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Viernes, 12 de octubre de 2001 - 13:26 GMT
Un idealista hasta el fin
![]() Alfred Nobel, químico, inventor, filántropo, poeta y escritor frustrado.
En diciembre de 1896, dos jóvenes ingenieros suecos se llevaron la sorpresa de su vida al abrir el testamento de su admirado Alfred Nobel, quien los dejó a cargo de emplear la mayor parte de su fortuna con el fin de crear una entidad para celebrar el avance de la humanidad.
Siguiendo las instrucciones del maestro, Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist dieron vida a la Fundación Nobel, que estableció premios anuales por los méritos alcanzados en física, química, medicina y fisiología, literatura y paz mundial, a los que en 1968 se les sumó la economía. La historia Alfred Nobel, un idealista a fuer de realista, comenzó el 21 de octubre de 1933 en la austera capital sueca, Estocolmo, en el seno de una distinguida e histórica familia de ingenieros. Alfred descendía directamente del destacado inventor sueco Olof Rudbeck, cuyo nombre está íntimamente ligado a la gran potencia militar que representaba su país en la Escandinavia del Siglo 17. Armas para el zar Su padre, el ingeniero e inventor Immanuel Nobel, diseñó y construyó edificios y puentes en Estocolmo. Su trabajo le permitió experimentar con técnicas explosivas que llevaría a otros países y que después retomaría su hijo. Su madre, Andrietta Ahlsell, provenía de una familia acomodada. Sin embargo, una serie de perdidas económicas ocurridas el mismo año del nacimiento de Alfred, llevaron a los Nobel a la quiebra.
Alfred, al igual que sus hermanos, recibió una excelente educación académica en Rusia. Siendo un introvertido joven de 17 años, el futuro inventor de la dinamita hablaba sueco, francés, inglés y alemán, y mostraba un gran interés en la literatura y poesía inglesas. Cientos de patentes Alfred trabajó con su padre en la fabricación de explosivos y mecanismos explosivos, como las minas navales y torpedos que enfrentaron al poderío naval británico a mediados del Siglo 19, durante la Guerra de Crimea.
Dos años después, en una fábrica familiar, Alfred Nobel desarrolló un método que permitía manipular con seguridad el inestable explosivo líquido. Para reducir su volatilidad, Nobel mezcló nitroglicerina con un material poroso absobente, creando así la dinamita y dando inicio a una nueva era en la construcción y en la destrucción. En poco tiempo, el ya famoso inventor sueco fundó empresas y laboratorios en más de 20 países, haciendo uso de las más de 350 patentes acreditadas a su genio. Ocaso tormentoso Al mismo tiempo, Nobel desarrolló su gran interés en la literatura, escribiendo poesía y obras dramáticas; incluso, en algún momento consideró seriamente dedicar su vida la pluma. Nobel siempre mostró un gran interés por la promoción de la paz y el entendimiento humano. Se dice que, en el ocaso de sus días, le atormentaba la idea de la muerte y destrucción que la aplicación de sus inventos generaba a su paso. Por eso, el 27 de noviembre de 1895, casi un año antes de su muerte, Alfred Nobel firmó su testamento final legando casi toda su fortuna personal para establecer la Fundación Nobel. Nobel murió el 10 de diciembre de 1896 en su casa de San Remo, Italia, habiendo sentado las bases para lo que se convertiría en el premio internacional más prestigioso en pro del avance del hombre. |
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