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Domingo, 18 de marzo de 2001 - 07:59 GMT
Triste adiós a Afganistán
![]() Kate Clark: le dieron 24 horas para dejar el país.
Escribe desde Kabul, la corresponsal de la BBC Kate Clark, recién expulsada de Afganistán por el gobierno del Talibán.
"Soy una refugiada de Afganistán", le digo a los guardias paquistaníes en la frontera. "No, usted es una distinguida periodista y nuestra invitada de honor", me responden. Además de las cálidas palabras, me dan té dulce. Le acabo de decir adiós a mi traductor y a mi chofer y todos tenemos que hacer grandes esfuerzos para no llorar.
Azam, el traductor, trabajó conmigo sólo dos meses. Es agudo e inteligente y está ansioso por aprender. Ahora lo espera un futuro incierto. Gran shock La naturaleza de la vida en Afganistán es impredecible. Siempre supe que en algún momento tendría que dejar el país e intenté no atarme demasiado. Aún así, la orden de expulsión fue un gran shock.
Dos horas después regresaba al mismo lugar, sólo para escuchar que era mejor que abandonara Afganistán por un tiempo. Reírse de las tragedias Si un afgano debe darte la noticia de que tu padre ha muerto, primero te dirá que está un poco enfermo.
Bromeé con los oficiales. Los afganos siempre se ríen de los desastres -los hace más fáciles de sobrellevar. 24 horas más tarde, dejé la oficina. No tuve tiempo de despedirme, dormir o reaccionar. Apenas lo justo para seguir con los reportajes, meter todo en un auto y salir hacia la frontera antes del anochecer. Trabajo duro Reportear en Afganistán puede ser el trabajo periodístico más duro del mundo. No lo sé; es mi primera destinación como corresponsal y, ciertamente, he agonizado con cada palabra que escribí.
Mis palabras son monitoreadas, analizadas y criticadas por las dos partes involucradas en la guerra, aunque al vivir en un área controlada por los Talibán, las mayores presiones provienen de ellos. Como el único corresponsal extranjero en el país, también sé que soy uno de los pocos canales de los afganos para comunicarse con el mundo exterior. Objeto de rabia He sido cuidadosa de que mi cobertura del Talibán, uno de los gobiernos más condenados y rechazados del mundo, sea justa. Pero más difícil que conseguir precisión o balance es el constante miedo de que mi trabajo cause daño a un entrevistado o fuente. Gracias a Dios, lo peor que el Talibán me puede hacer a mí, como extranjera, es expulsarme. De hecho, esta expulsión ha sido un gran shock, pero no una sorpresa.
Ahora, mi experiencia es que es difícil encontrar a un afgano que esté de acuerdo con la destrucción de los dos antiguos budas de Bamiyan. El Talibán tuvo que luchar contra la condena casi universal de la acción, pero mi reportaje diciendo que su propia gente no aprobaba la medida parece haber colmado su paciencia. Eso, sumado a la entrevista en que un profesor afgano-americano los llamó jaahil. El término es un insulto grave. Significa ignorante, refiriéndose a la clase de ignorancia que los musulmanes creen que reinaba en el mundo antes del advenimiento del islam. El Talibán estaba furioso y yo, obviamente, fui objeto de su rabia. Buda griego Muchos afganos me han dicho que la destrucción de los budas y el cierre de la oficina de la BBC son acciones similares. A pesar de la sequía, los duelos y la ruina en que está sumido el país, la mayoría de los afganos se sintieron realmente tocados por la destrucción de las colosales estatuas de Bamiyan. Eran símbolos de la nación, para muchos símbolos de un pasado más tolerante, cuando los gobernantes de Afganistán aceptaban la coexistencia de diferentes religiones y puntos de vista, donde las culturas se mezclaban a lo largo de las rutas comerciales y el propio Buda, un hombre del este, podía ser pintado en indumentarias griegas.
Para los afganos, la BBC es también una institución nacional. Puede sonar extraño, pero ellos parecen sentir que les pertenecemos. Cualquiera sea su pensamiento político, su procedencia étnica y su nivel de educación, escuchan la BBC. Yo sé que es principalmente porque en un país sin televisión o periódicos no tienen muchas opciones, pero igual es algo importante. El pequeño niño en un internado que me cuenta que compran pilas en secreto para escuchar la comedia de la BBC; la tímida sonrisa del soldado del Talibán cuando descubre que soy la corresponsal. Generosidad afgana La dureza de este trabajo ha sido siempre recompensada por la generosidad de los afganos. A pesar del poco tiempo transcurrido desde mi expulsión, la gente ya habla de la vergüenza que siente de que haya sido echada. "Eras nuestra invitada", dicen. Un amigo me escribió unas líneas de un poeta urdo: Habla, porque tus labios son libres, habla porque aún tienes lengua. Mira en la tienda del herrero, la llama es salvaje, el hierro está rojo, la boca de cada cerradura ha comenzado a abrirse. Sólo unos días más estamos obligados a permanecer en la sombra de la opresión. Después de que crucé la frontera hacia Pakistán, hablé con otro viejo amigo. "Ánimo, Kate", me dijo. "No te enojes tanto. Te convertirse de la noche a la mañana en un héroe para los afganos. Fue tremendamente tranquilizador. Mi compromiso con los afganos está intacto. Mi trabajo continuará desde Pakistán y espero regresar. |
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