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Sábado, 3 de enero de 2009 - 06:01 GMT
26.000 Km. por los indocumentados
Eric Lemus
Eric Lemus
San Salvador

Mario Castellón
Castellón viajó 26.000 kilómetros en total.
Mario Castellón pasa desapercibido en San Miguel, 138 kilómetros al este de la capital salvadoreña, pese a que hace una semana el ayuntamiento le concedió las "llaves de la ciudad" de forma honorífica por "su hazaña en el campo del ciclismo".

Eso no lo enorgullece.

En cambio, su rostro se ilumina cuando relata cómo logró pedalear desde El Salvador hasta los Estados Unidos y llevar un mensaje a lo largo de 35 estados de la Unión Americana por "una reforma migratoria justa".

Castellón es un salvadoreño que emigró ilegalmente a EE.UU. en 1997 a bordo de su bicicleta. Recorrió Guatemala, México y cruzó el río Grande antes de llegar a Texas.

Por eso conoce el sacrifico de los emigrantes en carne propia.

La primera bici

Veo en Dallas que empiezan a deportar y a hacer tantas cosas con centroamericanos y mexicanos y muchos niños llorando, y veo (en la televisión) a uno llorando y diciendo que nadie hablaba del dolor de ellos.
Mario Castellón
Ricardo, el hermano mayor de Mario, estaba enlistado en el ejército en los años ochenta, cuando la guerra civil asoló El Salvador.

"Recuerdo el último día que nos vimos, él estaba de licencia, salimos y me dijo que él no quería que yo fuera un soldado o un guerrillero, ni que yo matara a personas, ni dañara a nadie, sino que fuera un deportista", rememora ahora el ciclista.

Dos días después de aquel encuentro su hermano cayó en combate.

Una vez el ejército le dio la pensión a su madre, ella, sin saber de aquel deseo, compró una pequeña bicicleta para que Mario pudiera viajar a la carpintería donde trabajaba. Tenía 13 años y aquello marcó su vida.

Luego, ahorró hasta comprar una bicicleta de carrera y se convirtió en un corredor profesional. Pero durante un altibajo del ciclismo nacional, Castellón decidió emigrar a EE.UU., donde vivían sus hermanas.

Lo más práctico que se le ocurrió fue pedalear el camino.

La travesía

Mario Castellón
En San Miguel, su pueblo, pocos saben de su hazaña.
"Formé el viaje con US$20, un par de llantas de doblar, unos neumáticos y un rollo de bolsas plásticas grandes de basura", relata Castellón.

Durante el trayecto por Guatemala y México descubrió que la policía priorizaba el control de los autobuses.

"Me di cuenta que mi traje de ciclista era un disfraz y no podían descifrar si era emigrante o corredor de allí".

Así llegó a Matamoros donde un trailero le dibujó una ruta para cruzar el río, la que siguió al pie de la letra.

Con una mezcla de suerte y astucia, Mario aprovechó el cambio del personal de Migración al amanecer, infló las bolsas plásticas, donde colocó su bicicleta y cruzó.

Minutos después, siguió la ruta de la camioneta de la Patrulla Fronteriza hacia la autopista 77 de Texas.

En el camino, encontró un pelotón de ciclistas al cual se incorporó y pasó desapercibido frente a la policía hasta la ciudad de Victoria, Texas. Era el "día de acción de gracias".

El sueño

Mario Castellón
Castellón también estuvo indocumentado en Estados Unidos.
Residenciado en Texas, Mario reconectó con su pasión y compitió en varias carreras de modo que un entrenador estadounidense le hizo ver que tenía una cualidad: resistencia.

Aquel hombre lo instó a batir un récord Guinness.

El primer ensayo fue en 2004, cuando recorrió desde Managua a Dallas en 28 días. Después, en 2006 de Nicaragua a Toronto, Canadá, en cuatro meses.

Y ese mismo año, planeó batir el récord de resistencia en un circuito cerrado en el estadio de San Miguel.

Mario solamente pedaleó 19 horas y tres minutos sin poner un pie en el suelo debido a que ninguna autoridad deportiva le creyó.

Contrariado por la falta de apoyo en su país, decidió que no correría más y regresó a Texas.

Sin embargo, tras dos años de inactividad, algo lo sobresaltó.

"De repente veo en Dallas que empiezan a deportar y a hacer tantas cosas con centroamericanos y mexicanos y muchos niños llorando, y veo (en la televisión) a uno llorando y diciendo que nadie hablaba del dolor de ellos que nunca jamás iban a volver a ver a sus padres", reflexiona.

"En ese momento pensé: yo tengo a los medios de comunicación para pedir apoyo, así que renuncié a mi trabajo y saqué todos mis ahorros, y dispuse hacer este último recorrido en bicicleta desde El Salvador hasta Estados Unidos, llevando un mensaje, para que ya no desintegraran familias".

Después de recorrer más de cerca de 26.000 kilómetros durante seis meses, dormir a la intemperie, debajo de puentes, en desiertos, con frío y hambre, Mario está satisfecho porque considera que su esfuerzo sirvió para que el nuevo gobierno discuta la necesidad de una reforma migratoria.

Por ahora, junto a su hijo y esposa, no deja de soñar. Cuando radique en El Salvador, quiere promover el deporte infantil en San Miguel para que los niños no sucumban a las pandillas o las drogas.



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