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Domingo, 16 de septiembre de 2001 - 01:42 GMT
Guerra sin guerra
Pentágono
Uno de los cinco lados del Pentágono se incendió tras el ataque.
Escribe el corresponsal de la BBC en Washington, Tom Carver

Es martes 11 de septiembre y estoy parado en un techo mirando al Pentágono arder. Sin embargo, no siento miedo, pues ésta no es una guerra como cualquiera de las que conozco.

Ésta es una guerra sin guerra. Una batalla sin ejército. Muerte sin una tropa invasora.

Auto en llamas en el Pentágono
Todo lo que podían hacer los presentes era observar.
El misil fue uno de los aviones de pasajeros estadounidenses, que literalmente se tornó en su contra. Civiles fueron lanzados contra agentes de la bolsa u oficinistas militares que trabajaban tras sus escritorios.

¿Cómo hubiera podido el escudo contra misiles de Bush prevenir esto?

Como dice el mismo George Bush, ésta es la primera guerra del siglo XXI.

Ninguna frontera se violó. No hay tropas enemigas en las calles. Esta ciudad que ha sido mi hogar durante los últimos cuatro años se ve como siempre -un mosaico de árboles verdes y frío mármol blanco.

Todo está de pie, menos una parte del Pentágono -el edificio de oficinas más seguro del mundo, que ahora está en ruinas.

El valiente nuevo mundo

¡Qué poco preparado me siento para lidiar con este nuevo mundo!

Se parece a la escena de esa extraña novela rusa, El Amo y Margarita, en que el diablo visita La Tierra, revirtiendo una parte de la vida. Todo lo demás lo deja intacto, aflojando astutamente los lazos que nos unen a lo que es normal.

Me quedo mirando al impecable helicóptero presidencial aparecer en el dorado cielo azul y aterrizar en el jardín de la Casa Blanca, justo enfrente mío. Todo parece normal.


Estados Unidos está en guerra contra el terrorismo. Ésta será la guerra que definirá a Bush: será su mejor momento, o su Vietnam

Pero a mi lado, el camarógrafo está leyendo el Washington Post de hoy, repleto de noticias de ayer, con titulares sobre la seguridad social y béisbol. El pasado parece irrelevante.

Cuando eventualmente llego a casa esa noche, estoy demasiado cansado para dormir. Katty, mi esposa, y yo nos sentamos en el jardín. En la oscuridad, aviones militares vuelan hacia destinos secretos.

Se siente como si el mundo estuviera cambiando. La calle principal en nuestro suburbio está llena de policías militares.

Nuestra empleada doméstica nos dice que cuando recogió a mi hijastro de la escuela al mediodía sólo habían otros tres niños sentados en el salón de clases. Todos sus compañeros habían sido recogidos por sus ansiosos padres, temerosos de la llegada del Armagedón.

La gran prueba de Bush

Así que ahora, Estados Unidos está en guerra contra el terrorismo. Ésta es la guerra que definirá a Bush: será su mejor momento o su Vietnam -es demasiado pronto para juzgar.

George W. Bush
Bush enfrenta su más dura prueba.
Lo que sí he notado es un resplandor en los ojos del Pentágono. Si yo fuera Bush, eso me preocuparía. Paul Wolfowitz, el vicesecretario de Defensa, estaba casi relamiéndose cuando el Congreso prometió US$20.000 millones para pelear esta guerra.

Y eso, dijo Wolfowitz con el pecho inflado, es apenas el primer deposito.

Los guerreros, que han estado paseándose por los corredores del Pentágono como intranquilos fantasmas desde el fin de la guerra fría, han encontrado su nuevo papel.

Y, por supuesto, esta vez es personal. El Pentágono mismo fue atacado y los guerreros claman venganza.

Pero si Viet Cong les pareció un enemigo esquivo, no saben lo que les espera.


Una guerra exitosa necesita un principio, un desarrollo y un final. En ésta guerra no habrán blancos en los cuales concentrarse, no habrá territorios que ocupar, ni enemigos que saldrán al final agitando una bandera blancal

Una guerra exitosa necesita un principio, un desarrollo y un final. En ésta guerra no habrán blancos en los cuales concentrarse, no habrá territorios que ocupar, ni enemigos que saldrán al final agitando una bandera blanca.

Uno de los más sabios en el Pentágono dijo: "Entiendo que no podemos extinguir el fanatismo religioso con misiles", pero temo que otros están planeando tratar.

El espíritu americano

Es fácil reírse de los estadounidenses, de su torpeza y de su ignorancia respecto al mundo exterior.

Pero si los terroristas pensaron que de alguna manera debilitarían el espíritu americano, que todo lo que necesitaban era asesinar unos ciudadanos para que se desplomara el corrupto hogar del capitalismo, estaban tan equivocados como los guerreros del Pentágono.

Pentágono
El símbolo del poder militar estadounidense en llamas.
Esta crisis no llevó a los estadounidenses a poner en duda su identidad o a sentirse ansiosos por quienes son, como sospecho le habría pasado a los británicos.

Tampoco se han desbocado en orgías de odio xenofóbico contra los árabes. En vez de eso, han continuado calmada y animadamente.

Los estadounidenses no están interesados en la conquista y no sienten la necesidad de justificarse frente a nadie.

En su respuesta a esta crisis, he visto la capacidad de recuperación y la tolerancia de esta amplia sociedad, y la fortaleza y bondad de su inocencia.


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