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Domingo, 10 de junio de 2001 - 18:29 GMT
Semblanza de Timothy McVeigh
Edificio Alfred Murrah tras el atentado
El atentado dejó un saldo de 168 muertos y cientos de heridos.
Timothy McVeigh nació en 1968 y creció en una comunidad rural y conservadora en Pendleton, en el estado de Nueva York, cerca del centro industrial de Buffalo.

Su padre, Bill, al igual que su abuelo, trabajó en una fábrica de radiadores de la General Motors. William McVeigh era un padre consciente de su deber como cabeza de familia y como tal proveía el sustento de su familia pero se mantenía distante de sus tres hijos y esposa.

Cuando McVeigh tenía 10 años, su madre, Mildred, apodada "Mickey", abandonó el hogar.

McVeigh dijo alguna vez que mientras sus hermanas, que en aquel momento tenían 12 y cuatro años, se fueron a vivir con su madre a la Florida, él decidió quedarse con su padre "para que no se sintiera solo".

McVeigh era inteligente, no el mejor de su clase, pero se le consideraba un buen alumno.

Sus compañeros de escuela lo recuerdan como un muchacho tímido y delgado que no se reunía con los otros alumnos. Al parecer sólo tuvo una novia durante sus años en la escuela secundaria.

Durante 75 horas de entrevista con los periodistas Lou Michael y Dan Herbeck, que escribieron un libro sobre él, McVeigh confesó que siempre decía las cosas que no debía a las mujeres a las que trataba de caer bien.

Timothy McVeigh
McVeigh era considerado un "soldado perfecto".

En 1986 terminó la escuela secundaria y poco después abandonó sus estudios universitarios.

Vida laboral

Eran tiempos de recesión económica, la fábrica de radiadores no contrataba a nadie y McVeigh comenzó a hacer trabajos mal pagados. Por entonces trabajó en una hamburguesería y como guardia de seguridad en Buffalo.

McVeigh coleccionaba armas desde que estaba en la escuela y después de que abandonó sus estudios, leía vorazmente revistas de extrema derecha como Soldado de Fortuna y Spotlight.


Imitando la política exterior de Estados Unidos, decidí enviarle un mensaje a un gobierno que se hacía cada vez más hostil, destruyendo con una bomba un edificio de ese gobierno, donde estaban empleados que lo representaban

Timothy McVeigh
De mayor influencia fueron "Los Diarios de Turner", una novela racista y antisemita sobre un hombre que colecciona armas y reacciona contra leyes que hacen más estricta su posesión.

El protagonista de la novela comienza una revolución llenando una camioneta de explosivos que hace estallar en la sede del FBI, el Buró Federal de Investigaciones, en Washington.

McVeigh simpatizaba con el movimiento de milicias, que sostienen que los estadounidenses están bajo la amenaza inminente de ataque, ya sea por una guerra nuclear, los comunistas o el gobierno federal.

Por consiguiente, comenzó a acumular alimentos, agua y armas. En 1988, él y uno de sus amigos compraron unas cuatro hectáreas de bosque donde practicaron tiro y planeaban construir un búnker.

El "soldado perfecto"

A los 20 años McVeigh ingresó en el ejército. Una de las razones de su decisión fue, según los periodistas Michael y Herbeck, mejorar su puntería y capacidad de supervivencia.

Sus compañeros decían que era cortés, eficiente y un destacado tirador. Mantenía un uniforme de reserva para lucir impecable en las inspecciones y mostraba más interés en la limpieza de sus armas que en las chicas o la cerveza.

En 1992 lo enviaron como artillero al Golfo donde se ganó el elogio y el respeto de quienes lo rodeaban. Por su desempeño, McVeigh obtuvo dos condecoraciones: la Insignia de Combate de la Infantería y la Estrella de Bronce.

McVeigh recibió elogios por dar muerte a un oficial iraquí, que se encontraba a más de un kilómetro y medio de distancia, disparándole con su arma favorita, un cañón pequeño.

