanía -en base al resultado de las elecciones- parece ver en él a un gobernante responsable y equilibrado, un primer ministro inclusive moderado.

El lema "actuó con criterio y con cordura, no en forma apresurada", no sólo era una frase en la propaganda electoral del Likud sino algo en boca de muchos israelíes al explicar en los últimos días por qué votaban a Sharon.

El propio premier destacó repetidamente que su interés no es formar un gobierno estrecho de derecha sino uno más amplio, de línea medianamente centrista.

El primer ministro no quiere estar supeditado a las presiones de los partidos de derecha, lo que, entre otras cosas, complicaría sus relaciones con Washington y el eventual regreso -cuando se haya calmado la situación- al proceso de paz.


El electorado israelí siempre vota en contra de algo, nunca a favor, y siempre por el ayer, no en aras del mañana

Meir Shalev, escritor de izquierda
La problemática de fondo es aguda y en el Likud no la ocultan. El diputado Dr. Yuval Shteinitz, al analizar si los palestinos deben ahora estar o no preocupados por la victoria del Likud y el nuevo mapa del Parlamento israelí, hizo una distinción entre diferentes campos. "Arafat sí debe estar preocupado", dijo a la BBC.

"Terminaremos con su gobierno o lo expulsaremos", anunció tajantemente. "Pero la mayoría de los palestinos, que supongo quieren la paz y una vida normal, no deben estar preocupados, sino esperanzados. Porque con otro liderazgo palestino que no apoye el terrorismo, no habrá sólo más seguridad para israelíes sino también para palestinos". Según Shteinitz, si ello se concreta, "podremos volver a negociar e inclusive lograr un acuerdo permanente".

Veredicto electoral

El mensaje de las elecciones parece muy claro cuando se analizan los bloques en el nuevo Parlamento israelí. La derecha encabezada por el Likud aumentó a 67 escaños, aunque el partido más radical del bloque, Herut de Mijael Kleiner, quedó afuera.

Por su parte, la izquierda llegó a sólo 34 curules. En la explicación, parece estar la situación del conflicto con los palestinos.

Según el escritor Eyal Megued, "más que expresar su confianza en la derecha, el público castigó a la izquierda".

En su opinión, "la izquierda fue castigada por haberse encaprichado en vender la misma mercadería que vendía antes del terremoto- la fórmula según la cual si salimos de los territorios llegará la redención- a pesar de que es evidente que esa mercadería se agrietó irremediablemente".

Amram Mitzna.
Amram Mitzna rechaza entrar en coalición con el Likud.
Es indudable: fue la decepción del proceso de paz con los palestinos, el enojo por la intifada, lo que llevó hace dos años a Sharon al poder por primera vez. Y fue la continuación del conflicto , la recurrencia de los atentados, lo que determinó esta semana la victoria del Likud. Esta situación que llevó a la derrota de la izquierda, no podrá cambiar en tanto no se recupere la confianza en una posibilidad de paz con los palestinos.

El escritor Meir Shalev -de tendencia claramente de izquierda- lo señaló en un artículo en las páginas del Iediot Ahronot: "El electorado israelí siempre vota en contra de algo, nunca a favor, y siempre por el ayer, no en aras del mañana".

Shalev intenta analizar la votación israelí y admite no comprenderla, al menos no desde su prisma de apoyo a una solución negociada con los palestinos. Da a entender que votar por Sharon equivale a no entender los desafíos con los que deberá lidiar.

Lo que para la gente del Likud en general es hoy una verdadera celebración, para todos aquellos que votaron por el laborismo o el partido opositor Meretz, es un motivo de preocupación.


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