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Jueves, 25 de octubre de 2001 - 16:41 GMT
"Los civiles afganos son como mi hijo"
Orlando Rodríguez con su hijo Gregory
Orlando Rodríguez con su hijo Gregory.
Cuatro días después de que los atentados en Nueva York se llevaran la vida de su hijo de 31 años, Orlando y Phyllis Rodríguez decidieron escribir una carta al presidente Bush.

A pesar del dolor por la muerte de Gregory, que trabajaba en el piso 103 de una de las Torres Gemelas, ambos padres no compartían el rumbo que tomaban los acontecimientos y que desembocaría en la operación militar en Afganistán.

"Su respuesta a los ataques no nos hace sentir mejor luego de la muerte de nuestro hijo", decían las líneas dirigidas a la Casa Blanca.

"Esto nos hace sentir que nuestro gobierno está usando la memoria de nuestro hijo para justificar el sufrimiento de otros padres e hijos en otras tierras".

Orlando Rodríguez habló con la BBC y expresó su convicción de que la muerte de Gregory no se aliviará con más muertes, sino todo lo contrario.

-Señor Rodríguez, usted y su mujer escribieron la carta al presidente Bush antes de que comenzara la acción militar en Afganistán. Hoy, algunos de sus temores al momento de escribir esa carta se han cumplido. ¿Qué piensa usted de lo que está pasando ahora en Afganistán?

-Estoy muy entristecido por el hecho de que el gobierno haya decidido tomar esta ruta. Ya veo que hay un saldo bastante grande de muertes y ese es un detalle que mi gobierno no ha tocado mucho.


Esto nos hace sentir que nuestro gobierno está usando la memoria de nuestro hijo para justificar el sufrimiento de otros padres e hijos en otras tierras

Carta a Bush
Obviamente algunos de esos muertos deben ser soldados, pero se sabe ya que hay muchos civiles que han muerto en esos bombardeos y para mí esos civiles son equivalentes a mi hijo, que murió por estar en un lugar en el que no debía pero no tenía forma de saberlo.

A un nivel emocional estoy muy entristecido, a un nivel político me parece que ha sido un paso no muy bien pensado.

-Además del gobierno de Estados Unidos, las encuestas revelan que la mayoría de sus conciudadanos están a favor de la opción militar. ¿Cuál es su opinión al respecto?

-Es una cosa normal. Este ataque ha causado mucho miedo en la población y es un miedo muy justificado porque está basado en el no saber cuándo puede ocurrir otro atentado y cuántos más podrían morir.

Pero también es normal, sabiendo cómo ha transcurrido la Historia en otras aventuras como ésta, que el entusiasmo original se vaya convirtiendo más en duda mientras van pasando los días, semanas y meses sin resultados inmediatos.

Esto que estamos viendo ahora me recuerda mucho a los primeros pasos en Vietnam. Tristemente es una repetición de la Historia y creo que el resultado va a ser similar, una historia que más tarde o más temprano va a resultar en decepción para el pueblo estadounidense.

Las tasas originales de aprobación a lo que se ha hecho se van a ir reduciendo mientras no se consigan los resultados que se supone se van a obtener de estas acciones.

-Usted dice que el miedo puede llevar a que la gente pida algún tipo de acción. Desde su perspectiva, desde la perspectiva de alguien que además de miedo tiene el dolor de haber perdido a un ser querido ese 11 de septiembre, ¿qué otros caminos cree usted que se podían tomar en lugar de la acción armada?

-Yo creo que hubiera sido posible para el gobierno concentrarse más en proteger a la Nación. En cuánto a los brotes de ántrax que han ocurrido, en cuánto a saber qué falló, en cuánto a ser más sincero acerca de qué peligros existen y que peligros no existen a partir de lo que pasó el 11 de septiembre.

Trabajadores descontaminan objetos cerca del Capitolio
"Mucho de lo que ha pasado se debe al miedo a futuros atentados".
Concentrarse en eso y dejar la ruta diplomática para un plan de acción de más largo alcance para tratar de encontrar una solución pacífica.

Aunque se ha pintado la acción militar como algo inevitable, yo creo que hubiera sido posible que el líder de nuestro país se hubiera enfrentado a la población y haberle dicho: "Este es un problema difícil, tenemos que concentrarnos en la defensa de nuestra población, tenemos que pensar en cómo enfrentar el terrorismo pero no podemos prometer resultados inmediatos, queremos concentrarnos en proteger a nuestros ciudadanos".

Eso hubiera sido aceptable, porque yo creo que parte de lo que ha motivado a las personas es el miedo, el miedo a más atentados en los que más personas pierdan la vida.

-En este último mes se ha usado mucho la palabra Justicia. Incluso el primer nombre de la operación militar era "Justicia Infinita". Como una de las personas más interesadas en alcanzar esta Justicia, ¿qué sería para usted un final justo?

-Con mi hijo, mi hija y mi esposa nosotros hablábamos muy a menudo de cuestiones sociales. Y una de las cosas que conversábamos era qué acción requeriríamos en el supuesto que uno de nosotros muriera en un asesinato y el asesino fuera encontrado y encauzado.