En su libro sobre McVeigh, los periodistas Michael y Herbeck, afirman que éste se mostró satisfecho de acertar el blanco, pero añaden que el acto de matar no le causó ninguna emoción.

McVeigh admitió que mató a dos iraquíes. Sin embargo, estaba disgustado por lo que consideraba como muertes innecesarias de iraquíes al final de la Guerra del Golfo.

El ejército, decía, lo enseñó a no tener emociones.

A su regreso McVeigh intentó ingresar en los Boinas Verdes. Tomó pruebas de coeficiente de inteligencia, personalidad y aptitud pero, debido a su falta de ejercicios en el Golfo, halló demasiado riguroso el campamento de entrenamiento y se fue a los dos días de llegar.

Desilusionado, volvió a su unidad del ejército regular, pero poco tiempo después pidió la baja y regresó a la casa de su padre.

McVeigh comenzó a hacer trabajos mal remunerados y asistió a exposiciones de armamento en todo el país. Incluso, hizo dinero con la venta de armas en ferias.

En ellas, seguramente entró en contacto con organizaciones y milicias racistas que se oponen al gobierno.

¿Motivos?

A McVeigh lo afectó la catástrofe de Ruby Ridge en 1992, cuando agentes del gobierno dieron muerte a la esposa de Randy Weaver, un ferviente partidario de la teoría de la supervivencia, y a su hijo de 14 años en un tiroteo.

Sin embargo, el asalto de la sede del culto davidiano en Waco al año siguiente fue lo que lo motivó a actuar.

McVeigh viajó hasta Waco para ver el lugar por sí mismo y se sintió horrorizado cuando los militares enviados por el gobierno federal lanzaron gases lacrimógenos. Un incendio consumió el edificio.

Sede del culto davidiano en Waco.
McVeigh no perdonaba el incidente de Waco.

Cuando esperaba su ejecución, McVeigh pidió a un amigo que enviara a un diario de Londres una carta de tres páginas donde dice porqué llevó a cabo el atentado de Oklahoma en 1995.

En la carta, que encabezó: "Porqué puse la bomba en el edificio Murrah", McVeigh afirmó que perdió la paciencia esperando que el gobierno se disculpara por lo que pasó en Waco.

"Tomé la decisión de ir a la ofensiva para poner fin al abuso del poder por parte del gobierno", señaló. McVeigh añadió: "imitando la política exterior de Estados Unidos, decidí enviarle un mensaje a un gobierno que se hacía cada vez más hostil, destruyendo con una bomba un edificio de ese gobierno donde estaban empleados que lo representaban".

El fin

McVeigh estuvo siempre consciente del interés que generó su caso. Intercambió correos electrónicos con periodistas e invitó personalmente a su ejecución al escritor Gore Vidal.

McVeigh siempre insistió en que él sólo organizó y llevó a cabo el atentado, aunque su amigo Michael Fortier fue con él a explorar el lugar y otro de ellos, Terry Nichols, lo ayudó a hacer los explosivos con combustible y fertilizantes.

En el proceso judicial, McVeigh se reveló como inteligente y sin problemas mentales. Aunque no se arrepintió del atentado, en las últimas horas antes de su ejecución este lunes, expresó su pesar por la muerte de 168 personas, entre ellas 19 niños.

Después de examinarlo en la cárcel de Terre Haute, en Indiana, el siquiatra John Smith, concluyó que el recluso 12076-064 era una persona decente que se llenó de rabia a tal punto que cometió este acto violento y terrible.

Según sus abogados, las últimas palabras de McVeigh antes de su ejecución incluyen unos versos de un poeta inglés del siglo XIX.

Se trata del poema "Invictus", del escritor y crítico William Ernest Henley, que finaliza así:

"No importa cuán angosta sea la puerta

Ni cuán lleno de castigos esté el pergamino

Yo soy el dueño de mi destino:

Yo soy el capitán de mi alma".


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