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Escribe: Javier Lizarzaburu.
  Noticias
Miércoles, 12 de septiembre de 2001 - 22:50 GMT
Una nación en busca de respuestas
Banderas a media asta en Nueva York.
Quizás ese proceso de entender los hechos tomará su tiempo.
Escribe desde Washington el corresponsal de la BBC, Javier Lizarzaburu.

La sucesión de eventos fue rápida. La primera noticia de que un avión se había estrellado contra una de las torres fue tomada por la mayoría como un accidente. Uno terrible, por cierto, pero la ayuda llegaría en breve y se hallaría una solución.

La segunda noticia confirmó un panorama que sólo formaba parte de la especulación, los temores o hasta las bromas: se trataba de un atentado.

Y posiblemente en ese lapso, de menos de una hora, para muchos también quedó destruida su sensación de seguridad, invencibilidad o invulnerabilidad.

Al hablar con una persona en una de las calles de esta ciudad, me decía que "no lo puedo entender; es como querer explicarme el origen del universo; no me da el cerebro".

Los neoyorquinos hacen fila para donar sangre.
La tragedia atravesó la psique de la nación.
Y quizás ese proceso de entender los hechos y cómo la ayuda no llegó a tiempo, tomará su tiempo.

Para algunos amigos y colegas, la frustración y la rabia eran evidentes. No era sólo un dolor por las pérdidas humanas, sino también porque su país había sido atacado.

Quizá la mejor manera de entender la dimensión personal de estos atentados la dio el secretario de estado, Colin Powell, cuando señaló que "una terrible tragedia ha caído sobre mi nación".

En un país acostumbrado a ver la política y las complicaciones de la política con distancia, el hecho de personalizarlo de esa manera daba una idea de cómo la tragedia había atravesado la psique de una nación.

Y si bien la mayoría de los estadounidenses parecen estar unidos en querer una respuesta militar rápida, ésta no es la única opinión.

Una señora me dijo, cuando iba en camino a la Universidad de Georgetown, que "esto pasa por atacar gente inocente en Irak".

Más de una persona reflexionó sobre el futuro. "¿Qué va a pasar mañana? ¿Qué le espera a mi hijo?". Estos comentarios, que en otros países son comunes, acá eran casi inexistentes.

Y es que de pronto las imágenes de la televisión se convirtieron en un arma potente.

Ver el repentino derrumbe de las torres, símbolo de la destreza económica, del poder industrial e innovador de este país; ver el Pentágono en llamas, hasta entonces una fortaleza invencible y símbolo del poderío militar. Ver esto posiblemente causó otro nivel de daños, más internos y personales.

Los analistas repetían la misma idea: no sólo que Estados Unidos nunca había sido agredido de esta manera, sino que nunca se había visto obligado a reaccionar a esta escala, frente a un enemigo que por ahora no tiene rostro.

Y varios de ellos empezaron a temer por las consecuencias a nivel nacional. Un conocido comentarista de la televisión, Chris Matthews, dijo que "tendremos que acostumbrarnos a vivir con menos libertades, con más seguridad militar".

Periódicos neoyorquinos.
Muchos de los diarios locales piden una respuesta militar.
Hoy los diarios hacían eco de la desesperación, de los temores, de las dudas. Tanto el New York Times como el Washington Post ampliaron sus páginas editoriales, donde casi todos los columnistas coincidían en la necesidad de una respuesta militar.

Más aún, el editorial central del Washington Post decía que "con sobriedad y determinación, la nación debe prepararse para luchar su primera guerra del nuevo siglo".

Para luego decir que "los estadounidenses tendrán que hacer los sacrificios que requiere un estado de guerra", como aceptar un fuerte nivel de restricciones en los espacios públicos.

Por ahora resulta claro que para la Casa Blanca y el Pentágono es casi imposible definir una línea clara de respuesta. Las autoridades han declarado que no limitarán gastos ni esfuerzos hasta dar con el o los responsables.

Pero es cierto también que habrá que elaborar una manera de enfrentar a un enemigo que, como dicen, ha declarado la guerra, pero que no tiene fronteras o un territorio determinado sobre el cual lanzar un ataque de respuesta.


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