Refugiados afganos
Para Rodríguez, evitar más sufrimiento reivindicaría en cierto sentido la muerte de su hijo.
Y entonces nosotros teorizábamos que nos oponíamos a la pena de muerte, que eso no sería Justicia. Justicia sería un proceso legal donde la persona tuviera derecho a ser representada, y en caso de ser encontrada culpable, que fuera sentenciada a cadena perpetua no a la pena de muerte. Y eso por razones éticas.

A mí me parece que para mi esposa, para mi hija y para mí, no hay ninguna diferencia en lo que le pasó a mi hijo en este atentado con el supuesto de que alguien lo hubiera matado por cuestiones individuales y no políticas. ¿Cómo traducimos eso entonces al caso de este grupo político?.

Para mí la Justicia tendría que plantearse en este caso que esto es un crimen internacional y no nacional. Al igual que en el caso de Milosevic, que no cometió crímenes contra una determinada población sino un crimen internacional, los responsables deberían ser juzgados por una comisión internacional con poderes jurídicos basados en los acuerdos de los diferentes países involucrados.

-Usted hacía referencia a sus conversaciones con su hijo. Por la carta y los artículos periodísticos que uno puede leer acerca de su relación con Gregory, se vislumbra que muchas de las experiencias de su hijo, sus viajes, sus deseos de conocer gente de otros países, están en el texto que usted dirigió al presidente. ¿Qué lo llevó a escribir esa carta y qué cosas de Gregory hay en esa palabras?

-Lo que nos llevó a escribir esa carta era el sentimiento de que nuestro gobierno estaba tomando una ruta que no era aceptable para nosotros y que los únicos recursos que teníamos nosotros a nuestra mano eran el poder de dirigirnos a nuestros dirigentes y a la prensa.

Así lo hicimos, con la esperanza de que haciendo esto se pudieran comunicar nuestras ideas a otras personas. En cierto sentido es lo que ha ocurrido: esa carta ha pasado por internet hemos recibido muchas llamadas, con la posibilidad de que más tarde se pueda conformar un movimiento político que pueda influenciar en la política de Estados Unidos.


Lo que estamos haciendo, aun dentro de esta tristeza profunda que sentimos, nos da cierta esperanza de que podemos contribuir a prevenir que otros muchachos como mi hijo, en otros países, pierdan la vida.

Lo mismo que pasó en Vietnam, donde poco a poco la gente reconoció que había un gran problema y que había que actuar, en una forma democrática, influenciando a sus representantes.

Nosotros sabíamos también que eso estaba en la mentalidad de nuestro hijo y en la forma en que él veía las cosas. Gregory tenía una visión muy amplia sobre la falta de diferencias entre pueblos y de la básica humanidad que comparten todas las personas de este planeta.

-Su mujer Phyllis decía en un artículo periodístico que sería interesante que la opinión pública de su país reflexionara acerca de las causas de lo ocurrido el 11 de septiembre, y por qué hay grupos o países que odian tanto a Estados Unidos cómo para llegar a cometer esos atentados. ¿Usted cree que en este mes y medio ha habido tiempo para esa reflexión o el miedo ha llevado al odio liso y llano?

-Yo creo que ha empezado ese proceso. Lo único es que es un proceso muy difuso de personas aquí o allá que no tienen acceso a personas que piensan igual.

Para ser sincero, es un nuevo juego para nosotros los estadounidenses que hemos tenido una experiencia muy limitada con este tipo de terrorismo.

Cementerio en Irlanda del Norte
"Es importante aprender los procesos políticos llevados a cabo en otros países".
No sabemos cómo el pueblo inglés y el pueblo irlandés reaccionaron y cómo intentaron forjar un programa de la paz en la lucha contra terroristas católicos y protestantes. No sabemos como el gobierno español y el pueblo vasco han logrado alguna que otra victoria en la lucha contra el terrorismo.

Nosotros somos completamente ignorantes de este tipo de proceso político y yo creo que es muy importante para nuestra supervivencia como nación, comenzar a aprender sobre cómo en otros países los ciudadanos comunes empezaron a reflexionar sobre las quejas de individuos que nutrían el terrorismo.

Yo creo que para nosotros es muy importante reflexionar sobre eso y no actuar de una manera automática dominada completamente por el odio o la fiebre de venganza o el temor.

-Señor Rodríguez, yo no he sufrido grandes pérdidas como la que ha sufrido usted pero siempre que pierdo a alguien mi primera reacción es de furia. Imagino que usted ha pasado por este proceso pero luego logró, por ejemplo, escribir esa carta. La pregunta es ¿cómo se hace para superar el odio y pensar un poco más allá?

-Lo único que le puedo decir es que por mi condición de criminólogo, yo sabía de antemano que muchas personas que han perdido seres queridos por asesinatos no tienen ningún alivio cuando se ejecuta la pena de muerte.

Mi mujer y yo sabíamos bastante al respecto como para reflexionar sobre eso y tener la idea de que quizás con furia u odio, aunque nos hubiera dado una satisfacción temporaria, dentro de cinco años no hubiéramos sentido gran satisfacción.

Mientras lo que estamos haciendo, aún dentro de esta tristeza profunda que sentimos, nos da cierta esperanza de que podemos contribuir a prevenir que otros muchachos como mi hijo, en otros países, pierdan la vida.

Nosotros tenemos esa esperanza de que algún muchacho no va a morir debido a una reacción odiosa por parte de nuestro gobierno. En cierto sentido, yo creo que eso reivindicaría la vida de mi hijo.


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