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Viernes, 26 de abril de 2002 - 13:12 GMT
"Protegemos nuestros propios hogares"
Jana Beris, Corresponsal de la BBC
La corresponsal de la BBC, en el sitio donde están ubicados los francotiradores.
Texto y fotografías de Jana Beris, corresponsal de la BBC en Jerusalén.

Están hace un mes fuera de sus casas, uniformados, con casco y chaleco anti-balas y con mucha motivación.

Los reservistas del ejército israelí reclutados de urgencia para participar en el operativo "Muro de Defensa", se presentaron seguros de que su misión es imprescindible.

Al intentar desmantelar la infraestructura armada de grupos radicales palestinos -desarrollada en toda Cisjordania- utilizada para lanzar atentados contra la población civil israelí, los efectivos tienen claro: su objetivo no es volver a ocupar en forma permanente el territorio palestino sino alejar una amenaza mortal.

Stephan Doren
Stephan dice que tratan de tenderles "trampas" para que disparen.
Pero no todo transcurrió tal cual había sido planeado. El 2 de abril, poco después de iniciado el operativo militar israelí, aproximadamente 200 palestinos-entre 30 y 50 de ellos armados y considerados "peces gordos" por su rol en diversos atentados- irrumpieron por la fuerza a la Basílica de la Natividad en Belén.

Exigencias terminantes

Si bien el lugar había sido cerrado como precaución por los monjes franciscanos, el grupo rompió las cerraduras y la puerta, tomando posiciones dentro del santuario cristiano, en el cual se hallaban en ese momento aproximadamente 40 religiosos, en su mayoría sacerdotes y algunas monjas.

Desde ese momento, la Iglesia fue rodeada por el ejército israelí.

La exigencia es terminante: la rendición de los requeridos armados, entre los cuales hay militantes del Tanzim -el brazo armado de Al-Fataj-los más fuertes y líderes del grupo-, de Hamas, Jihad Islámico, la Seguridad Nacional y la Fuerza marítima palestina.

Suma cautela

Cada movimiento es observado con cuidado y en máximo estado de alerta. Edificios aledaños a la Basílica son convertidos en posiciones de francotiradores.

Olivier
Olivier, mantiene vigilancia constante.
En una de ellas, a aproximadamente 150 metros de la Iglesia, los soldados están apostados en un edificio en construcción, de tres pisos, aún no conectados por escaleras.

Subimos valiéndonos de tablas improvisadas por el ejército y aferrándonos a unos hilos metálicos que salen de las paredes y que vienen perfecto para no caerse.

Por las ventanas incompletas y aún sin marco ni vidrios, se ve la parte oriental de la Basílica de la Natividad.

Allí están apostados los francotiradores. Siempre hay un dedo en el gatillo, alerta, pero cuidadoso. Nadie puede disparar sin autorización de su comandante y sin previa confirmación terminante de que la identificación de un hombre armado a lo lejos es exacta.

"Quieren confundirnos"

A Stephan Dorek, de 30 años, de la ciudad de Naharia en el norte del país, quisieron tenderle una trampa.

"Los terroristas que están ahí adentro, en la Iglesia, quieren confundirnos y provocar una reacción que nos complique"- cuenta sin quitar el ojo de la mira telescópica de su arma ni el dedo del gatillo.

"En dos oportunidades, me pusieron un sacerdote en la ventana de arriba, con una escoba en la mano, pensando que lo identificaríamos como alguien empuñando un arma"- nos cuenta impasible.


Los terroristas que están ahí adentro, en la Iglesia, quieren confundirnos y provocar una reacción que nos complique

Stephan Dorek, del norte del país
"Pero por suerte, nosotros no disparamos enseguida. yo me di cuenta de que era una persona mayor, de cabello blanco, con sotana. No podía creer cuando vi la escoba. Evidentemente querían que lo matemos, porque eso sería malo para Israel. Pero no caí en la trampa".

"No confío en ellos"

Son quizás actitudes como ésta, las que llevan a Ioel, uno de los reservistas, de 30 años, a decir que "no confío en ellos".

Pero no se refiere sólo a los atrincherados en la basílica.

"No creo que podamos dar crédito ahora a las palabras de los palestinos. Vi también en casas de gente que parecía inocente, gran cantidad de armas y cargas explosivas"- afirma.

El cambio de su puesto en una empresa de alta tecnología en el centro del país a su posición en Belén, s grande, pero también su orgullo.

"Aquí estamos todos protegiendo a nuestros propios hogares. Ojalá finalmente sí llegue la paz, aunque por ahora lo dudo".

Los que se van, los que se quedan

El Teniente Coronel David Baruj, de 43 años es en su vida civil el director de una banco en Jerusalén.

"Nosotros nos iremos de Belén y volveremos a Jerusalén pero los religiosos cristianos tendrán que seguir viviendo aquí con los palestinos y no es fácil para ellos estar en medio de esto", comenta el alto oficial, afirmando que no todo lo que contaron a Israel algunos monjes que salieron del santuario, se animan a decirlo ante los micrófonos.

Vista de la iglesia.
Vista de la iglesia.
Algunos, al parecer ya desesperados, lo hicieron. Tres monjes armenios lograron subir a un piso superior de la basílica, sacando por la ventana un cartel con clarísimo texto: "Por favor, sálvenos". Al salir, contaron que palestinos armados los habían maltratado, robado objetos sagrados de valor y profanado el lugar.

Súbitamente, se oyen disparos. No está claro a cuál de las posiciones del ejército fueron dirigidos. Salían de la Iglesia. "No hay duda. Es desde allí"- comenta uno de los soldados. "Por favor, no se acerquen a las ventanas"-pide el Teniente Coronel a los periodistas que nos encontramos en el lugar.

Stephan mueve un poco los hombros y arregla su posición. Lo mismo Olivier a su lado, parado, y Ioel, otro reservista, de 30 años, que prefiere decir sólo que es "de la parte centro" del país y que se dedica a alta tecnología. Uno de ellos identifica "cinco hombres armados en la ventana de arriba" y lo reporta por el contacto de radio. Nadie dispara.

Los ruidos un tanto metálicos que emanan del aparato de comunicación, son evidentes. Deben tener certeza de quiénes están en el punto ubicado.

"Hay que sentarse juntos a hablar"

"A decir verdad, si identificamos a alguno de los terroristas, pero en un momento que está desarmado, por ejemplo cuando sale a cortar frutos de los árboles de afuera, porque tienen hambre, no le disparamos"- asegura Stephan.

Meir Elzam, el abogado que va en el jeep con el Teniente Coronel Baruj, no tiene dudas acerca de la importancia de su misión actual, pero no cree que por la fuerza se vaya a solucionar nada."

Hoy el instrumento debe ser la negociación"- sostiene.

"Por la fuerza podemos desangrarnos mutuamente. Nosotros somos más fuertes y por cada uno que nos maten, podemos matar diez.

Pero esa no es la forma y así no solucionaremos nada. Hay que sentarse juntos a hablar".


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