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Lunes, 08 de octubre de 2001 - 22:52 GMT
Temor y seguridad extrema en EE.UU.
![]() Soldados estadounidenses se preparan para misiones de seguridad dentro de su país.
Escribe el corresponsal de la BBC en Washington, Javier Lizarzaburu.
Estos días fue extraño ver la reacción de la gente a las noticias. Acostumbrado como latino a que en situaciones de este tipo la gente interactúe, haga comentarios o use el cuerpo para comunicar, ver de pronto a este otro grupo como petrificado, por alguna razón me entristeció un poco. Pero primero veamos las reacciones. El domingo por la mañana estaba en un café del barrio de Queen Anne en Seattle, participando de una de las instituciones dominicales de este país, el brunch, cuando se empezó a transmitir el video de Osama Bin Laden. Dan, mi compañero, me dijo que algo pasaba en la televisión porque la gente había dejado de comer y de hablar para mirar al aparato. Al voltearme, mis ojos empezaron a moverse como un péndulo: de las imágenes del saudita a las de esas figuras detenidas en el tiempo y viceversa.
Y de nuevo se hizo un silencio. Probablemente no la calma. Pero todos abandonaron sus quehaceres y la escena se congeló. Lo que pasó por sus cabezas en esos momentos tiene que haber sido como las imágenes que veíamos de los ataques en Afganistán: una mezcla de disparos de luz en medio de la total oscuridad. Pero antes decía que presenciar esto me entristeció de alguna manera. Y sin ningún interés en abundar en reflexiones existencialistas, sólo diré que a algún nivel, algo dentro mío me decía que por lo menos cuando "mi gente" reacciona con comentarios, gritos, conversaciones o lo que sea, está compartiendo su experiencia. Si esto lo hace menos doloroso no lo sé. Pero la gente que yo vi seguramente que se hacía sus propias preguntas y se daba sus propias respuestas. Quizá es una manera de impedir que cunda el pánico. Podría ser. Y quizás ahí mi tristeza se convertiría en admiración. Y es que el inicio de los ataques militares en Afganistán, llegaron en momentos en que agentes de inteligencia de este país habían hablado de "un cien por ciento de probabilidades" (sic) de un ataque en territorio estadounidense.
Páginas de páginas, horas de horas de transmisión para decir lo mismo: no lo sabemos. Más aún, cuando le preguntaron a la primera dama, Laura Bush, si ella cree que las familias debían tomar precauciones, ella dijo que su familia no lo estaba haciendo, que no lo creía necesario. Entretanto varias ciudades han informado del desabastecimiento de máscaras de gas. Centros comerciales han registrado inusuales alzas en la venta de botellas de agua y alimentados enlatados. A los estadounidenses nadie les ha dicho que tomen este tipo de precauciones... todavía. Se les ha dicho que estén alertas, que ayuden a las autoridades en todo lo que puedan y que no tengan miedo. "Salgan a las calles, hagan su vida normal" es el mensaje paralelo que se da estos días. ¿Cómo hacer para integrar esos dos mensajes? Quizá a esto se referían las autoridades cuando decían que había que acostumbrarse a un nuevo tipo de normalidad. Cuando le pregunté a Dan si él no estaba preocupado me contestó: "Sí lo estoy, pero qué vamos a hacer, ¿dejar de vivir?". |
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