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Martes, 27 de mayo de 2008 - 21:33 GMT
Puerto Rico, protagonista inesperado
José Baig
José Baig
Mundo USA

Barack Obama y Hillary Clinton
Puerto Rico se convirtió en un lugar clave para los candidatos demócratas.
Los puertorriqueños no votan en las elecciones presidenciales, pero la primaria demócrata de este domingo puede ser mucho más importante que la suma de los votos.

Están en juego 63 delegados, de los cuales 55 se van a repartir entre los dos candidatos según los resultados de la votación, y 8 son los llamados superdelegados, figuras y autoridades del partido que -en teoría- tienen libertad de decidir a quién respaldar.

Para la senadora Hillary Clinton ganar Puerto Rico significa agregar argumentos a su tesis de que, habiendo ganado los estados más importantes y el voto popular, ella debería ser la abanderada presidencial del partido.

Un resultado favorable en Puerto Rico significaría para Barack Obama acercarse un poco más a conseguir los delegados que le faltan para asegurar la nominación, además de mejorar su imagen entre los electores hispanos, a los que tanto necesita.

Para los 4 millones habitantes de la isla, el interés de los candidatos en conquistar su voto servirá para que vuelva a ponerse sobre el tapete el tema de si Puerto Rico debe incorporarse como el estado 51 de la Unión Americana, debe ser independiente o debe quedarse como estado libre asociado.

La votación de Puerto Rico, además, marca casi el final del ciclo de primarias en le partido demócrata. Después de ésta, sólo faltarían la de Dakota del Sur y Montana.

Un protagonismo inesperado

Multitud en Puerto Rico
Los candidatos tuvieron que "latinoamericanizar" sus campañas.
A pesar de no ser oficialmente un estado, Puerto Rico es reconocido como tal cuando se trata de los delegados que puede elegir en las elecciones primarias del partido demócrata.

Los delegados se asignan proporcionalmente según el resultado de los comicios. Si un candidato gana el 60 por ciento de los votos el domingo, tendrá 33 delegados respaldando su nombre en la Convención Nacional de agosto, cuando se designe oficialmente al candidato presidencial.

Casi toda la política puertorriqueña se mueve en torno a qué estatus deberían tener. Por un lado, están los que abogan porque la isla se incorpore oficialmente como un estado más de la Unión Americana. Por el otro, los que dicen que debería cortar su dependencia de Estados Unidos e independizarse.

Para tranquilizar los ánimos en la isla por al falta de definición de los políticos sobre este tema, en 1974 la dirección nacional demócrata decidió darle a Puerto Rico todos los delegados que le corresponderían si fuera un estado más del país.

En aquel momento se trató de un premio consuelo que no le quitaba el sueño a nadie. Pero en una campaña tan larga y sin fin previsible como esta elección demócrata, aquella decisión vienen a darle a Puerto Rico un protagonismo que nunca había tenido.

Caminatas y tumbacocos

Barack Obama
Con su campaña en Puerto Rico, Obama buscó acercarse más a los latinos.
Puerto Rico también ha significado un desafío para los candidatos y sus modalidades de campaña.

En las campañas tradicionales estadounidenses, los candidatos viajan a un determinado estado o región y allí participan en una serie de encuentros organizados de antemano con instituciones, organizaciones de la sociedad civil o grupos de seguidores.

En Puerto Rico, al igual que en otros lugares de América Latina, la campaña se hace en la calle, con el candidato recorriendo barriadas acompañado de sus seguidores, cargando bebés y abrazando viejitas. Es lo que en Puerto Rico se llaman las caminatas.

También según la tradición latinoamericana, las campañas tienen que tener música. Mientras más fuerte, mejor. Para eso se inventaron unos camiones cargados con unos equipos de sonido muy potentes que tocan música y anuncios del candidato a todo volumen.

En Puerto Rico y otros lugares del Caribe y América Central llaman a estos camiones "los tumbacocos" porque dicen que el sonido es tan fuerte que hace caer los cocos desde las palmeras.

Los votos de los puertorriqueños son tan importantes que tanto Barack Obama como Hillary Clinton han recurrido sin pudor a caminatas y tumbacocos para inclinar la balanza a su favor.

Autonomía y voto latino

Poster de Hillary Clinton
Si gana Puerto Rico, Clinton tendrá más argumentos para su tesis.
Pero además de adoptar los modos de la política local, Obama y Clinton tuvieron que meterse también en la política interna de la isla en su cacería de votos.

Los dos prometieron impulsar la "auto-determinación" de Puerto Rico, una ambigua promesa que esperanza tanto a los que abogan por la "estadidad" como a los que quieren la independencia. De hecho, tanto Obama como Clinton han recibido apoyo de políticos de los dos bandos.

Pero más allá de lo que vaya a pasar en la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, cuando Obama se pasea por el viejo San Juan o Hillary se toma una cerveza en el restaurant "Sabor Latino" tienen también la mirada puesta en los puertorriqueños que viven en el continente.

Los puertorriqueños de acá son tantos como los de allá, cuatro millones, y significan una fuerza electoral clave en lugares como Nueva York o el centro de la Florida.

Por eso importa tanto Puerto Rico. Por eso, como decíamos al principio, la elección de este domingo será más importante que la suma de los votos.



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