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Sábado, 31 de enero de 2009 - 14:15 GMT
Grace Jones, la reina incombustible
Rafael Estefania
Rafael Estefanía
BBC Mundo

Grace Jones. Fotografía: Rafael Estefanía
Primero los voy a tratar con cariño y luego voy a ser una chica mala
Grace Jones (en el concierto)

Cruzar la barrera de los sesenta años es para muchos una puerta abierta a la pensión, la artritis y a la vida pausada.

Sin embargo, para Grace Jones, la que fuera diva de las discotecas hace veinte años y quien cumplió sesenta años hace pocos meses, está es la edad perfecta para producir un nuevo disco y lanzarse a la carretera con la gira promocional de su nuevo álbum "Hurricane".

Desaparecida del panorama musical durante casi dos décadas, Grace Jones demostró en Londres por qué fue en uno de los grandes íconos de los años ochenta.

Embutida en un corsé de cuero negro, con una chaqueta de satén, las piernas descubiertas y encaramada en unos tacones de vértigo, Jones abrió el último concierto de su gira en la sala Round House londinense.

Viéndola moverse en el escenario exhibiendo el mismo estilo andrógino que la convirtió en musa de Andy Warhol, es fácil imaginarla acaparando miradas en el célebre Estudio 54 de Nueva York.

Referente musical

Una diva puntual no es una diva, pero el público compuesto por fanáticos de los ochenta y amplios contingentes de audiencia homosexual, para quien Jones es todo un símbolo, no parece reprocharle que aparezca en el escenario con hora y media de retraso.

De inmediato corean las canciones respondiendo entusiasmados a las provocaciones lanzadas por Jones desde el escenario: "Primero los voy a tratar con cariño y luego voy a ser una chica mala".

Grace Jones. Fotografía: Rafael Estefanía
El último álbum de Jones es "Hurricane".
"He venido desde San Francisco (EE.UU.) sólo para verla", me cuenta Kevin parado en primera fila a escasos metros del escenario. "Fue un referente musical en los ochenta y verla actuar de nuevo es recuperar el optimismo de aquella época", añade.

Al grito de: "¿Están preparados para el huracán?", Jones tensa los músculos y lanza una mirada desafiante.

Fue precisamente este cuerpo perfectamente definido y su aspecto felino el que le valió papeles en la gran pantalla como guerrera junto a Arnold Schwarzenegger en "Conan, el bárbaro" (1982) y más tarde como némesis de James Bond en "Panorama para matar" (1985).

Entre tema y tema, Grace Jones desaparece entre bambalinas y reaparece adornada con un nuevo conjunto cada vez: una mascara de gata, unos cuernos de diablo, sombreros extravagantes y accesorios que acentúan su poderosa presencia escénica.

"Mi amigo Piazzola"

"Me encanta Argentina", dice de pronto. "Allí es donde conocí a mi gran amigo Astor Piazzola". La música de un bandoneón anuncia "Libertango", una de las versiones más famosas de Grace Jones del tema compuesto por el maestro argentino.

Grace Jones. Fotografía: Rafael Estefanía
Dos constantes de Grace Jones: la teatralidad y la extravagancia.

A lo largo de la noche se alternan temas de su nuevo álbum con clásicos de su discográfica. Para su popular versión de "La Vie en rose", Jones, con una copa de vino en la mano se encarama a un poste giratorio mientras es "acariciada" por tiras de tela atadas a un ventilador gigante.

La teatralidad y la extravagancia de sus presentaciones la definen como artista al igual que su voz grave y lo anguloso de sus rasgos.

Después de casi dos horas de concierto, a Grace Jones no parece acabársele la energía. De su baúl de sorpresas saca un hula hop fluorescente y lo hace girar en su cintura a la vez que canta uno de sus grandes éxitos, "Slave to the rythm". "Solía ser la reina del hula hop, ¿saben?", le cuenta Jones al público.

Para los aquí presentes, Grace Jones, a sus incombustibles 60 años, sigue siendo también la reina de los escenarios.



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