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Miércoles, 25 de febrero de 2009 - 22:39 GMT
Viña del Mar, "El Monstruo" cumple 50

Valeria Perasso
Valeria Perasso
BBC Mundo, Cono Sur

Joan Manuel Serrat en Viña del Mar
Serrat abrió la 50º edición del festival.
Han pasado 50 años y "El Monstruo" sigue marcando el ritmo del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

Así se apoda al público que, cada año, durante seis noches de verano, toma el anfiteatro de la Quinta Vergara, en el principal balneario chileno, para aplaudir a sus artistas, los locales y los "internacionales". O para abuchearlos sin piedad, y obligarlos incluso a una retirada anticipada y cabizbaja del escenario.

"El Monstruo le da al festival una identificación; es una audiencia que participa, exige, provoca a los conductores. Eso lo hace muy vertiginoso, pero también muy atractivo. Nadie puede saber de antemano cómo le va a ir a un artista", dice a BBC Mundo Paulo Ramírez, productor ejecutivo del festival.

"El Monstruo" y Viña del Mar escribieron juntos la historia de esta fiesta de la música, considerada la mayor en su tipo en América Latina, que en la edición 2009 está de festejos por las cinco décadas recorridas.

Es una audiencia que participa, exige, provoca a los conductores. Eso lo hace muy vertiginoso, pero también muy atractivo
Paulo Ramírez, productor ejecutivo

La alineación de este año ha llevado a Chile a Joan Manuel Serrat -el encargado de la apertura- y al colombiano Juanes -quien se llevó todos los galardones que entrega el público en la noche del martes-, además de Carlos Santana, Daddy Yankee y Simply Red, entre otros muchos grupos extranjeros y chilenos.

"La verdad que se esperaba que la lista fuera mucho más rutilante por el aniversario", revela Antonio Sandoval, editor de En Portada, un sitio chileno dedicado al espectáculo.

Muchos critican que el festival lleva al sur del continente a figuras que ya no están en el mejor momento de su carrera.

Lo cierto es que "El Monstruo", a priori, se ha mostrado complacido, y ya se agotaron ya las entradas para el cierre, a cargo del puertorriqueño Marc Anthony, quien vive una suerte de romance reciente con el público local.

¿Pasado de moda?

En sus orígenes, el festival tuvo esa impronta apacible que dan las ciudades de playa: fue concebido como una tradición veraniega, con un pequeño escenario al que los asistentes acercaban sus propias sillas.

Juanes en el Festival de Viña del Mar
Juanes conquistó al "Monstruo".
En sus primeros veinte años, el certamen se convirtió en una "marca" reconocida más allá de Chile, que ayudó a forjar más de una carrera de músicos y humoristas.

Antonio Vodanovic, animador histórico del evento, dijo alguna vez que para los aspirantes a conquistar el mercado hispano, Viña del Mar ha sido una suerte de "título de maestría".

Muchas canciones después, Viña se ha convertido en un monstruo mediático, que alcanza mediciones récord en los rankings televisivos y mueve millones de dólares en concepto de publicidad, auspicios, programas de TV asociados y, como no, turismo.

Es cierto que parece un festival del pasado de una ciudad balnearia, como San Remo o Benidorm, pero la vigencia se explica porque en Chile no tenemos muchas celebraciones
José Andrés Alvarado, El Mercurio

Pero, ¿cuál es el secreto del éxito de un festival de medio siglo, que vivió su hora de gloria en los años 70 y poco ha cambiado su formato?

"Es cierto que parece un festival del pasado de una ciudad balnearia, como San Remo o Benidorm, pero la vigencia se explica porque en Chile no tenemos muchas celebraciones", opina José Andrés Alvarado, subeditor de espectáculos de El Mercurio, que cubre el festival desde 1998.

A falta de carnaval, Viña convoca en los días de febrero, el mes en el que la mayoría de los veraneantes en la ciudad costera son chilenos.

"Atrae porque es una fiesta, independientemente de quién venga. De hecho, en Santiago no pasa nada en estos días: los artistas, los animadores, todos están en Viña, que se usa como plataforma para promocionar programas y teleseries", dice Sandoval a BBC Mundo.

Una fiesta

Otra de las claves parece ser la mezcla de géneros. Muchos critican que la fiesta de la canción carece de una identidad definida, y se regodea en mezclar el reggaetón con el folklore, y el pop que se consume por las radios con un humor eminentemente local.

Festival de Viña del Mar
Su origen fue modesto, pero Viña se convirtió en un gigante mediático.
Para los organizadores, sin embargo, esta heterogeneidad es una carta segura para atraer a la familia entera.

"El festival ha tenido capacidad de darle el gusto a todos, y ha sabido recoger siempre algunos fenómenos socio-artísticos, al incorporar desde la música tropical al ajé brasileño o el reggaetón, que quizás pueden considerarse géneros menores desde lo artístico, pero que convocan a grandes audiencias", detalla el productor Paulo Ramírez.

"Y las entradas son relativamente baratas para la cantidad de artistas que se pueden ver en una noche", agrega Alvarado.

Política y TV

Para Sandoval, el escenario de Viña ha sido más que una vidriera de la canción: ha dado espacio a expresiones sociales a tono con cada época.

Atrae porque es una fiesta, independientemente de quién venga
Antonio Sandoval, Portada

"También se ha usado de tribuna política: todos recuerdan cuando, en el festival de 1974, entró (el ex presidente militar Augusto) Pinochet y fue aplaudido cuando se anunció su nombre. Un artista cantó 'Libre' (de Nino Bravo) con Pinochet en la platea, y la canción quedó estigmatizada como una del régimen militar", relata el periodista de espectáculos.

El comienzo de los años 70 estuvo marcado por estas manifestaciones.

Así, la cantante sudafricana Miriam Makeba fue abucheada por el público más conservador al dedicar un tema al presidente Salvador Allende, y se presenciaron feroces competencias en los días de la politizada Nueva Canción Chilena.

Más tarde, el régimen pinochetista puso fin a la competencia folklórica.

¿Para rato?

Y luego llegó la televisión. Con una transmisión en simultáneo del canal estatal y un canal privado -que además es el responsable de armar la grilla del espectáculo- el festival de hoy es un producto para muchos millones de espectadores.

Grupo musical Camila sostiene banderas de Chile y México en Viña del Mar
Es una "marca" reconocida en toda Iberoamérica.
"Siempre existió un debate sobre si el festival es realmente un evento en vivo o un gran programa de televisión", revela Alvarado a BBC Mundo, y detalla que, en los últimos seis o siete años, el evento nutre de contenidos a los programas de farándula de la tarde.

Allí reside, quizás, parte de su renovada vigencia. En un espectáculo de receta probada y públicos siempre nuevos.

Viña es un show que va más allá del escenario: baja de las tablas a seducir a "El Monstruo", y se cuela luego en los hogares de muchos otros "monstruos" que también tienen voz, aunque no se escuchen sus aplausos y silbidos en la Quinta Vergara.

Con esa receta, dicen los expertos, puede haber Festival de la Canción para rato.



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