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Sábado, 12 de mayo de 2001 - 23:46 GMT
Tratando de entender a McVeigh
![]() McVeigh admitió haber colocado la bomba en 1995.
Por Robin Aitken en Oklahoma City
El reverendo Richard Lunsford es, según sus propias palabras, un pájaro raro. Este ministro bautista sureño lidera su rebaño en la iglesia de Crossroads (Cruce de caminos), en Oklahoma City. El área es conocida como "el cruce de caminos de Estados Unidos", y está cerca del centro geográfico del país. Es también el "corazón de Estados Unidos", ese mítico lugar, depositario de los valores y las aspiraciones estadounidenses. No es, entonces, territorio natural para un rebelde. Pero es aquí donde el reverendo Lundsford está desafiando a la ortodoxia. Él cree que la pena de muerte es profundamente anti cristiana y eso lo señala dentro de una iglesia que apoya de manera entusiasta las ejecuciones.
Al final del servicio religioso al que asisto, una mujer de edad, elegantemente vestida, viene hasta mí y me susurra "yo aprecio a Richard, pero no estoy de acuerdo con él". Y claro, Oklahoma es difícilmente terreno fértil para aquellos que desean suspender los ajusticiamientos. El índice de ejecuciones en este estado es el mayor, per cápita, en todo EE.UU.: once personas en lo que va corrido del año. Cambio de postura Posiblemente eso es entendible: fue aquí que Timothy McVeigh puso la bomba que dio muerte a 168 personas y destruyó el Edificio Federal. Su acto ha persuadido incluso a férreos opositores de la pena capital a cambiar de posición. Personas como el abogado defensor de los derechos civiles Norman Giselle, quien ha dedicado buena parte de su vida a combatir grupos racistas. Yo me reuní con él en Idaho, en lo que eran los cuarteles de la Nación Aria, hasta que él se los arrebató judicialmente.
Eso lo parecen corroborar las más recientes encuestas de opinión, que sugieren que el 80% de los estadounidenses piensan que McVeigh debe morir. Y para Norman Gissell, aunque hasta ahora ha luchado contra la pena de muerte, Timothy McVeigh ha perdido su esencia como ser humano. Naciones Arias A pocas millas de allí está la casa de otro reverendo, Richard Butler, quien fuera la cabeza del complejo que albergaba las Naciones Arias. En su modesta casa nos sentamos y conversamos, mientras que su perro, un pastor alemán llamado "Nazi", juega con su mano -y ocasionalmente con la mía. El reverendo Butler, que pertenece a la Iglesia de Jesucristo Cristiano, cree que el gobierno de EE.UU. está determinado a exterminar la raza blanca. Aunque McVeigh no tuvo contacto con las Naciones Arias, Butler lo reclama con entusiasmo como uno de los suyos. Lo considera "un héroe de nuestra raza" y "un buen soldado que dio su vida". Mientras me alejo, luego de finalizar la entrevista, el señor Butler -que tiene más de 80 año - me hace un saludo nazi. ¿Cuál fue su motivo? Hasta ahora, nada de lo que he escuchado explica el enigma de McVeigh. Pero de regreso en Oklahoma City tengo una entrevista con el siquiatra llamado por la corte para examinar a McVeigh. El doctor John R Smith tiene cerca de 70 años. Es alguien profundamente humano que ha examinado a muchos acusados de asesinato.
McVeigh cree que el gobierno federal se convirtió en un matón por lo que ocurrió en Waco, Texas. Allí, el asalto de agentes federales contra una oscura secta, los Davidianos, dejo 80 personas muertas, entre ellas 20 niños. McVeigh también participó, con el ejército de EE.UU., en la Guerra del Golfo, donde combatió y mató iraquíes. Aquella experiencia, dice el Dr. Smith, pudo dejarlo con un síndrome postraumático mediano. El doctor Smith me dijo algo más: Tim -como lo llamó durante toda la entrevista- no es racista. Él cree que McVeigh quería ser conocido como un joven que dio un golpe por la libertad. El doctor agrega que entender no es condonar. Ciclo de violencia Finalmente, voy a Waco. Allí me encuentro con alguien cuyo nombre sólo resultará conocido para algunas personas de mediana edad o mayores: Ramsey Clark, el fiscal general de los Estados Unidos durante la presidencia de Lyndon B. Johnson.
Ramsey Clark, quien tiene unos 70 años, viajó a Waco para la ceremonia anual que conmemora a aquellos que murieron allí. En su opinión, los agentes federales que atacaron la iglesia cometieron un terrible error. Y dice que la acción generó una rabia tremenda en McVeigh. Más aún, considera que ejecutándolo, EE.UU., perpetuará el ciclo de violencia. No es un pensamiento muy reconfortante para aquellos que reflexionan sobre el legado de Timothy McVeigh. |
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